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domingo, 3 de mayo de 2015

Fantasías abstencionistas. Por Fausto Masó


Fausto Masó / El Nacional

A la oposición no la amenaza el fraude electrónico sino la abstención. Para ganar abrumadoramente las elecciones es necesario combatir las mentiras abstencionistas que divulga el chavismo.

Sin embargo, hay sectores en la oposición, opuestos a la MUD, que alientan el abstencionismo, afirman que el voto no es secreto. A la vez, el CNE no defiende, como sería su obligación, que el voto sea secreto, porque también el CNE quiere alentar la abstención. De todas maneras no hay precandidato de la oposición que crea en las fantasías del fraude electrónico. Fomentar la abstención es la estrategia electoral del gobierno en las próximas elecciones.

El chavismo apuesta por dividir a la oposición y aumentar la abstención. Lo primero le está resultando imposible, en cambio, muchos creen la idea asombrosa de que el gobierno controla el proceso de votación, sabe por quién se vota e interviene en los distintos procesos de conteo y suma de los votos.

 En realidad, cambiar un voto es imposible: hay que hacerlo simultáneamente en todas las instancias donde se encuentre registrado desde el comprobante de voto impreso por la máquina, a la copia de seguridad impresa de todos los votos almacenados en la máquina de votación, al almacenado en la memoria fija de la máquina y también en el almacenado en la memoria removible de la máquina, al voto del acta de escrutinio y al propio voto electrónico transmitido al centro de totalización y, por fin, el propio voto reflejado en las actas de totalización.

El fraude electrónico es una fantasía que alienta el gobierno para aumentar la abstención y representa una verdadera falta de respeto a los miles de testigos de la oposición que vigilan la votación desde la mesa hasta el conteo final. Sin duda, en un proceso manual sería fácil alterar los resultados, con el sistema de máquinas es imposible, a menos que todos los testigos se vendieran. La oposición ha ganado importantes elecciones en varios estados y en alcaldías como Caracas, lo que ocurre es que un sector del país nunca reconoció que durante mucho tiempo el chavismo fue una mayoría. Ahora, en cambio, Nicolás Maduro es rechazado por 80% de los venezolanos.

Hoy el peligro es la abstención. Si los venezolanos votan el gobierno obtendrá menos de 40% de los votos.

En Estados Unidos, por ejemplo, quieren aprobar una ley que exija realizar auditorías a 3% - 5% de las máquinas al finalizar la jornada de votación. En Venezuela se permite la auditoría más sencilla posible: comparar los comprobantes de voto versus el acta de escrutinio impresa. Los resultados se publican por estado, municipio, parroquia, centros y mesas. Pueden ser comparados, acta por acta, con las actas emitidas por cada máquina para verificar que estos datos coinciden totalmente. A los diversos factores políticos se les entregan copias de todas las actas y pueden comprobar que el resultado final es correcto.

Nadie puede votar por otra persona, se compara la huella del elector con los datos almacenados del mismo, para verificar que este sea quien dice ser. Pero, además, se compara la huella del elector con las huellas de todos los electores que han votado ya en esa máquina, por lo cual descubriría que esa persona ya emitió un voto en esa máquina, y entonces no podría hacerlo de nuevo. Previamente, se depura la base de datos y se garantiza que un mismo par de huellas no esté asignado a dos electores diferentes.

En resumen, con el sistema electoral, con el voto a través de máquinas, es imposible el fraude electoral, a menos, repetimos, que los millares de testigos de la oposición participaran activamente en ese fraude. En realidad, los testigos electorales de la oposición no solo son personas honestas sino que sacrifican su tiempo para defender el voto. Hablar de fraude es ofenderlos.

Una victoria abrumadora de la MUD representará la salvación de la democracia y la derrota del proyecto autoritario. A votar, pues.


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