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domingo, 6 de octubre de 2013

Patriotismo de pacotilla. Por Fernando Ochoa Antich


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FERNANDO OCHOA ANTICH | EL UNIVERSAL

Esa es la mejor definición de la actitud de Nicolás Maduro. Rasgarse las vestiduras, igual que lo hacía Hugo Chávez, falsificando la historia y calumniando a sus adversarios políticos. La ridiculez que significa declarar persona non grata a unos diplomáticos norteamericanos por viajar al estado Bolívar y conversar con unos líderes y sindicalistas de oposición no tiene pies ni cabeza. Lo único que ha hecho es comprometer aún más los intereses vitales de Venezuela. El patriotismo, es un sentimiento muy profundo que unifica a un pueblo en su permanente lucha por alcanzar la independencia y la soberanía. Se manifiesta en la firmeza de carácter para alcanzar objetivos realmente beneficiosos para la sociedad. No se expresa en actitudes altisonantes que en el fondo ocultan una gran mentira.

El chavismo siempre ha actuado así. Durante sus catorce años de gobierno ha utilizado una simbología revolucionaria, nacionalista y popular para ocultar la destrucción de Venezuela, el entreguismo al régimen fidelista, el personalismo, el continuismo, la corrupción y la ineficiencia. Una dirigencia, realmente patriota y nacionalista, no comete los graves errores en la conducción del Estado que se han venido repitiendo hasta conducir a Venezuela a su actual colapso. Trataré de resaltar algunos aspectos de esta tragedia para que mis amables lectores puedan valorar la responsabilidad histórica de Hugo Chávez, de Nicolás Maduro y de la camarilla gobernante. Analizaré tres aspectos fundamentales: las políticas económica, petrolera e internacional.

La situación económica es insostenible. Se resume en lo siguiente: la actividad económica está en pleno proceso de desaceleración, suben los precios, escasean los dólares y se incrementa la deuda pública, la cual alcanza a 230.000 millones de dólares. Las causas están claras: la inflación y la deuda es un problema monetario y de producción, influido por los desequilibrios fiscales y cambiarios. Su reciente aceleración tiene un claro origen monetario. El BCV empezó, desde el 2010, a imprimir billetes para financiar el déficit fiscal y de Pdvsa y desde el 2005 a transferir reservas internacionales a fondos públicos ¡Se acuerdan del milloncito! Decir irresponsablemente que la escasez es producto de una guerra económica y de un saboteo compromete el destino de Venezuela.

Veamos ahora la política petrolera y la destrucción de Pdvsa. Hugo Chávez, influido por Fidel Castro, creyó que era posible exportar su revolución bolivariana y su liderazgo continental utilizando el petróleo. Al oponerse los funcionarios de Pdvsa, provocó la crisis del 11 de abril y la huelga petrolera. Después la purga, el control de Pdvsa y su destrucción como empresa. A partir de ese momento comenzó la debacle: regalar el petróleo a Cuba, aceptar materias primas en pago y vender con descuento a los países del Caribe. Los resultados están a la vista: el total de pasivos de Pdvsa, según el balance de 2012, es de 142.000 millones de dólares. Afirmar que está quebrada es sencillamente decir la verdad. Traidores a la patria es lo menos que puede decirse de los responsables...

Nuestra política exterior, a partir de 1998, dejó de estar al servicio de Venezuela para transformarse en un instrumento de la revolución bolivariana. Sus objetivos fundamentales fueron promover el liderazgo continental y mundial de Hugo Chávez, exportar los principios revolucionarios y facilitar el acceso al poder de gobiernos ideológicamente afines al venezolano. El esfuerzo fue exitoso. El acceso al poder, con ayuda financiera de Venezuela, de Rafael Correa, Evo Morales y Daniel Ortega, lo mostró. También hubo fracasos: Colombia y Honduras. Lo doloroso fue que esta política comprometió los intereses vitales de Venezuela en la América Latina y en el Caribe. El Acuerdo de Ginebra dejó de ser centro de la política con Guyana y se detuvo el esfuerzo de delimitación de áreas marinas y submarinas con los países del Caribe.

La destrucción de Venezuela, impulsada desde la revolución bolivariana, debe detenerse. No es posible que nuestro pueblo y sus clases dirigentes lo permitan. Estamos en un momento de grandes definiciones y decisiones. La amenaza que existe contra factores de la oposición indica la intencionalidad del chavismo de provocar violencia. Igual ocurre con la permanente prédica de odio contra los sectores productivos y comerciales, los medios de comunicación y cualquier factor social y político que no coincida con sus ideas. La estrategia de respuesta no es sencilla. Exige un gran esfuerzo de unidad y movilización. Todos los sectores sociales y políticos deben respaldarla. Eso exige una gran convocatoria nacional. Nadie debe considerarse excluido: ni civiles, ni militares.

fochoaantich@gmail.com

@FOchoaAntich


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