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sábado, 19 de marzo de 2016

Trump más allá del muro. Por Alexis Alzuru


Alexis Alzuru / El Nacional

Trump sube en las encuestas a contrapelo de los deseos y ruegos de muchos. Por supuesto, hay diferentes interpretaciones de lo ocurre con su candidatura. Una de las explicaciones más confiables, aun cuando la menos manoseada, dice que su crecimiento obedece a los valores que promueve. A cada paso, él deja ver que no existe dificultad que no pueda vencer; que no siente temor por nada ni por nadie. Se muestra autosuficiente; como el hombre que se impone ante la adversidad. Aquel que siempre logra realizar su voluntad y deseos. De hecho, se presenta como la representación del éxito: millonario, ambicioso, competitivo y poderoso. Trump es la versión más acabada y redonda del sueño americano. ¿Cuántos gringos no desearían ser tan ricos y célebres como este personaje que parece un actor de Hollywood antes que un líder social?

Trump utiliza algo más que frases provocadoras para ascender a la nominación republicana. Su posicionamiento deriva de lo que ha comunicado a la base del partido. Les recuerda que juntos transformarán el destino de esa nación porque tienen el alma moldeada con los mismos valores. Por eso, no debería extrañar que este empresario mediático se convierta en presidente de una nación donde para muchos la vida debe girar alrededor del dinero y la fama.

Que una eventual presidencia de Trump pudiera resultar beneficiosa para los intereses globales y de su país es realmente muy dudoso; pero esa discusión es otra. Lo relevante es que cuando se examina el recorrido de su escalada se observa que el detonante principalísimo de su éxito ha sido el marco valorativo de su campaña. Un costado que en general pasa desapercibido en los análisis de opinión. Tal vez por eso resultó problemático proyectar las posibilidades que ahora tiene de ganar la candidatura.

El fenómeno Trump confirma la opinión según la cual en política gana quien promete una concepción de la vida con la cual el pueblo se identifica; o si se quiere: demuestra que trasmitir un ideario moral es un requisito esencial para derrotar al oponente o sustituir a un gobernante; pues las manifestaciones de calle son insuficientes para garantizar el crecimiento electoral o el despegue de un movimiento popular. Sobre todo, el corolario de esa campaña enseña que el cambio político no se logra con estrategias que se reduzcan al mercadeo de un nombre y un apellido; pero tampoco con marchas, mítines y cuñas.

La calle no produce votos ni revoluciones mientras los líderes no comuniquen valores. Una premisa que la oposición venezolana menosprecia. Quizá por eso su prédica no emociona a las grandes mayorías aun cuando la población está enfurecida y peleando sus derechos con sus medios. La gente se percibe sola; comienza a sentirse abandona a su suerte porque no termina de identificarse con el mensaje opositor. Ojalá que los jefes de la MUD descubran que para salir este año y por vía legal de Maduro necesitarán una visión moralizadora de la república y del futuro. Por cierto, una concepción que estarían obligados a mercadear para consensuar; en especial, con aquellos sectores y grupos que se mantienen escépticos o recelan de sus postulados y propuestas.

Sin conexión emocional con el universo valorativo del venezolano es difícil que Maduro salga de Miraflores. A lo mejor, el PSUV y sus aliados del CNE han olfateado esa carencia en el mensaje de sus adversarios y estén pensando suspender las regionales; así le darían un tiro de gracia a la moral de millones. Para Venezuela sería desolador y peligroso que se incumpliera la promesa de salir pacífica y constitucionalmente del presidente en los meses que restan de 2016. En ese escenario: ¿qué pasaría con el capital político de la oposición?


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sábado, 7 de noviembre de 2015

Las ventajas del PSUV ¿podrán derrotarse?. Por Alexis Alzuru


Alexis Alzuru / El Nacional

La reconstrucción de Venezuela y, por tanto, la sustitución legal de Maduro no se lograrán con unos 84 diputados electos con la tarjeta de la Unidad. Tal vez, es momento de revisar algunas de las premisas con las que se está trabajando en la campaña. Por ejemplo, que el monopolio de la Asamblea por parte de los candidatos de la MUD es un requisito esencial para promover el cambio político del país. En realidad, esa opinión no es exacta. Basta reconocer que negociar la transformación de la república es un objetivo distinto al que persigue la MUD cuando se plantea conquistar la mayoría parlamentaria.

No hace falta que la Mesa obtenga la dos terceras partes de la Asamblea para promover la soluciones que se necesitan. Con reducir a su mínima expresión la representación del PSUV y del polo de partidos que están comprometidos con Maduro y Cabello sería suficiente. Los votos que el oficialismo pierda serán tan importantes como los que la MUD consiga. De allí la importancia que tienen las postulaciones no alineadas.

Los independientes no son el enemigo a vencer; tampoco deberían etiquetarse como los saboteadores de la Unidad. Algunos podrían dejar el papel que tienen de adversarios y convertirse en socios de la MUD. Los no alineados deberían re-ubicarse como los anfitriones del pueblo chavista. En especial, de los miles que a pesar de reconocerse furiosos con Maduro o molestos por el rumbo que tomó el proyecto socialista, se resisten a votar por las candidaturas de la MUD. Que el militante chavista y antimadurista sienta que votará a favor de algún partido y no por venganza es clave para sumarlo al cambio. Hay que ampliar y apoyar a la red de aliados; no solo tratar de acaparar votos para la tarjeta de la Unidad.

Abrir conversaciones con los independientes en plena campaña tendrá riesgos. Pero ¿qué perdería la MUD dialogando con los no-alineados? Es probable que los beneficios que obtenga rebasen las expectativas de los escépticos. Que los dividendos de la cooperación son superiores a las ganancias que produce el esfuerzo de un actor solitario está siendo demostrado en Austria. En ese país, naciones con intereses y posiciones brutalmente excluyentes tratan de buscar el consenso, no la obediencia ni la sumisión de los débiles.

Que Irán, un país acusado de violar los derechos humanos y de respaldar la dictadura de Bashar al-Assad así como de financiar a Hezbolá y Hamás, haya sido invitado a las conversaciones por Estados Unidos y Arabia Saudita, sus enemigos acérrimos, es un hecho sobre el que algunos dirigentes venezolanos deberían reflexionar. Por supuesto, establecer la cooperación como estrategia de lucha social es una ruptura con una comprensión tradicional de la política; dado que ese principio supone que los competidores que están en mejor posición de dominio pactan con las minorías y, por lo demás, no se sienten confundidos ni avergonzados por acordarse con sus enemigos para evitar desastres comunes.

Las negociaciones de Viena dan cuenta de la revolución que hay en las ideas y prácticas políticas de Occidente. Sin embargo, en Venezuela algunos piensan que el presente se puede cambiar con prejuicios que pertenecen al pasado. El futuro de la nación no se construirá con una visión política superada, refutada. Lo peor es que esa postura se mantenga a pocos días de unas elecciones que condicionarán el destino de los venezolanos durante la próxima década, por decir lo menos. Evitar el acercamiento entre la MUD y los independientes es cancelar sin argumentos una alternativa que puede vencer el amplio sistema de privilegios con el cual el PSUV competirá en estos comicios.

El contexto en el que se realizarán las elecciones obliga a modificar el enfoque que se ha tenido de las postulaciones independientes. Nunca será tarde para dialogar y corregir; y nunca faltará tiempo para perseguir los acuerdos que en esta hora exige la renovación democrática y pacífica del país. Por lo demás, los ciudadanos de esta sociedad no tienen alternativas: o su liderazgo alternativo intenta algunas alianzas que parecen imposibles o el binomio Maduro-Cabello conseguirá una Asamblea a su medida. Esto es: un parlamento gris, paritario y sin capacidad de convocar y consensuar el cambio.

@aaalzuru


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sábado, 27 de junio de 2015

PSUV ¿primarias para qué?. Por Alexis Alzuru


Alexis Alzuru / El Nacional

Ningún beneficio tiene para el PSUV que Maduro permanezca en la jefatura del Estado. Su gobierno mantiene tales indicadores de rechazo que se encuentra inhabilitado para defender los intereses de ese partido; para no hablar de su incapacidad para proteger los bienes de la república. De allí que su continuidad se haya convertido en un problema para los pesuvistas igual que lo es para los venezolanos. Por supuesto, siempre existe la posibilidad de que el presidente esté desarrollando un peligroso juego personal. Pues sus decisiones sugieren que para fortalecer su posición de negociación estaría debilitando a su partido y permitiendo que el caos y la anarquía se apoderen de la nación. En la debilidad de todos radicaría su fortaleza. A lo mejor piensa que a cambio de detener la ruina de Venezuela, la sociedad aceptará pagarle algún un precio por su retiro pacífico y constitucional. En cualquier caso, es lógico que en la antesala de sus primarias los chavistas se pregunten por el sentido que tiene que Maduro siga en la presidencia cuando ni siquiera ellos desean tenerlo en el partido.

Ahora bien, la gente del PSUV sabe que la renuncia o el revocatorio de Maduro le despejan el camino a Diosdado Cabello; lo cual los coloca frente a otra tarea. Están obligados a limitar el avance de Diosdado Cabello y su grupo de militares al tiempo que deben lidiar con el desfondamiento del gobierno.

No se requiere practicar la quiromancia para anticipar que se avecinan cambios en la estructura del poder del país. El sentido común indica que las condiciones socioeconómicas en las que el pueblo se encuentra son las que determinan la inviabilidad del gobierno de Maduro. En esta oportunidad, la presión la ejerce la realidad que el presidente ha construido con sus propias acciones y decisiones.Que los hechos coloquen el punto final al gobierno no debería sorprender a los directivos rojos, dado que fue el mismo Marx quien sugirió que las condiciones materiales son el límite de la política.

Diosdado Cabello que siempre despreció a Marx, más por ignorancia que por desacuerdo argumentativo, comprendió que su aliado circunstancial tiene los días contados en la presidencia; lo cual explica por qué salió de gira por varios países. Tal vez, Diosdado quería reunirse con los funcionarios gringos que lo están investigando para explicarles lo que, según calcula, sucederá en el país en los meses por venir. Quizás consideró oportuno decirles que se ingresó en transición. Que si bien las parlamentarias se realizarán en la fecha fijada por el CNE, la ruta constitucional le permitirá subir a la vicepresidencia y, luego, con el apoyo de sus amigos de la promoción de la Academia Militar, podrá ponerle la mano a la presidencia de la República hasta el final del período.

Pareciera que la transición del gobierno está negociándose entre unos pocos. La militancia chavista estaría llamada a hacerse sentir en ese proceso. A exigir el lugar que les corresponde como venezolanos y protagonistas de uno de los partidos más importantes del país. Si algún derecho tienen esos electores es la libertad para entenderse con sus adversarios cuando se sienten utilizados por sus jefes. El pueblo chavista deberá aproximarse al opositor para reservarse un lugar en primera fila en las conversaciones que se aproximan. La transición de Venezuela no debería definirla únicamente Diosdado Cabello con una élite de inescrupulosos militares y Raúl Castro.

A lo mejor, para detener a Diosdado Cabello la fórmula más eficaz que tienen los chavistas es abstenerse en las primarias. Para él y los jefes de ese partido las urnas vacías serían un verdadero capazo; un llamado a botón. Sobre todo, los electores del PSUV dejarían muy claro que sus intenciones son convertir el Parlamento en un foro popular para restructurar a fondo el poder en Venezuela. Ellos como cualquier ciudadano no quieren que la Asamblea siga como cueva de corruptos. Por cierto, ¿para votar en las primarias del PSUV qué incentivos tendría el elector chavista que no consigue medicinas ni atención médica en los CDI, pero por los medios se entera de que Héctor Rodríguez para hospitalizar a su esposa contrató 14 habitaciones en una clínica “burguesa” del este de Caracas? De Rodríguez los socialistas apenas recuerdan que era un dirigente de cuarta o, cuando mucho, de tercera categoría; recuerdan que por error llegó a ministro y, además, que su fama siempre fue de estudiante mediocre. Que según se comenta en los pasillos de la UCV, logró titularse por la compasión de algunos de sus amigos docentes que hablaban de lástima al momento de aprobarlo.

@aaalzuru


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sábado, 13 de junio de 2015

Las encuestas que lee Maduro. Por Alexis Alzuru


Alexis Alzuru / El Nacional

El rechazo al gobierno es casi unánime dice Hinterlaces, la única encuestadora en la que el presidente cree. Por cierto, las malas lenguas comentan que Oscar Schemel cada vez que termina los sondeos de opinión se instala en Miraflores y explica cada ítem de su estudio. Esas reuniones las encabeza el propio jefe del Estado. De allí que Nicolás Maduro conozca bien lo que ocurre en Venezuela. Por ejemplo, él tiene información detallada sobre el malestar que en el pueblo producen la hiperinflación, la escasez, la venta regulada y el bachaqueo de los productos de primera necesidad. Está enterado de las angustias que generan la parálisis de la economía y la escalada del dólar paralelo. Por supuesto, está al tanto del estrés en el que vive la gente por la inseguridad.

Que 83% de los ciudadanos considera que con este gobierno los problemas empeorarán es otro dato que el presidente tiene en sus manos. También sabe que el grueso de los votantes está comprometido con las elecciones. Incluso, ha sido instruido de manera suficiente sobre la espectacular derrota que sus candidatos obtendrían en las parlamentarias; pues ha sido informado del apoyo que tiene la oposición y del descalabro del PSUV. El presidente asimiló que su salida del poder está escrita; comprendió que el fin de su gobierno es cuestión de meses.

Nicolás Maduro no desconoce el escenario en el que se mueve. Al contrario, su proceder es resultado de la información que maneja. Él entiende que su mejor arma es dejar que el agua corra y las tensiones se acumulen. Está decidiendo, aun cuando aparenta que está inmovilizado y sordo. Ahora bien, que persiga fines privados no significa que esté de brazos cruzados. De hecho, trabaja para negociar su bienestar una vez que se despida de la presidencia y no en función de lo que el sentido común le exige a cualquier gobernante comprometido con su país.

El presidente requiere ganar tiempo y busca conseguirlo a través de decisiones tibias y atajos que abren la puerta a la anarquía. Su conducta es despreciable; sin embargo, es coherente con sus metas. Lo que no parece coherente es que la agenda de la oposición continúe girando alrededor de los presos políticos, cuando los objetivos de Venezuela son definir la fecha de las parlamentarias y recuperar la Asamblea mediante la mayoría absoluta. Por lo demás, garantizar un triunfo contundente en las elecciones es la única vía para conseguir un juicio justo y la libertad de los presos políticos.

La unidad electoral de los adversarios del gobierno no se logrará con agendas que dividieron a los ciudadanos. Sobre todo, no se conseguirá una avalancha de votos a favor de los candidatos de la MUD sin candidaturas que perfilen un entendimiento entre la militancia que proviene del polo patriótico y la opositora.

Tal vez, Leopoldo López y Daniel Cabellos deberían aprovechar la fuerza moral que han acumulado para presionar a la MUD. Quizá deberían exigirles a sus compañeros que algún porcentaje de las candidaturas se defina en diálogo con la más amplia red de instituciones y organizaciones comunales, educativas, sociales y laborales. El sacrificio que se les reconoce podría convertirse en la llave que se necesita para transformaren un acuerdo nacional una alianza que hasta ahora resulta limitada por su carácter exclusivamente partidista.

Hay que aprovechar el tiempo para ampliar la representación de la oposición, no para personalizar la lucha que la nación tiene contra el gobierno. La victoria de la oposición en las parlamentarias es un fin valioso en sí mismo. Por igual interesa a todos los adversarios de la cúpula oficialista con independencia de sus posiciones ideológicas y procedencia social. Lo relevante es que cada individuo que forma parte del 80% que repudia la actuación de Maduro y su club de cómplices tiene razones de mucho peso para querer derrotarlos. Por lo cual, ninguna persona, grupo o partido debería pretender que sus motivos se prioricen por encima de las consideraciones del resto. De lo contrario, resultará difícil solicitar el apoyo y los votos de aquellos cuyas opiniones y motivaciones son relativizadas, despreciadas.

@aaalzuru


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