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viernes, 25 de julio de 2014

Sacrificio inútil. Por Argelia Ríos


La anomia que sufre Venezuela es el colapso de un modelo

ARGELIA RÍOS | EL UNIVERSAL

Todo pasa por la corrupción. No habrá medidas económicas exitosas si el Gobierno no muestra una decidida voluntad política para erradicarla. Son demasiado gruesos los volúmenes de recursos que se escapan por esos pestilentes desaguaderos. Las mafias que hormiguean alrededor de los controles son las peores enemigas de las rectificaciones que Maduro está obligado a emprender para poner un mínimo orden en las cuentas nacionales. Las limitaciones financieras del país no admiten la convivencia del régimen con estos sectores. Mientras ellos continúen perforando el erario venezolano, los recursos, cada vez más limitados, siempre serán insuficientes. Solo una pudrición muy extendida puede explicar las razones por las que llegamos a este punto: todo cuanto padecemos hoy los ciudadanos es una consecuencia directa de esa fermentación en la que burbujea la ineficiencia y la desidia.

Ningún ajuste económico dará resultados si las autoridades desatienden ese tramo esencial del problema. La anomia que sufre Venezuela es el colapso de un modelo que solo ha estimulado la conformación de pandillas parasitarias, cuyos integrantes, aún hoy -en medio de la emergencia- arañan los restos que van quedando en el fondo de la botija pública, desprovistos de cualquier fidelidad con el país y con el propio futuro de la revolución. Desde sus núcleos se ejerce una fuerte presión para impedir el llamado "sacudón": la crisis no ha minado su afán depredador y, al contrario, parece haber producido una desenfrenada y febril voracidad. Las dificultades con que se ha topado Maduro para proceder a la unificación de los fondos en dólares son un fiel reflejo del problema: los grupos que los administran forcejean para mantenerlos bajo su dominio, del mismo modo como batallan quienes regentan los diferentes mecanismos de administración de divisas, para impedir la prometida unificación cambiaria.

Si Maduro no enfrenta con decisión a las parcelas incrustadas en el organigrama del Estado, ningún programa de estabilización rendirá frutos: cualquier cosa que se haga para capear el temporal no pasará de ser un sacrificio doloroso para la gente, sin que éste haya valido la pena. Someter a los ciudadanos a un ajuste destinado anticipadamente al fracaso es, de hecho, una de las inquietudes anidadas en el seno del chavismo crítico, para el cual resulta evidente que la corrupción hará colapsar también cualquier intento de corrección... El problema es la debilidad del liderazgo de Maduro, cuya dependencia con esas camarillas tóxicas se hace cada vez más evidente a los ojos de un país que ya comienza a preguntarse por qué no termina de actuar para detener este descenso atropellado por el precipicio. Las razones, sin embargo, son elocuentes. No hay hueso sano.

@Argeliarios



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viernes, 27 de junio de 2014

Maduro, un ave de paso. Por Argelia Ríos


Para los aspirantes a relevarlo sería vital que Maduro haga el trabajo sucio del ajuste

ARGELIA RÍOS | EL UNIVERSAL

Chávez habría aplicado el más brutal de los ajustes económicos sin necesidad de rendirle mayores cuentas al país. Quienes hoy embisten a Maduro por invocar un pragmático recetario fondomonetarista, no le hubieran chistado al comandante. Al contrario, estuvieran exaltando su ingenio para mercadear la estafa. Hasta Giordani lo habría aclamado por su brillante reinterpretación del "Plan de la Patria", a través de la cual el rudo catálogo "neoliberal" en ciernes quedaría sellado ante los auditorios rojos como un deslumbrante "movimiento táctico", imprescindible para avanzar más tarde hacia un "salto adelante" en el socialismo "a la venezolana".

Los "viudos del modelo" que hoy se enfrentan a Maduro son dolientes negados a superar el desconsuelo causado por la muerte de Chávez. Son gentes alteradas por las señales del ocaso del "proceso" y confundidas, también, por las muy extrañas circunstancias en que se dio la escogencia del inefable sucesor del líder único: una figura inferior, cuyo inmerecido ascenso solo encontraría explicación -según el comadreo endógeno- en un cálculo donde "el heredero" apenas tendría el carácter de una efímera "ave de paso".

En las intrigas internas se asegura que ante la ausencia del comandante cualquiera que hubiere sido su sucesor inmediato habría resultado aplastado por el efecto erosivo de las comparaciones. Por eso, habría sido obligante sacrificar a un perro fiel de pobre equipaje personal, para resguardar a otros mejor dotados, en la espera de que figuras superiores a Maduro (¿?), y llegado un momento límite, encararan el desafío de recuperar lo que sin duda -con o sin Maduro- se perdería en los meses más previsiblemente complejos que sobrevendrían tras la desaparición del difunto.

El "momento límite" -ese que correspondería al instante en el cual la decadencia de los respaldos populares colocaría al "proceso" ante una ruina insalvable- es, de hecho, la inquietud que requema al elenco revolucionario, incluyendo a quienes se han puesto del lado de Maduro en esta cuita contra la ortodoxia ideológica. Para los aspirantes a relevarlo sería vital que Maduro haga el trabajo sucio del ajuste, aunque con ello se iniciara la dolorosa y angustiante cuenta regresiva de su presencia en Palacio.

Dotados ahora de un poder que supera al que Chávez les concedió, los milicos siguen de cerca el jaleo. Ellos también juegan y serán clave en esta historia, porque son los que mandan: de la FANB dependerá cualquier plan B al que la revolución eche mano si el viraje estimulara un deslave... Sí, es cierto: la oposición no tiene vela en ese entierro, pero bien le vendría acumular méritos para obtener una que le permita al menos influir en esas dramáticas eventualidades.

@Argeliarios



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viernes, 20 de junio de 2014

La tragedia de Maduro. Por Argelia Ríos


¿En verdad la salida del "monje" libera a los pragmáticos de las presiones de la ortodoxia?

ARGELIA RÍOS | EL UNIVERSAL

Traerá consecuencias la carta de Giordani? ¿Qué tan profundas serían? ¿Impactarán sus señalamientos el ánimo de las bases revolucionarias? ¿Se harán ellas más ariscas frente al "heredero" y su programa de estabilización financiera? ¿En verdad la salida del "monje" libera a los pragmáticos de las presiones de la ortodoxia? ¿O acaso la desmejora del clima interno en el oficialismo problematizará aún más la adopción de las medidas? ¿Tienen los viudos del "modelo" la fuerza y la influencia suficiente para seguir complicando el viraje, o son ellos sólo la expresión de fracciones sin ascendientes de importancia?

¿Puede Rafael Ramírez emprender el ajuste económico que se ha propuesto? ¿Logrará Maduro liderar el dramático giro que las circunstancias le están imponiendo? ¿Posee el piso político para avanzar en esa dirección? ¿Cómo hará para mercadear su reforma sin contar con los atributos didácticos de su antecesor? ¿Cuán erosionada está su plataforma de respaldo político? ¿Su consistencia guarda armonía con el exigente momento? ¿Logra cubrir las fallas del debilitado apoyo popular? ¿Qué tan decididos están sus aliados a acompañarlo en la aventura del golpe de timón? ¿Son ellos suficientes para garantizarle estabilidad? ¿Tienen autoridad entre el chavismo desmelenado de la calle? ¿Están acreditados para ayudar? ¿Querrán hacerlo aunque la tarea implique colocarse de espaldas a todo cuando se ha predicado?

¿Cómo encarará la clase política bolivariana el riesgo de una depreciación del "proceso", por causa del paquete de ajuste? ¿Qué cosa estaría dispuesta a hacer con tal de evitar que Maduro termine dilapidando toda la herencia del comandante? ¿Convendrán sus exponentes en sacrificarlo? ¿Terminará este affaire bolivariano como culminó el aparatoso conflicto de AD con CAP y su controvertido paquete? ¿Llegarán tan lejos? ¿Cómo maniobrarán si la crisis se agudiza? ¿Qué opciones valorarán para intentar salvar al sistema si llegare el caso de un contratiempo extremo? ¿Por qué se anticipan señalando que la revolución no soportaría cinco años más con Maduro a la cabeza? ¿A qué obedece tanto pesimismo?

¿Qué están vislumbrando esos cuadros encumbrados de la revolución que, respaldando el pragmatismo del "heredero", ya preparan sus equipos para aspirar a relevarlo? ¿Es tan firme la sospecha de un fracaso? ¿Hasta cuándo estarán dispuestos a sostener al "sucesor"? ¿Cuál será la señal que les convencerá sobre la conveniencia de pasarlo a retiro? ¿Sabe "el heredero" que ya nadie es del todo confiable? ¿Sabe que se refieren a él como a una figura prescindible? ¿Sabe que le han dado una oportunidad cuya fecha de vencimiento la definirá la tolerancia del país chavista frente al plan económico?

Sí, Maduro vive una tragedia...

Argelia.rios@gmail.com / @Argeliarios



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viernes, 9 de mayo de 2014

Maduro patea la mesa. Por Argelia Ríos


El país sabe que es Maduro quien escurre el bulto y trata de abortar la visita de Parolin

ARGELIA RÍOS | EL UNIVERSAL

Este no es el diálogo que el país esperaba. A un mes de su inicio, nada indica que ocurrirán rectificaciones de fondo; no al menos en esta etapa. Ni siquiera la desesperación de la gente ha conseguido suavizar la soberbia del régimen: día tras día, sus autoridades demuestran que han perdido todo contacto con la realidad. El poder y sus usufructuarios viven en un mundo aparte, en un circuito cerrado donde las calamidades de los ciudadanos son historias lejanas.

Transcurridas estas cuatro semanas, los venezolanos han constatado que la convocatoria no ha sido más que un truco de Maduro en procura de ganancias inferiores, que no guardan relación alguna con la vida apesadumbrada del pueblo de a pie. El fracaso es tan monumental que hasta las ganancias contabilizadas en su favor están siendo relativizadas en los laboratorios del "proceso", donde las dudas escalan los peldaños más altos, ante la ominosa ineficiencia del Estado bolivariano. Ni los gestos de buena voluntad expresados por los empresarios y la oposición dialoguista han sido aprovechados: el desastre tiene vida propia, como la tiene el desencanto y el malestar extendido entre la población.

Una mirada al cuadro completo que presenta la Venezuela de hoy nos advertirá que no es cierto que Maduro haya logrado atenuar la crisis, porque ella es expresión de un conflicto social cuya evolución sigue su curso letal. Las tensiones que forzaron el diálogo no sólo siguen palpitando con fuerza, sino que se han incrementado al ritmo en que se diluye el anhelo de un cambio de rumbo. Poco a poco el país asimila que es la irresponsable terquedad de "la sucesión" lo que nos ha empujado hacia el precipicio.

El fracaso que la gente le adjudica al diálogo, por causa de la altanería de la nomenclatura, se añade ahora a las otras muchas frustraciones acumuladas; un desengaño que les confirma el origen de esta pesadilla en la que se mezcla el empobrecimiento vertiginoso de todos, la limitación de los más elementales derechos civiles y la represión monstruosa que condena a nuestros estudiantes a ocupar en las cárceles el lugar que corresponde a las delincuencia enseñoreada, cuando no a sus propios carceleros.

Esos cientos de jóvenes detenidos y esos casi dos mil que la revolución procesa judicialmente, tienen millones de dolientes que están viendo cómo se patea la mesa de diálogo en la que más de un 80% de venezolanos ha puesto sus esperanzas... Pero se trata de una prueba de resistencia; de un duro pulseo para atribuirle al contrario el costo que significaría levantarse. Por suerte, el país sabe que es Maduro quien escurre el bulto, que es él quien trata de abortar la visita de Parolin, enviado especial del Vaticano. También en el diálogo, el que se cansa, pierde.

Argelia.rios@gmail.com / @Argeliarios



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viernes, 14 de marzo de 2014

Represión outsourcing. Por Argelia Ríos


El régimen no quiere un diálogo entre iguales: los estudiantes tienen la fuerza para imponérselo

ARGELIA RÍOS | EL UNIVERSAL

El mundo ya ha visto la desesperación de los estudiantes y ya ha constatado su agobio. Ya sabe que la juventud venezolana se ha lanzado con arrojo a las fauces de sus salvajes represores, del mismo modo como tantos miles de cubanos se han arrojado al mar infestado de tiburones. La revolución de Maduro está ahora expuesta en las vitrinas internacionales con todas sus miserias al desnudo. Ha quedado revelada como una satrapía inescrupulosa, cuya defensa descansa en el trabajo sucio de los grupos de exterminio. Lo que ocurre en Venezuela ya no causa indiferencia, porque ha sido demasiado evidente la liquidación de todas las formas de convivencia respetuosa.

Convertida en una outsourcing internacional contratada para el ejercicio de la violencia dentro del Estado revolucionario venezolano, Cuba ha introducido en él los elementos cismáticos que hoy nos separan tan dramáticamente. A los Castro les debemos el abajamiento de la política, que llegó de la mano de la aniquilación del sentido de las palabras y, con ella, de la discrepancia civilizada entre opuestos. A ellos les debemos la innoble inoculación del odio y la confiscación de la ciudadanía a quienes hoy solo exigen su derecho a ser y a existir. Lo que hemos presenciado en el transcurso de este mes es una secuencia estremecedora de actos de desesperanza; una demostración suficiente de que el país necesita con urgencia la restitución de la cordura que los cubanos nos han arrebatado.

Hacia allá debe ahora encaminarse el movimiento estudiantil: hacia una resistencia que reclame con determinación un diálogo desprovisto de vicios y de cartas marcadas. Uno que, en sí mismo, ya sea expresión de una decidida resistencia contra los modos cubanos que han pretendido "amansar" -como lo ha dicho Maduro- a quienes aspiran una Venezuela distinta... Si el Gobierno no quiere convencer con argumentos, porque los suyos se han devaluado y porque los ha sustituido con las balas, les toca a los jóvenes ondear las banderas de la unidad nacional, en un movimiento que interpele al poder para reclamarle su intención de domesticar, como a bestias, al país que le reclama.

Sí, resistir es sacudirse la resignación; es atizar el espíritu para que en él no tenga cabida la docilidad; es vapulear todo atisbo de sumisión y renuncia y estar en la calle sin descanso. Pero resistir es también pensar para ordenar adecuadamente las ideas y hacer de ellas el asiento que conecte con la victoria y el éxito sostenible. El régimen bolivariano no quiere un diálogo sincero ni entre iguales: los estudiantes tienen la fuerza moral para imponérselo; solo ellos pueden erradicar los métodos cubanos que le aconsejaron a Maduro el amansamiento y la supresión.

Argelia.rios@gmail.com / @Argeliarios



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viernes, 11 de octubre de 2013

Los Chávez en el diluvio. Por Argelia Ríos


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No es difícil imaginar las intranquilas divagaciones de la familia del comandante

ARGELIA RÍOS | EL UNIVERSAL

No es difícil imaginarlos. Al fin y al cabo, llevan el apellido del comandante. Para bien y para mal, el hecho representa un compromiso. El clan de los Chávez también posee una responsabilidad en la preservación del legado del fundador del "proceso". De alguna manera, todos los miembros de la familia han de sentirse como los custodios más genuinos de su memoria. Digan lo que digan, son ellos los verdaderos herederos. A siete meses de la desaparición física de su insigne pariente, cada uno de los Chávez debe tener una valoración del modo como están evolucionando las cosas en el país. Durante catorce años estuvieron muy cerca del "eterno" y, con seguridad, conocieron mejor que nadie sus últimas inquietudes. No es improbable que a estas alturas ya se hayan conformado un juicio crítico sobre la administración sucesoral y sobre la dolorosa pertinencia de las preocupaciones que sobresaltaban al presidente en sus últimos suspiros.

No es difícil imaginar a los Chávez reunidos en un almuerzo dominical, evocando los viejos tiempos y haciendo comparaciones entristecidas entre el ayer y el presente de la revolución. Como el pueblo llano que hoy observa su ocaso, la familia debe resentir también de la decadencia en que se está hundiendo el sueño del comandante. Aunque todavía forman parte esencial de la nomenklatura -porque llevan el mismo apellido sobre el cual se sostiene el inefable Maduro-, ninguno ha de estarse tomando como parte de este aparatoso descalabro. Ni siquiera Arreaza, a quien, en plan de deudo directo, le fue encomendada la vicepresidencia. Quizás él representa los ojos y la voz del clan, al mismo tiempo que el "gallo tapado" al que le correspondería saltar hacia el ruedo si las circunstancias lo exigieran. Es obvio que María Gabriela no da para esta historia en la que más bien es su cuñado el que luce bien dispuesto a escribir sus propias líneas.

No es difícil imaginar las intranquilas divagaciones de la familia del comandante. Ha de ser una pena que el nombre del difunto quede vinculado a un desastre. El diluvio del que Chávez habló tantas veces -parafraseando al "Après moi le déluge, de Luis XV- nada tiene qué ver con éste en el hemos recalado de la mano de su propio ungido. Las tempestades que el comandante imaginaba no ocurrirían sino en el contexto de un gobierno de "la derecha". Por eso sería natural que en este instante el clan de los Chávez piense en el peligro de un atornillamiento de Maduro conseguido por la vía represiva. No es un imposible que, en algún momento, toda la familia conviniera en hablar, para impedir la absoluta bancarrota del "proceso". Con certeza, Arreaza haría una parte de la tarea de advertir que "así, así, así no se gobierna".

Argelia.rios@gmail.com Twitter @Argeliarios


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viernes, 4 de octubre de 2013

Maduro, go home. Por Argelia Ríos


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Para el pueblo bolivariano la crisis es la certificación de que las cosas van mal

ARGELIA RÍOS | EL UNIVERSAL

Es una torta con todos sus ingredientes. La está poniendo Maduro, cuyo logro distintivo es haber reducido el legado de Chávez a una velocidad trepidante. Las bases revolucionarias están crujiendo. Entre ellas crece la exasperación y el desafecto. Si el comandante tuvo una relación "místico-religiosa" con el pueblo, la de su "ungido" está signada por el desencanto y la vergüenza.

El país bolivariano, junto al resto de la sociedad, se pregunta qué fue lo que Chávez vio en esa figura errática a quien le encargó el destino de Venezuela. El "presidente eterno", dicen, ha debido estar muy mal cuando adoptó la decisión: seguramente se equivocó en su buena fe; o tal vez lo engañaron con artilugios que no pudo sofocar por causa de la debilidad que lo afectó en sus últimos días.

Los viejos chavistas -negados con furia a reconocerse como maduristas, lo que ya es mucho- se ufanaban de contar con un líder como el comandante: a él le atribuían dones inequiparables. Eran los tiempos en que el oficialismo se mofaba de la dirigencia opositora porque ninguno de sus exponentes calzaba la talla del "supremo". A todos se les trataba con envalentonada socarronería; como a "moscas" minusválidas ante la majestuosa superioridad del águila reina.

Al "eterno" se le admiraba de un modo frenético; se le consideraba único y excepcional. Su corte de seguidores hablaba de Chávez con vanidad y pedantería. Con Maduro, en cambio, todo es diferente: lo que él genera es exactamente lo contrario: una pena ajena, un trágame tierra de incredulidad, una adolorida turbación que proyecta seis años largos e insoportables... Poco a poco el país consigue unirse: lo une el lamento, la sensación compartida de agonía y la certeza creciente de que "esto no puede seguir así".

Las bases del chavismo crepitan de descontento y sus ecos amenazan con reventar al PSUV y al Gran Polo Patriótico, donde -lejos de las cámaras y de las luces- arde la impotencia y el pasmo. Maduro es el malquerido del bolero. La representación de una extravagancia insustentable.

No, "el heredero" no está siendo subestimado. La verdad es que no inspira afecto ni autoridad entre los suyos, que, a diferencia del país opositor -blanco de una ruda represión continuada-, no le temen al gobierno ni a sus fuerzas de choque. Para ellos, el "proceso" ha significado libertad y emancipación, y la violencia con la cual se ha neutralizado a los adversarios del régimen, no los inhibirá de actuar cuando se haya agotado su paciencia. Para ese pueblo bolivariano la crisis no es una bendición, sino la certificación de que las cosas van mal y van incrementándose los motivos para decir "Maduro, go home". Al fin y al cabo, también de eso se trata el empoderamiento.

Argelia.rios@gmail.com y @Argeliarios


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viernes, 6 de septiembre de 2013

El contraataque de las iguanas. Por Argelia Ríos



Estamos montados en una bomba de tiempo y que su "tic tac" lleva el ritmo de un potencial hartazgo

ARGELIA RÍOS | EL UNIVERSAL

En el reino de las mentiras se trabaja para que hasta las verdades más cristalinas suenen inverosímiles. A eso sigue jugando el régimen en su intento de que los venezolanos desarrollen percepciones irracionales acerca de la realidad. Los gobiernos mitómanos comienzan con "mentirillas blancas" que obligan a una incesante y estrafalaria reproducción de falsedades... Sin embargo, la impulsividad de esta vorágine de dobleces sólo puede detenerse cuando los trastornos producidos por ella rozan la fatalidad que hoy describe la depauperación de Venezuela.

Esa tragedia -que para muchos tocó fondo hace rato- aún no es sentencia firme para una porción de la población, desde donde, por fortuna, se ha iniciado un clarísimo reencuadre que a los caraqueños nos cuesta detectar. La provincia, créanlo, la pasa bastante peor que nosotros, a quienes el gobierno nos profiere el trato propio de las "ciudades estratégicas", en detrimento del resto del país.

De ese modo se lo he explicado a un primo de Tunapuy -situado en las profundidades del estado Sucre, si acaso Maduro no lo supiera- que, junto a su familia, me visita por estos días y con quien he practicado una nueva modalidad de "turismo de aventura": la aventura de conseguirle -a precios regulados- harina pan, mantequilla, papel higiénico, pasta, café, leche en polvo, medicinas y artículos básicos para la higiene personal. Todo empaquetado prolijamente para que quepa en el autobús de regreso a un pueblo donde, como en otros, no se consigue sino carestía y oscuridad. Según mi primo, el apagón del martes en Caracas fue "nada en comparación"... "porque nosotros sí que la pasamos mal"...

El malestar que se anida en las ciudades, pueblos y caseríos más deprimidos del país, no es muy diferente al capitalino, pero -visto con los ojos de un burócrata- sí es más inofensivo. La insalubre hiperdependencia de la gente con el Estado es lo que marca la diferencia... Pero es obvio que estamos montados en una bomba de tiempo y que su "tic tac" lleva el ritmo de una potencial coincidencia del hartazgo de Caracas con el de la provincia.

En lo que fue una peripecia clásica de incompetentes irreparables, la señora Rodríguez -nueva ministra de información y vocera del tosco parte oficial emitido a propósito del apagón- se explayó con un rosario de adjetivaciones, proyección inequívoca de descaro y culillo ante el acechante fantasma del 27-F, que la revolución -engreída en sus "logros"- no ha podido diluir. Según la funcionaria, el apagón fue extraño, sospechoso, abrupto e inesperado: "un golpe", dijo Maduro; "un sabotaje", en versión de Rodríguez Torres... "Un contraataque de las iguanas", según mis visitantes, que ya no comen cuentos, aunque provienen de territorio rojo-rojito.

Argelia.rios@gmail.com / @Argeliarios


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viernes, 26 de julio de 2013

Maduro, el peor error de Chávez. Por Argelia Ríos



Argelia Ríos

Todavía no entienden que los tiempos de siembra no son los mismos que los de la cosecha. No se percatan de que es la actuación reposada de Capriles lo que continúa perforando los cimientos del oficialismo, la única manera de que la oposición se consolide como una mayoría amplia e invulnerable al fraude. Algunos opositores siguen mirándose el ombligo: creen tener la razón, aunque todo indique que la conducta del excandidato -y el contraste que con ella ha estimulado- le está generando ganancias gruesas a la causa democrática.

Es increíble que el país revolucionario haya comenzado a ver en Capriles lo que otros le escamotean desde las propias trincheras de la Unidad. La ignorancia, la incomprensión, la mezquindad y el cálculo personal se dan la mano para desconocer que sólo él encarna hoy la aspiración de cambio que se ha venido extendiendo entre todos los estratos sociales, donde se le valora justo por las razones que provocan las críticas de los impacientes. No hay otro que se le equipare y no hay tiempo para cambiar de caballo a esta altura avanzada de la carrera.

El civismo que ha caracterizado el desempeño postelectoral de Capriles le ha dejado ver al pueblo revolucionario que sus intenciones no se parecen en nada a las que proclaman las voces del oficialismo. Las discrepancias entre lo que él hace y todo aquello de lo que se le acusa, está minando la credibilidad del régimen, cuyos dirigentes enfrentan hoy a una masa arrepentida de no haberle dado la oportunidad al cambio y pesimista ante la conducción de Maduro. La desilusión causada por la decadencia en que se haya hundido “el proceso”, representa la clave del remordimiento que está tomando cuerpo entre quienes aceptaron cumplir la última voluntad del comandante.

Transcurridos 100 días desde el 14-A, Capriles se ha reafirmado como una esperanza hasta para un segmento creciente de lo que fue el chavismo, mientras Maduro está convertido en una pesada equivocación; en el peor error del comandante. Si los seguidores de Chávez pensaron que su muerte significaba el fin de la revolución, ahora ya no tienen rastros de dudas, porque el “heredero” no ha sido capaz de demostrarles lo contrario. La certeza de que todo ha culminado -y de que “el chavismo sin Chávez” no resolverá los viejos ni los nuevos problemas-, además de la comprobación de que Capriles no es el monstruo ambicioso de la etiqueta propagandista, han estimulado la propagación del arrepentimiento y el deseo, cada vez más extendido, de que Venezuela emprenda un camino diferente.

Las cosas marchan bien para la oposición. Quien diga lo contrario, no sabe de lo que habla. Ni sabe cómo es la dinámica que concluye en la irreversibilidad de un cambio.

Argelia.rios@gmail.com

Twitter @Argeliarios


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viernes, 7 de junio de 2013

La estrategia de Capriles. Por Argelia Rios @Argeliarios

Depende es de la consolidación de la oposición como una alternativa incontrovertible...

ARGELIA RÍOS | EL UNIVERSAL

Capriles lo sabe y está tratando de hacérselo ver al electorado democrático. El momento de la estocada final todavía no ha llegado. El líder de la oposición venezolana -a quien no se le enredan los cables cuando le toca encarar situaciones embarazosas- lo ha dicho apelando a la cortante sinceridad con que suele abordar los asuntos más complicados. Cuando señala que aún queda un trecho por recorrer, lo hace consciente de que la impaciencia y la incomprensión de muchos podría derrumbar todo el camino construido.

Quienes aspiran a derrotar a la cleptocracia revolucionaria, deberían recordar los daños que le han ocasionado las jugadas adelantadas, sustentadas más en voluntarismos viscerales que en la objetiva consideración real de las correlaciones de fuerza entre los polos que dividen al país. Cometer el mismo error resultaría una tragedia... La verdad es que Capriles actúa como un relojero, buscando la precisión de sus actuaciones, para hacerlas coincidir, acompasadamente, con el clímax de una crisis que terminará transformando al cambio, no en un anhelo del país opositor, sino en un clamor nacional, en el cual esté sumado el propio país chavista.

El desenlace que tantos están esperando está en plena evolución: lo que hoy vemos es un proceso de desempate entre un par de moles cuyos respectivos pesos todavía resultan demasiado parejos como para ascender un nuevo escalón. La acumulación de frustraciones y desengaños en el campo popular de la revolución dictan el ritmo de esa realineación que, sin duda, irá expresándose en las urnas electorales, el único instrumento para conocer con exactitud la profundidad del barajo que está ocurriendo en la correlación de fuerzas. Por eso el gobierno estimulará la abstención de sus contrarios.

Al encabezar la convocatoria para participar en las municipales de finales de año, a pesar de la impugnación de la jornada del 14-A, Capriles no se está contradiciendo a sí mismo, como piensan los ingenuos y los más acalorados. Al contrario, está mostrando que es un político de acero, con dominio absoluto de la coyuntura y del norte hacia donde se dirige. No hay discordancia alguna, porque el trayecto que queda ni siquiera depende de la fría sentencia del TSJ, ni mucho menos de un CNE del cual sólo debemos esperar nuevas vejaciones. De lo que realmente depende es de la consolidación de la oposición como una alternativa incontrovertible y de la transformación del cambio en una urgencia por la que implora la nación entera. No basta ser una oposición con mayoría electoral, como ya lo es, pero revalidarse como tal -votando con indignación y buscando crecer lo más que se pueda-, es indispensable para alcanzar la condición de mayoría nacional: ésa que sí estará entonces lista para completar la faena.

Argelia.rios@gmail.com / Twitter @Argeliarios




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viernes, 24 de mayo de 2013

Mario y Diosdado: hijos de la misma sordidez. Por Argelia Rios @Argeliarios

La nueva cúpula, en cuyas manos la revolución dejó de ser un proyecto de redención social

ARGELIA RÍOS| EL UNIVERSAL

No es una novedad. Lo sabemos desde hace mucho rato: la revolución es un nido de alacranes, como lo admitió una vez el general Alberto Müller Rojas, alarmado por la descomposición que progresaba en los entresijos del poder. Desde el ascenso de Chávez no pasó demasiado tiempo para que fermentaran las peores desviaciones. Nadie puede decir hoy que el comandante estuvo al margen de ese proceso de putrefacción: él mismo solía ufanarse de saberlo todo y fue él quien inauguró un modo de conducirse que no tardó en ser reproducido por sus adláteres. Su estilo pendenciero, un sello personalísimo, fue adoptado por la vocería bolivariana y sus aplaudidores que, durante años, han exhibido sin pudor la vulgaridad y la arrogancia calcada del gran hegemón... El dato nunca pasó desapercibido: el propio José Vicente Rangel habló del cese de la "hipocresía del poder", para encomiar las formas perdularias adquiridas por "el proceso"... El Mario Silva que los venezolanos han conocido fue y seguirá siendo un símbolo de los modales del proyecto bolivariano, cuyo jefe lo tuvo -hay que recordarlo- como el ejemplo del "periodismo necesario" del que tantas veces habló en plan de aleccionamiento.

La revolución devino en lo que es porque Chávez nunca se ocupó de que fuera algo distinto. Los autócratas suelen permitir que prospere la corrupción y la intriga a su alrededor, porque éstas son el cemento con el cual se construyen las lealtades más sólidas e inmorales. No sería extraño que Chávez acumulara cartapacios de pruebas contra sus colaboradores: alguien debió heredarlos, tal vez María Gabriela, o cualquier otro miembro de la familia, cuya protección dependerá de esos archivos puestos a buen resguardo, si acaso existieran... La devastación de los mecanismos de control del Estado no podía sino generar las condiciones para que "el proyecto" terminara siendo un intento fallido. En la búsqueda de la fidelidad absoluta se desintegraron las buenas intenciones que mucha gente le adjudicaba al comandante. La podredumbre es la consecuencia inevitable de aquello a lo que Chávez le asignó la principal importancia: la obediencia absoluta, de la que fue ejemplo Mario Silva, junto al propio Diosdado Cabello, aunque ambos la ejercieran según sus propios protocolos. El conductor de La Hojilla no lo entiende y se siente superior, pero es obvio que tanto él como el presidente de la AN son hijos de la misma sordidez. Ninguno es mejor que el otro, porque los dos son expresiones de la obscenidad y la degradación.

La corrupción y el latrocinio fueron los ejes capitales a partir de los cuales se conformó la nueva élite del poder: la nueva cúpula podrida, en cuyas manos la revolución dejó de ser un esperanzador proyecto de redención social.

Argelia.rios@gmail.com T: @Argeliarios



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