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domingo, 25 de marzo de 2018

No exijas a otro lo que no haces tú. Por Luis Vicente León


Luis Vicente León / Prodavinci

He estudiado el tema del miedo desde hace años, específicamente en lo que se refiere a su relación simbiótica con la política. El miedo no es un sentimiento característico de un grupo específico de la sociedad, al que podemos calificar de miedoso, sino un sentimiento común, que nos cruza transversalmente a todos, independientemente de nuestra condición social, género, edad o preferencia política.

El miedo no es un sentimiento característico de un grupo específico de la sociedad, al que podemos calificar de miedoso, sino un sentimiento común, que nos cruza transversalmente a todos, independientemente de nuestra condición social, género, edad o preferencia política. Esto se debe, como plantea Mower, a la condición previsiva del ser humano, al hecho de que tenemos la capacidad de proyectar y anticipar los riesgos, lo que nos da una ventaja gigante frente a otros animales para protegernos de los peligros, pero a costa de tener permanentemente ese sentimiento de miedo a lo que puede ocurrir en el futuro. Es ese sentimiento intrínseco al ser humano, el que olfatean algunos políticos y lo usan con el objeto de dominarnos y ejercer el poder. La inteligencia libera pero a la vez nos entrampa. Nos permite anticipar lo que va a suceder pero puede irse de palo y provocar esas patologías de angustia y miedo que tan bien conocen los psiquiatras, tal como plantea José Antonio Marina, el filósofo español que hizo, en mi opinión, la mejor anatomía del miedo que se ha escrito en el tiempo. En ella nos presenta un recuento de pensadores que han hablado del tema, arrancando por el perspicaz Hobbes quien escribió una frase demoledora y terrible, que podríamos repetir todos: el día que yo nací, mi madre parió dos gemelos: yo y mi miedo”. Marina considera que el miedo es uno de los hilos que trenzan la historia de la humanidad en el continuo afán por librarse del miedo, una permanente búsqueda de la seguridad y, recíprocamente, el impuro deseo de imponerse a los demás aterrorizándolos. Hobbes descubrió que el miedo es el origen del Estado. Maquiavelo enseñó al príncipe que tenía que usar el temor para gobernar. Como dice Marina: “le proporcionó un manual de instrucciones. La terribilitá como herramienta. Ambos coincidían en una cosa, a saber, que el miedo es la emoción política más potente y necesaria, la gran educadora de una humanidad indómita y de poco fiar”.

Pero el filósofo no sólo relaciona el miedo a la política. También lo vincula a la religión. “Está en el origen de ellas, que protegen contra él, a la vez que lo utilizan sin tregua y sin decoro”.

La ansiedad, la angustia y el temor revelan nuestra vulnerabilidad. Hemos tenido que aprender a soportarlo y a convivir con ellos. El tema es que quienes quieren ejercer el poder saben perfectamente que si estimulan ese miedo y toman ventaja de él, son capaces de controlar a toda una sociedad, incluso sin tener que avanzar con esas acciones dramáticas y grotescas del pasado. Ya no hace falta que maten, torturen, apresen o exilen a todos los enemigos para lograr el control. Como plantea el profesor Giovanni Sartori en su estupendo tratado sobre la teoría política, las autocracias modernas sólo necesitan tocar los símbolos y mostrarle al resto de la gente de lo que son capaces de hacer. Con esto construyen una bóveda de miedo que paraliza al resto que no ha sido tocado y logra controlarlos. Las respuestas de la sociedad a ese control son diversas: evasión, sumisión, rebelión o huida. Hay sociedades que han reaccionado buscando mejores opciones en otra parte y otras se quedan, sumisas o rebeldes. No hay un patrón común, ni una respuesta correcta, pues son decisiones personalísimas. Lo que si está claro es que cuando tomas una decisión de no estar individualmente, debes asumirla plenamente y no cometer el grave error de exigirle a los que sí están, que hagan lo que tú estas haciendo… y mucho menos a exigirles que hagan lo que no estás haciendo tú.” Luis Vicente León, artículo publicado en 2014.

@luisvicenteleon


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