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sábado, 7 de marzo de 2015

Explosivos para el desastre. Por Francisco Olivares


FRANCISCO OLIVARES | EL UNIVERSAL

A pesar de que Caracas ya luce como una ciudad devastada, el chavismo pareciera vivir en una pequeña burbuja de máxima felicidad, donde ese aspecto demacrado, de noches silenciosas y calles vacías, desaparece detrás de los vidrios ahumados y el blindaje de los vehículos del poder.

La madrugada del 5 de marzo nuevamente retumbaron las paredes de los hogares venezolanos con sonoros petardos para recordarnos que "Chávez vive" y para imponer la idea de que el tiempo de su mandato habrá de extenderse en la eternidad, ahora con la conducción de Nicolás Maduro. Los costosos explosivos desplegados que hicieron saltar de la cama a más de un desprevenido anunciaban la celebración de un legado del que ya nadie encuentra algún beneficio y ha convertido al ciudadano en un ser pasivo que apenas se mueve para sobrevivir.

Nunca hemos sufrido una guerra como la que padecen algunos países árabes, o las matanzas fraticidas que devastan pueblos enteros en países africanos, pero el paisaje caraqueño comienza a tener semejanzas con aquellos lejanos poblados donde se ha impuesto el horror. En la noche la ciudad sucumbe para reaparecer en el caos anárquico donde se impone el más fuerte y que convive con la gran masa de rostros resignados de la pobreza que se agolpa en las extensas colas de gente que busca productos básico movidos por la necesidad y una alta dosis de resignación.

Podría decirse que el socialismo del siglo XXI ha triunfado y el presagio de varios líderes del chavismo, que comprendieron que la mayoría del pueblo venezolano debía seguir siendo pobre, porque allí está la fuerza del poder del chavismo, se ha consolidado como una verdad "irreversible".

Desde casas amuralladas que se levantan en las urbanizaciones de clase media y alta, al menos tres nuevas "fechas históricas" por mes sirven para convocar a una celebración que hace olvidar momentáneamente en dónde estamos.

El 4F, 27F el 5M sirven para crear héroes míticos aunque jamás sumaran un éxito tangible en la larga lista de batallas imaginarias, algún beneficio para la gente o una obra significativa.

Lo que sí es tangible es que Caracas está calificada como una de las ciudades del mundo con menor calidad de vida, y como una de las más violentas. La consultora Mercer, recientemente publicó su estudio de 2014 en el que ubica a Venezuela en el puesto 176 entre 223 ciudades estudiadas en el mundo. Compartimos ese sitial con las peores ciudades de África y ya nos encontramos entre las 4 perores ciudades del continente.

Son calificaciones que ya no sorprenden porque ya nadie abriga algún cambio que mejore la calidad de vida o la seguridad del ciudadano. Nuestros propios índices, año tras año anuncian una ruina que no se detiene. ¿Y el gobierno? Cada vez que aumenta el paralelo crecen las fortunas de una elite privilegiada.

@folivares10


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