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domingo, 6 de octubre de 2013

Épica del tipo de cambio. Por Domingo Fontiveros


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Al indefenso "bolívar fuerte"... lo han convertido en un bolívar de goma

DOMINGO FONTIVEROS | EL UNIVERSAL

A la larga, el dólar estadounidense podrá ser adoptado como moneda en los países al sur del Río Bravo. Panamá y Ecuador así lo han hecho, entre otras entidades menores, y seguirán más. El sentimiento nacionalista que resiste esta tendencia, con su razón, no es suficiente para contrarrestar los enormes dislates en política económica. Los gobiernos botarates aspiran trampear los mecanismos monetarios, financieros y fiscales conducentes a la estabilidad de precios y cambiaria, con objetivos falsos de grandeza, como impulsados por un gen borbón, siempre con tristes resultados.

En Venezuela no estamos cerca ni siquiera de hablar, mucho menos de restablecer un tipo de cambio libre y único, uno de los requisitos para comenzar a reparar el daño ocasionado por el socialismo del siglo 21. Al contrario, pululan intereses y voceros que plantean la multiplicación de tipos oficiales, que abran nuevos nichos a donde puedan ir a abrevar los sicarios de la economía, bajo patrocinio de los grandes jerarcas enchufados a las arcas oficiales de dólares y bolívares multiplicados por la imprenta de dinero al servicio de la destrucción nacional.

Al indefenso "bolívar fuerte" lo tienen ahora como pelotica de ping-pong, que viene y sube, brinca y se va. Lo han convertido en un bolívar de goma. O más bien en boligoma como en el clásico filme El Profesor Distraído y más recientemente en Flubber. Mientras, los amagues de los sabios que dirigen desde las alturas apuntan hacia todo menos a una solución creíble de la crisis monetaria que azota a la población y la sume en inmensa incertidumbre. Crisis, para decirlo sin ambages, que inflama mente y alma de millones que buscan una protección frente a la ruina, al desplome de su futuro y a la inviabilidad de su nivel de vida, cortesías todas de una revolución que dejó hace tiempo de ser bolivariana para desvestirse como revolución inflacionaria, devaluacionista y de escasez.

Puede ser por incompetencia de unos, o designio maquiavélico de otros, que este gobierno desde que fue concebido in vitro haya optado por el desbarajuste como camino a seguir. Con un liderazgo débil y opciones políticas tan escasas como el papel o la harina, el régimen se lanza a darle vuelta a la tuerca del radicalismo, acusando a los demás de una guerra económica donde el agresor es el mismo régimen y levantando una polvareda para sacar de la vista a sus propios fracasos. Pretende así esconder la verdad de su desastre dentro de una fortaleza de mentiras.

Reptando entre matas de pira, está de hecho aplicando el viejo apotegma de Lenin: para destruir al capitalismo y las democracias hay que envilecer la moneda.

La épica del bolívar no la puede ganar ella sola cuando multitud de actores conspiran contra su estabilidad. Nadie se atreve a tomar al toro por los cachos en el tema. Y mientras tanto, muchos aprovechan el río revuelto hechura del gobierno para grandes negocios a expensas del futuro de Venezuela, desde burócratas hasta mafias socialistas florecientes en el almácigo oficial. Quizá alguien en los predios de la oposición pueda esgrimir el tema económico como bandera para un cambio profundo. Sin miedo y sin remilgos. El gran público estaría agradecido de un viraje, sin divagancias florentinas ni rupturas estalinistas.

dfontiveros@cantv.net


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