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sábado, 13 de junio de 2015

Escándalo de la FIFA: un gol al chavismo. Por Fabio Rafael Fiallo


Fabio Rafael Fiallo / El Nacional

Al chavismo no han de faltarle motivos para inquietarse por el escándalo de corrupción que sacude a la Federación Internacional de Fútbol Asociado, FIFA –corrupción develada por las autoridades judiciales estadounidenses y que ha dado lugar a la detención en Zúrich de personajes de alto rango de esa federación y a la dimisión de su presidente.

Aunque Hugo Chávez y sus epígonos no tengan nada que ver con ese escándalo, cabe recordar que el “comandante eterno” otorgó en 2007 nada menos que la Orden Francisco de Miranda en su Primera Clase tanto a Rafael Esquivel, presidente de la Federación Venezolana de Fútbol hoy detenido en Zúrich, como al presidente de la FIFA, Joseph Blatter.

A decir verdad, esta no fue, ni mucho menos, la única distinción desatinada que otorgara el fundador del movimiento bolivariano. Hubo otra por la que los venezolanos están pagando un tributo descomunal, a saber: la designación de un sucesor que en un par de años ha barrido con cuanto avance social en materia de reducción de la pobreza el chavismo se ufanaba de haber logrado.

Lo más inquietante para los actuales jerarcas del chavismo es el hecho de que la forma de actuar de la justicia estadounidense en el caso de la FIFA hace presagiar lo que dicha justicia podría estar fraguando contra miembros del régimen venezolano a quienes les atribuye vínculos con el narcotráfico y la corrupción transnacional.

Al ver cómo figuras eminentes de la FIFA que se creían intocables aguardan su extradición a Estados Unidos en cárceles helvéticas, no son uno ni dos los personajes del régimen madurista que no se aventurarían a aterrizar en un país susceptible de aplicar alguna orden de arresto internacional en su contra. Tal temor es tanto más comprensible cuanto que existe el precedente del general Hugo Carvajal, ex jefe de inteligencia de Chávez, detenido en Aruba en julio del año pasado a pedido de la justicia estadounidense y puesto finalmente en libertad sobre la base de una supuesta inmunidad diplomática.

Otro motivo de temor para la cúspide del chavismo proviene de la posibilidad de que las autoridades estadounidenses logren atrapar algunos de los implicados en el narcotráfico y el lavado de dinero. Pues, como generalmente ocurre en esos casos, quienes caigan en las garras de la justicia estadounidense podrían mostrarse propensos a aceptar un acuerdo como los llamados “sweetheart deals”, es decir, pactos que le permiten a un acusado obtener una pena reducida, o incluso una absolución, a cambio de ayudar a la justicia estadounidense a descubrir, inculpar o encarcelar a sus cómplices.

A modo de ejemplo de ese tipo de reacción, es útil mencionar el caso de Jack Warner, ex vicepresidente de la FIFA nativo de Trinidad y Tobago, quien amenazó con decir todo lo que sabe tan pronto se enteró de que la justicia estadounidense lo estaba buscando.

Por otra parte, habiendo constatado que el régimen venezolano pierde a la carrera apoyo popular y aprobación internacional, uno que otro funcionario venezolano podría saltar la talanquera y emular a Leamsy Salazar, jefe de seguridad y asistente personal de Hugo Chávez, quien escapó a Estados Unidos para proporcionar a la justicia estadounidense detalles de la corrupción reinante en las altas esferas del gobierno bolivariano.

Con tantos riesgos que enfrentar, no sería nada sorprendente que la paranoia termine apoderándose de ciertos miembros de la cúspide madurista, quienes llegarán a desconfiar de sus subalternos y tratarán de “neutralizar” a potenciales delatores, encerrándolos en una cárcel por crímenes supuestos o reales para impedirles así escapar del territorio venezolano.

Más peligroso y explosivo aun que la desconfianza entre jerarcas y subalternos es lo que podría ocurrir en el seno mismo de la cúspide gubernamental. ¿Por qué, se preguntarán algunos miembros de dicha cúspide, hipotecar nuestro poder protegiendo a los corruptos descubiertos por la justicia del imperio?

El golpe de gracia para tal o cual personaje del chavismo podría provenir del régimen cubano, que trataría de aprovechar la suspicacia reinante para deshacerse de los caciques bolivarianos que no gozan de su entera confianza.

Para comprender cabalmente la forma en que Cuba podría actuar a este respecto, recordemos el caso del general Arnaldo Ochoa, jefe de las tropas cubanas en África, quien fue condenado a muerte y fusilado por el régimen castrista, entre otras razones para evitar que Estados Unidos metiese sus narices en los nexos de dicho general con el narcotráfico internacional. Y para nadie es un secreto que el castrismo cuenta en Venezuela con agentes capaces de ejecutar cualquier tipo de órdenes que reciban, por más escalofriantes y macabras que sean.

Por supuesto, los caudillos que corren el riesgo de ser sacrificados por el régimen castrista o sus adláteres venezolanos no van a dejarse llevar, cual mansos corderos, al matadero político de la revolución bolivariana. Con toda seguridad van a defenderse por todos los medios, sin importarles los estragos políticos y materiales que puedan ocasionar.

Así, pues, antes incluso de dar a conocer oficialmente los nombres de los miembros del régimen venezolano bajo investigación en Estados Unidos, y por el simple hecho de haber desencadenado la redada de Zúrich contra personalidades de la FIFA, la justicia estadounidense habrá contribuido a resquebrajar, más de lo que estaba, la cohesión del movimiento político creado por el difunto “comandante eterno”.


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domingo, 6 de abril de 2014

Maduro: entre el miedo y la represión. Por Fabio Rafael Fiallo


FABIO RAFAEL FIALLO | EL UNIVERSAL

Por haber respondido con una represión descomunal a las legítimas manifestaciones de descontento popular, el presidente venezolano Nicolás Maduro ve cómo día tras día se deteriora su imagen internacional. Cada vez son más los gobiernos que de una u otra forma se han distanciado del régimen castromadurista o que han llegado incluso a condenarlo abiertamente.

Frente a esa creciente e indetenible desafección, el ocupante de Miraflores ha decidido contener su conocida insolencia verbal.

Ayer Maduro insultaba al presidente Santos de Colombia por el simple hecho de haber recibido a Henrique Capriles. Hoy afirma que Juan Manuel Santos es "uno de los presidentes que más nos defienden", sin que, como señalara la canciller de Colombia, María Ángela Holguín, pueda explicarse tan insólito cambio de actitud.

Si ayer Maduro soltaba los perros de presa de su verborrea contra el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, hoy son los gobiernos de Alemania y el Reino Unido, más la Unión Europea y el Parlamento Europeo, los que están condenando las violaciones de derechos humanos en Venezuela. Sin embargo, a diferencia de ayer, Maduro se limita a desenvainar la manida tesis del complot, arguyendo, sin convencer a nadie, que existe una conspiración en su contra, esta vez de la OTAN.

También frente al "imperio" Maduro ha limado su agresiva retórica.

Así, el "imperio" amenaza con imponer sanciones contra la jerarquía chavista por las flagrantes violaciones de derechos humanos en Venezuela. Congresistas estadounidenses proponen develar las propiedades y cuentas bancarias de la boliburguesía en EEUU. Y por primera vez la embajada de Estados Unidos en Caracas utiliza twitters llamando a dialogar y a no criminalizar la disidencia opositora.

En esta ocasión, Maduro no sólo se abstiene de expulsar funcionarios de la embajada de EEUU (como solía hacer), sino que reitera, en una columna publicada en el diario New York Times, su oferta de crear una "comisión de paz" para solventar los diferendos entre ambos países. Mientras tanto, Estados Unidos, inmunizado contra los altibajos del ocupante de Miraflores, ni siquiera se toma la molestia de responder a sus guiños diplomáticos.

A Maduro le ha llegado la hora de constatar que con la represión que ha sembrado sólo ha cosechado la animadversión de la comunidad internacional.

Incluso el apoyo que siempre ha recibido de Unasur se le está resquebrajando. La prueba: no pudo impedir que, a instancias de Colombia y Paraguay, la comisión de cancilleres de Unasur que visitó recientemente Venezuela ampliara su agenda a fin de poder recibir y escuchar a representantes de la sociedad civil y de la oposición. Añádase que varios países de Unasur votaron a favor de que fuese pública la reunión de la OEA en la que hablaría María Corina Machado.

La presión que surge de ese estado de cosas es tal que Maduro no ha tenido más remedio que aceptar en principio la eventual mediación internacional que tanto rechazaba. Y para salvar las apariencias, la disfraza de "diálogo delante de un testigo de buena fe".

Maduro le teme a una mediación ecuánime e imparcial, pues sabe que la misma podría estremecer la quintaesencia represiva de su régimen, presionándolo a que garantice, a semejanza de lo que exige la Conferencia Episcopal Venezolana: el cese de los encarcelamientos, torturas y asesinatos; la liberación de los presos políticos; la autonomía del poder judicial y del Consejo Nacional Electoral; y el acceso de los adversarios del gobierno a los canales de radio y televisión controlados por el Estado.

Por eso trata de sabotear la mediación incluso antes de su inicio, arguyendo que utilizará el "diálogo", no para llegar a un entendimiento, sino para decirles "cuatro verdades" a los líderes de la oposición, a quienes de paso tilda de "cobardes".

Con esa declaración llegamos al colmo de los colmos, pues si hay alguien que no tiene calidad para dar lecciones de coraje, ese alguien no es otro que Maduro.

¿Acaso no se las ha pasado evadiendo un debate público con Henrique Capriles? ¿Acaso no le bastó una simple "corazonada" para rehusar viajar a China en un avión venezolano? ¿Acaso no sigue evitando montarse en un avión, anulando viajes a Cochabamba, Sudáfrica y Santiago de Chile?

Y es ese Maduro quien tiene el tupé de utilizar el apelativo de "cobarde" contra un Leopoldo López que con tanta gallardía soporta un encarcelamiento harto injusto. Contra un Henrique Capriles que nunca ha esquivado un debate público con el inquilino de Miraflores. Contra una María Corina Machado que no tuvo ningún reparo en retornar a su país a pesar del riesgo que corría, y corre, de ser perseguida por el régimen.

Aunque pensándolo bien, ¿qué otra cosa podía esperarse, amigo lector? Alguien que confunde panes con penes, viudos con huérfanos, y pajaritos que silban con voces de ultratumba, no puede ser capaz de distinguir entre diálogo y represión, y menos aun entre democracia y dictadura.

f.fiallo@ymail.com



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domingo, 23 de marzo de 2014

Las pesadillas de Nicolás. Por Fabio Rafael Fiallo


FABIO RAFAEL FIALLO | EL UNIVERSAL

En recientes declaraciones a la cadena internacional CNN, el Presidente Nicolás Maduro se ufanaba de dormir "tranquilo y feliz como un niño", queriendo dar la impresión de que en Venezuela todo está bajo control. Lo que no implica, olvidó confesar, que esté exento de pesadillas.

En efecto, ¿quién, en su infancia, no llamó una que otra vez a sus padres en medio de la noche en busca de protección luego de un sueño escalofriante? Y puesto que Maduro asegura que duerme como un niño, no hay razón para pensar que su caso sea la excepción.

La primera pesadilla que socava su tranquilidad tiene relación con las protestas que sacuden a Venezuela y su incapacidad para sofocarlas.

Golpea y apresa a los manifestantes, y lo que obtiene es que las protestas se propaguen. Encarcela a Leopoldo López, y sólo consigue acrecentar su popularidad. Propone un debate con Henrique Capriles, y cuando éste lo acepta, se ve obligado a sepultar su propuesta por miedo a dejar en evidencia sus limitaciones intelectuales. Acosa y maltrata a María Corina Machado, y la convierte en una nueva pasionaria con proyección internacional.

Y para que esta pesadilla le sea más espantosa aún, la oposición asume roles complementarios, abarcando una gama de sensibilidades políticas más amplia que si tuviese un discurso único.

Mientras por un lado Leopoldo López y María Corina Machado galvanizan a los hastiados del chavismo, Henrique Capriles tiende la mano a los sectores sociales que tradicionalmente habían apoyado a Hugo Chávez, mostrándoles que ellos también tienen todas las de ganar en el camino propuesto por la oposición.

Otra causa de insomnio para Nicolás Maduro es la espada de Damocles que pende sobre su cabeza con la programada visita de la comisión de cancilleres de Unasur. Aparte de los recalcitrantes del eje chavista (Argentina, Bolivia y Ecuador), esos cancilleres no van a desplazarse a Venezuela simplemente para refrendar la represión. Estarán obligados a atender a los justos reclamos de los estudiantes, la sociedad civil y la oposición, so pena de recibir los embates de parlamentarios, periodistas y ONG del continente que los acusarían de complicidad con un régimen ultra represivo.

Por mucho que se haya regocijado de haberle cerrado las puertas a una mediación de la OEA, Maduro podría terminar lamentando haberse encomendado a Unasur. Pues si una misión de la OEA hubiese emitido una opinión adversa, él hubiera podido acusarla de responder a los intereses del "imperio" y ordenar su expulsión.

Pero ahora, después de haber ensalzado la mediación de Unasur, no tendrá más remedio que obtemperar a las propuestas que, de manera firme aunque diplomática, le formulen algunos miembros de la misión de Unasur, y no precisamente los menos importantes.

Otra pesadilla de Maduro la provoca el espectro de posibles sanciones estadounidenses. Hasta hace poco, por un quítame allá esas pajas Maduro despotricaba contra EEUU y expulsaba funcionarios de la embajada de ese país. Hoy, Estados Unidos contempla imponer sanciones contra el gobierno castromadurista por las múltiples violaciones a los derechos humanos en Venezuela; pero esta vez Maduro no sólo se abstiene de expulsar funcionarios, sino que le propone "humildemente" al Presidente Obama la creación de una "comisión de paz".

Tal cambio de retórica tiene una explicación, a saber: las sanciones vislumbradas por EEUU afectarían directamente a la jerarquía chavista y a otros miembros de la "boliburguesía" que poseen bienes y cuentas bancarias en el "imperio".

Y sintiéndose amenazada por las sanciones previstas, la jerarquía bolivariana podría lanzar un dramático "Hasta aquí llegamos, Nicolás".

Fue para tratar de obviar ese peligro que Maduro designó a Diosdado Cabello al frente de la representación venezolana ante dicha "comisión".

Aunque Cabello jamás ha descollado en diplomacia, es un hombre de confianza de las altas esferas del chavismo. Con ese nombramiento, Maduro delega en Cabello la defensa de los intereses de la jerarquía chavista, pasándole la papa caliente para no tener que cargar con la responsabilidad del fracaso de una eventual negociación con EEUU.

Así llegamos a la madre de todas las pesadillas de Maduro, es decir, el probable derrumbe del apoyo que recibe de la jerarquía chavista.

Maduro no puede ignorar el malestar que dentro de su propio círculo generan su catastrófica forma de gobernar y su sumisión al régimen castrista. Tal malestar suscita en él una justificada desconfianza hacia quienes le rodean o acorralan. De ahí su reticencia a subir a un avión, como lo muestran las cancelaciones inopinadas de sus viajes a Cochabamba, Sudáfrica y Santiago de Chile.

A diferencia de las pesadillas de un niño común y corriente, las de Maduro no desaparecen al despuntar el día. Antes bien, se hacen más tenebrosas aún.

Eso le pasa a Nicolás por haber convertido en pesadilla la vida de los venezolanos y por ponerse a escuchar, antes de dormirse como un niño, los cuentos y consejos de brujas del castrismo.

f.fiallo@ymail.com



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domingo, 13 de octubre de 2013

Maduro y la viuda de Mao Zedong. Por Fabio Fiallo


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FABIO RAFAEL FIALLO | EL UNIVERSAL

El grupo que gobierna actualmente Venezuela presenta una indiscutible semejanza con la llamada "Banda de los Cuatro", encabezada por la viuda de Mao Zedong, que aspiraba a gobernar China antes de caer en desgracia a raíz de la muerte del Gran Timonel en septiembre de 1976. Al igual que el presidente Maduro en Venezuela, la viuda de Mao y los suyos propugnaban "radicalizar" la revolución, lo que significa reforzar el estatismo y la militarización de la economía y agudizar la caza del "enemigo de clase".

De hecho las consignas de ambos grupos son prácticamente idénticas. La banda de la viuda de Mao prometía luchar "contra el restablecimiento del capitalismo en todas sus formas". Maduro, por su parte, declara la "guerra total contra la burguesía parasitaria".

Si el régimen chino ha logrado mantenerse en el poder, es por haberse apartado del dogma encarnado por la Banda de los Cuatro -el mismo que Maduro trata hoy de imponer en Venezuela- reemplazándolo por la consigna poco comunista de "¡enriquézcanse!" lanzada por Den Xiaoping.

Prueba de la prioridad que en China se da a la rentabilidad y el beneficio económico es que durante el reciente viaje de Maduro a aquel país con el fin de obtener divisas frescas para hacer frente a la escasez de dólares en Venezuela, lo que obtuvo fueron préstamos atados, ya sea a la compra de artículos fabricados en China, ya sea a proyectos de infraestructura cuya ejecución China supervisará.

Mientras China se esmera en sacar provecho económico de sus préstamos, la banda maduro-castrista sigue despilfarrando la riqueza del subsuelo, entregando petróleo a precios dadivosos a aliados en el continente, endeudando a Pdvsa y cerrando las puertas de la economía a la clase empresarial.

El reemplazo en la vicepresidencia económica del ministro de Finanzas, Nelson Merentes, considerado como el "pragmático" del régimen, es un presagio de la radicalización que Maduro tiene en mente al solicitar una ley habilitante que le confiera poderes especiales.

Cuando sea adoptada dicha ley, los chivos expiatorios no saldrán solamente de la oposición y la clase empresarial. El chavismo está abocado a dividirse y explotar. Y en el pulso que se avecina o que ya está en marcha dentro del chavismo, no es seguro que el bando maduro-castrista logre tener más éxito que la Banda de los Cuatro de Pekín.

Mientras tanto, el caos económico y político que cunde en Venezuela está mermando el peso y la influencia del país en el ámbito internacional. Una muestra de ello fue la incapacidad del gobierno venezolano de obtener, pese a haberlo intentado, una declaración de Unasur en favor del régimen venezolano por las supuestas dificultades que EEUU creó durante el inconcluso viaje de Maduro a Nueva York para asistir a la reunión anual de la Asamblea General de Naciones Unidas.

Igualmente dio pena ver cómo Maduro fungió de tonto útil en el caso del diferendo entre Evo Morales y el gobierno español, cuando las autoridades españolas cerraron el espacio aéreo al avión en que viajaba el presidente boliviano de regreso de Moscú el pasado mes de julio. A raíz de ese incidente, Maduro derramó injurias contra el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, acusándolo de "corrupto" y otras virtudes por el estilo... teniendo semanas más tarde que observar, con el rabo entre las piernas, fotos del propio Evo posando amistosamente con Rajoy[2].

Por otra parte, recientes actitudes de Maduro hacen pensar que no se siente seguro de contar con el apoyo irrestricto de la Fuerza Armada de Venezuela. El haber viajado a China en un avión de Cubana de Aviación, y luego aducir que sufría de gripe para no tener que montarse en el avión militar venezolano que lo llevaría a Cochabamba para reunirse con Evo Morales y Rafael Correa a principios de este mes, son hechos que atizan la especulación a este respecto.

Si se trataba realmente de una gripe, ¿por qué no haber postergado aquella reunión tripartita en vez de anularla definitivamente?

La habilitante solicitada por Maduro permitirá a la banda maduro-castrista agudizar la represión en Venezuela, proscribir cacerolazos, silenciar voces independientes, censurar la información sobre el desabastecimiento, la violencia cotidiana y el valor de la "lechuga verde", arremeterlas contra la oposición o efectuar purgas estalinianas dentro de su movimiento. Pero nada de eso impedirá que Venezuela, el país con las mayores reservas de petróleo del mundo, siga ahogándose en el tempestuoso mar del caos económico y el descrédito internacional.

Por su impericia política e ineficacia económica, la Banda de los Cuatro terminó en prisión, condenada por sus propios correligionarios. Y al igual que la Banda de los Cuatro en China, todo indica que la banda maduro-castrista tiene el tiempo contado en Venezuela.

En su viaje a China, Maduro no aprendió la lección sobre el triste final de la banda de la viuda de Mao Zedong, quien, al igual que el errático presidente venezolano, pretendía "radicalizar la revolución".

[1] "Unasur sin acuerdo sobre la denuncia de Venezuela contra Estados Unidos", El Universal, 27-09-2013. [2] "Rajoy y Morales: un encuentro ‘franco y muy cordial' en la Moncloa", El Mundo (Madrid), 04-09-2013.

f.fiallo@ymail.com


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domingo, 23 de junio de 2013

Maduro y las notas de Standard & Poor's. Por Fabio Rafael Fiallo



FABIO RAFAEL FIALLO | EL UNIVERSAL

Cuando el impugnado presidente Nicolás Maduro visitó Europa recientemente en busca de la legitimidad que las urnas no le otorgaron en su país, y recibía en Roma la bendición papal y un pergamino de la FAO, jamás imaginó que una noticia nada halagüeña, divulgada por la prensa internacional, iba a perturbar el impacto mediático de su viaje: la influyente agencia de evaluación financiera Standard & Poor's había decidido bajar la calificación de crédito de Venezuela y el ranking de su deuda pública.

Situación sorprendente si se tiene en cuenta que los precios del petróleo en el mercado mundial andan por las nubes y que Venezuela posee las más grandes reservas de oro negro conocidas a nivel mundial. Ante ese contexto tan favorable, sólo un manejo execrable de la economía ha podido obligar a S&P a anticipar un deterioro mayor de las perspectivas económicas del país.

Como consecuencia inmediata de la decisión de S&P, es de esperarse que el Estado venezolano tenga que pagar intereses más elevados por los préstamos contraídos en moneda extranjera.

En un momento como el actual en que el bolívar se deprecia y se necesitan dólares para importar artículos de primera necesidad que antes se producían en el país, en momentos en que la inflación rompe todos los récords y la producción de petróleo está siendo afectada por la chapucera gestión de Pdvsa, el previsible encarecimiento de los empréstitos gubernamentales a raíz del anuncio de S&P creará un problema no desdeñable para las autoridades del país.

Como si esto fuera poco, para explicar la mala nota dada a Venezuela, S&P precisa: "Los desafíos internos del Gobierno venezolano amenazan con debilitar la implementación de políticas económicas en un momento de empeoramiento de las condiciones económicas con desaceleración del crecimiento, aumento de la inflación y más presiones de liquidez externa".

"Desafíos internos del Gobierno", vale precisar, es el eufemismo utilizado por la agencia de calificación para referirse a las luchas intestinas que se están librando en el seno del chavismo.

Dicho de otro modo, a causa de las pugnas de caciques y las divergencias ideológicas entre los grupos de poder, S&P pone en duda la capacidad de Nicolás Maduro de aplicar las políticas económicas que la desastrosa situación venezolana requiere.

En ese mismo tenor, el prestigioso cotidiano londinense Financial Times, comentando la noticia, señala que las disensiones internas en el chavismo han provocado "la parálisis de la política gubernamental, sin que ninguna decisión económica importante haya sido tomada desde la elección de Maduro".

Es oportuno señalar que desde antes del fallecimiento de Hugo Chávez, ya Venezuela ocupaba la vergonzosa posición número 180, de un total de 183, en el índice de facilidad para hacer negocios establecido por el Banco Mundial. Ahora, con la mala nota adjudicada por Standard & Poor's debido a la desastrosa gestión de Maduro, ¿qué inversionista privado, nacional o extranjero, estaría dispuesto a arriesgar su dinero en Venezuela?

Al mismo tiempo que S&P bajaba la nota de Venezuela, un fenómeno de gran envergadura estremecía al Brasil. Cientos de miles de hombres y mujeres inundaban las calles de Sao Paulo, Río de Janeiro y otras ciudades de ese país para protestar contra la inflación, la corrupción, la inseguridad y el despilfarro de fondos en la preparación del Mundial de Fútbol.

A nadie se le escapa que la inflación, la corrupción y la inseguridad son lacras sociales que en Venezuela han adquirido proporciones alarmantes, ni que el despilfarro de petróleo venezolano enviado a Cuba para mantener con vida el régimen castrista es más absurdo y dañino que el dinero gastado por Brasil en el Mundial de Fútbol. Con el agravante de que la economía venezolana se encuentra actualmente en estado de descalabro, lo que no es, ni mucho menos, el caso del Brasil.

A este respecto, cabe señalar que últimamente Venezuela ha sido el país de menor crecimiento entre las economías más poderosas de América Latina.

Las condiciones están dadas, pues, para que broten en Venezuela protestas similares a las que en estos días proliferan en Brasil.

Nicolás Maduro puede por supuesto seguir divirtiéndose con ver pajaritos y recibir bendiciones y pergaminos. Puede también anunciar, como lo ha hecho en el pasado, que habrá de "radicalizar la revolución" y traer "más y más socialismo" a su país. Puede incluso argüir que los males de Venezuela son el fruto de una conspiración de la "derecha fascista" en connivencia con agencias de notación y periódicos extranjeros al servicio del "Imperio".

Pero mientras más esconda la cabeza ante la realidad, a la manera del avestruz, más reticentes estarán los inversionistas privados a lanzar su capital en el torbellino económico venezolano y más apabullantes serían las manifestaciones de descontento que, por la miopía e impericia de Miraflores, podrían tarde o temprano sacudir las calles y plazas de Venezuela.

f.fiallo@ymail.com


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