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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Pobreza planificada adrede. Por Ernesto Garcia Mac Gregor


La verdadera riqueza de un país no se mide en términos del dinero que le ingrese por su petróleo, sino en función de la potencialidad laboral, intelectual y moral de sus pobladores

Ernesto Garcia Mac Gregor / La Verdad

Está demostrado que lo regalado atrasa. Hace muchos años, cuando existía el Imperio de Su Majestad, los ingleses hicieron un experimento social. Llevaron de manera gratuita todos los recursos materiales necesarios a cierta región de la India donde la hambruna diezmaba a la población. Al principio, el experimento socioeconómico tuvo éxito, pero al cabo de una década, los que debían morir de hambre o de otras desgracias, sobrevivieron y el crecimiento indiscriminado de la población y de sus necesidades hizo que los pobres y sus penurias se duplicaran. La moraleja es que hay que enseñar a pescar y no regalar el pescado.

Es lo que ha ocurrido en Venezuela; a medida que más dinero entra, más pobres hay. Según el Instituto Nacional de Estadística el porcentaje de hogares que vive en situación de pobreza pasó de 21 a 32 por ciento, y el indicador de pobreza extrema se incrementó de 7,1 en el 2012 a 9,8 por ciento en el 2013.

La explicación es que mientras en los países industrializados, cualquier inversión de tipo social se refleja en un aumento de la productividad, en los nuestros, el reparto gratis, por su carácter populista, electorero y proselitista, lo que acarrea es mayor pobreza. Para colmo de males, lo mejorcito de nosotros emigra (un millón de universitarios), al tiempo que todos los pobres de los paupérrimos países vecinos quieren invadirnos atraídos por la piñata populista bolivariana.

¿Pero por qué arruinar al país? Lo explicó Fidel al difunto cuando le aclaró que para mantener a Cuba por ejemplo, se necesitaban solamente unos cuatro mil millones de dólares al año. “Más de eso ‘estorba’, la gente empieza a vivir bien y se acaba el discurso de la pobreza”. Esa es la explicación del por qué las empresas básicas del país han sido quebradas premeditadamente y no exista la producción privada, para que nada estorbe al comunismo imperante.

La verdadera riqueza de un país no se mide en términos del dinero que le ingrese por su petróleo, sino en función de la potencialidad laboral, intelectual y moral de sus pobladores, que ha sido puesta en estado de sopor profundo por el populismo embrutecedor. Que oiga quien tiene oídos…


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