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sábado, 15 de noviembre de 2014

Nuestro David, nuestro Goliat. Por Fausto Masó


Fausto Masó / El Nacional

Tuvimos nuestro David y tuvimos nuestro Goliat; solo que en Venezuela triunfó Goliat y a David lo olvidaron. El Goliat venezolano fueron los periodistas, intelectuales y políticos que llamaron idealistas, patriotas, nacionalistas a los alzados del 4 de febrero de 1992. Frente a ellos, el verdadero David fue execrado porque gritó en el congreso “mueran los golpistas”. Alguna vez, en el futuro, habrá que colocar una placa en ese mismo congreso para recordar el nombre de David Morales Bello. Nunca ocurrirá, a pesar de que cuando enfrentó a Goliat representó la dignidad venezolana, y su heroísmo de ese día justifica olvidar sus numerosos errores.

El principal articulista de Venezuela, José Ignacio Cabrujas, interpretando el sentimiento nacional, saludó el gesto de Chávez al confesar su culpabilidad: ¡por fin alguien en el país asumía la responsabilidad de sus actos!, con semejante lógica hubiera habido que calificar de héroe a Hitler por haber anunciado sus planes en Mi Lucha. Nadie escribió una línea a favor de David. A continuación, cuando Chávez afirmó que sus planes golpistas habían sido postergados “por ahora”, se le aplaudió con mayor entusiasmo. Una vez liberado cayó su popularidad porque durante un tiempo rechazó participar en las elecciones, una vez que decidió participar en las elecciones, Chávez y Salas Romer representaron el antipartidismo, a la hora de votar escogimos al peor de los dos.

En 1958 ningún golpista hubiera sido apoyado; en 1992 la clase media, y alta, sonaron las cacerolas a favor de Chávez. Se condenaba el plan económico de Pérez, sin conocerlo; ahora se le aplaude también sin conocerlo.

Muerto Chávez desapareció el dramatismo de Venezuela, volvimos a los tiempos de políticos mediocres. Estamos mal y vamos peor. Los chavistas se irritan en las colas para comprar pan, añoran a Chávez y detestan a Maduro, quien no tiene la fama de honesto de Chávez.

La historia de Venezuela es en buena parte una mezcla de mitos, mentiras y unas pocas verdades. Así, por ejemplo, no se escribe que a la CVG habría que cerrarla, o venderla como hierro viejo después de sacar la cuenta de los dólares que le ha costado a Venezuela, buena parte de la deuda externa existe gracias a la CVG, pero todavía hay muchos que la consideran imprescindible para el desarrollo del país, cuando ha sido solo imprescindible para arruinarlo. Es un artículo de fe de la oposición y el chavismo la convicción de que el petróleo debe ser nuestro; en Colombia, con muchos menos recursos en cinco años duplicaron la producción. ¿El secreto? Ecopetrol compite con empresas extranjeras y colombianas. En Venezuela se admite al inversionista extranjero, o privado, como un socio menor en lugares como la Faja del Orinoco, siempre expuesto a ser estatizado en cualquier momento.

La crisis política del país antes de la llegada de Chávez al poder, se debió al estancamiento económico, a la devaluación constante de la moneda, al deterioro de los servicios sociales. Aunque el peor gobierno civil sea superior a uno militar como el actual, civiles y militares coinciden en su actitud frente al petróleo.

En realidad no hay un debate sobre el futuro en Venezuela, nadie se atreve a enfrentar los viejos mitos, reconocer que la mayor producción venezolana de petróleo ocurrió durante el gobierno de Raúl Leoni. A continuación los árabes aumentaron su producción, lo mismo hizo Inglaterra, Holanda etc…, mientras Venezuela siguió amarrada a las tesis de que el petróleo vale más bajo tierra que en el mercado, porque el petróleo en Venezuela representa el alma nacional.

El gobierno quiere ahora la ficción de un diálogo. ¿Hay que dialogar con el gobierno o con el chavismo? Un diálogo solo es posible con agenda previa y con terceros presentes como el secretario general de la OEA, como en 2002

El verdadero diálogo debería ser con la historia de Venezuela para conocer las causas verdaderas del desastre actual, lo malo del pasado y del presente que debe ser superado y la responsabilidad de nuestros Goliats en el desastre.


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