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domingo, 8 de marzo de 2020

Sanciones, sanciones… me suenan. Por Luis Vicente León


Repito esta historia trimestralmente, simplemente para recordar que esto no se trata de deseos o esperanzas, optimismo o pesimismo o intereses abiertos u ocultos, sino simplemente hechos concretos...

LUIS VICENTE LEÓN

Como les comenté hace tres años cuando escribí mi primer artículo analizando la eficiencia (o más bien ineficiencia) de las sanciones generales para lograr el objetivo de provocar un cambio de gobierno, repito esta historia trimestralmente, simplemente para recordar que esto no se trata de deseos o esperanzas, optimismo o pesimismo o intereses abiertos u ocultos, sino simplemente hechos concretos que la historia nos ha mostrado una y otra vez. Pues aquí... de nuevo.

Entiendo y comparto el sentimiento de quienes exigen un cambio político. Pero ese deseo necesita acciones inteligentes, no sacrificios inútiles.

Lo que ha demostrado la aplicación de sanciones generales a regímenes autoritarios, es que lejos de sacarlos del poder los apuntalan, mientras empeora la situación que ya viven esos pueblos, originadas por el primitivismo y la corrupción de sus gobiernos.

Las sanciones generales aplicadas al gobierno de Venezuela, nada distinto a las de Cuba o Corea del Norte o Irán o Siria o Zimbabue: ¿qué cambio han generado en la relación de poder político interno en más de un año de su aplicación? Aunque suene crudo y me gustaría decir algo distinto, la respuesta es nada.

No se trata de una crítica abstracta o ideológica, pues si las sanciones generales estuvieran funcionando y se hubieran convertido en el factor clave que elevara el poder de negociación de la oposición, para presionar a la revolución a negociar una salida pacífica a la crisis, yo sería el primero en respaldarlas. Pero es obvio que esa vía no resuelve el problema, sino lo empeora o incluso origina que la población termine habituándose a una nueva forma de vida, social y económica, con la que termina sobreviviendo en un país más primitivo y retrasado, pero donde el gobierno y sus instituciones son capases de surfear y preservar el poder, tirándole una trompetilla a los intentos externos de sacarlo.

Decir que aunque las sanciones no saquen al gobierno “es mejor sancionar que no hacer nada” parte de un error dramático. No es verdad que sea mejor castigar también al pueblo, sabiendo que no resuelves el problema, pero que si le empeoras su vida. Es pedir un sacrificio inútil y absurdo. Es una posición injusta e inaceptable, típica de quienes ven ese sacrifico desde afuera, sin que los afecte a ellos y a sus hijos. Es una posición morbosa, que termina justificando que se castigue a un pueblo, ya suficientemente castigado, para tener al menos el fresquito de que algo pierden también los malos. Lo que no se dan cuenta es que ellos pierden mucho menos que el pueblo y el país y ganan en cambio más poder. Pero el segundo error es pensar que rechazar las sanciones significa pedir que no se haga nada. Claro que hay que hacer, pero se trata de articular internamente a la oposición, fortalecer la capacidad de la población para defender sus derechos adentro, fracturar a los adversarios (para lo son mucho más eficientes las sanciones personales, inocuas para el pueblo) y construir una oferta integral de garantías de poder, integridad personal y familiar y recursos económicos a las elites dominantes, civiles y militares, que realmente puede presionar a negociar una salida electoral, la única que realmente puede conducirnos a una salida estable y en paz. Como verán, la alternativa a las sanciones no es la cobardía, que usualmente mira todo desde lejos, sin tocar y sin arriesgarse, lejos del campo de batalla o del sacrificio. Es la valentía que exige luchar y negociar ahí, adentro, donde se puede ganar o perder, pero donde sin duda hay que estar para entender. Buen discurso el último de Guaidó en la Asamblea Nacional, pues se orienta exactamente al corazón de este tema.

luisvleon@gmail.com


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domingo, 1 de marzo de 2020

¿Por qué se masifica el uso de divisas?. Por Luis Vicente León


Un país que ha masificado el uso del dólar en efectivo y se convierte en un paraíso para transacciones que pueden aparentar normalidad...

LUIS VICENTE LEÓN

La masificación del uso de divisas en Venezuela es un fenómeno imparable y muy difícil de revertir, sin que se produzcan cambios en el modelo político y económico del país y se recupere la confianza en las autoridades monetarias. La razón es obvia: el bolívar perdió casi todas las funciones básicas de una moneda oficial: 1) Intercambio: la gente no lo quiere para vender sus productos ni remunerar sus servicios, pues su capacidad de ser reutilizada está comprometida, 2) Reserva de valor: ahorrar en bolívares es una torpeza financiera monumental, pues esa moneda pierde su capacidad de compra rápidamente, a ritmos tan rápidos que se convierte en una especie de panela de hielo que debe ser usada rápidamente antes de que se derrita. Imaginarse que un tenedor de capital excedentario colocará su patrimonio en bolívares en la banca local es simplemente ridículo y demostraría una ignorancia supina y 3) Mecanismo de Cuenta: no es posible entender el valor de las cosas, ni registrar la evolución de los negocios en esa moneda. Es tan dramático el problema del bolívar como mecanismo de cuenta que no es posible incluso realizar un Estado de Ganancias y Pérdidas o un reporte de ventas histórico en el que se sumen los ingresos de dos meses distintos (por no decir dos semanas), pues estaríamos sumando peras con manzanas, pues el valor real de la moneda en esos dos períodos sería totalmente distinta.

Esto obliga a la población a buscar alternativas como divisas (dólares, euros, pesos, rezles) y oro para transacciones, ahorro, inversión y cuentas, mientras que el gobierno trata, con ahínco pero sin mucho éxito, de sustituir el bolívar por los petros, con la dificultad que representa la falta de confianza en su capacidad para garantizar el valor de esa moneda o de cumplir su promesa de anclaje de valor de esa moneda virtual con el precio internacional del petróleo.

Alrededor de 38% de la población venezolana tiene o recibe divisas directamente de sus fuentes generadoras, vinculadas a las remesas de familiares en el exterior, repatriaciones de ahorro de venezolanos que viven en Venezuela pero con sus ahorros externos, compensaciones salariales de empresas transnacionales e incluso locales que requieren retener su personal, exportaciones no tradicionales (que incluyen las exportaciones de ron, cacao, cangrejos, camarones, entre otros), contrabando de frontera, minería, narcotráfico (este último difícil de proyectar) y narcolavado, en un país que ha masificado el uso del dólar en efectivo y se convierte en un paraíso para transacciones que pueden aparentar normalidad.

Pero el efecto cascada, producido por los pagos de servicios y bienes en moneda extranjera por parte de los receptores o tenedores primarios de las divisas a personas que no tienen acceso directo, eleva el número de la población con tenencia de divisas a cifras cercanas a la mitad de la población y en pleno crecimiento. Se utilizan hoy divisas en un porcentaje superior al 55% de las transacciones (aumenta contra el número de personas con acceso pues los grandes consumidores compran en divisas) y se espera que ese número supere el 70% este año. La penetración es más elevada aún en la economía privada que en la pública, donde todavía se realizan grandes transacciones en bolívares y petros. Tener o no divisas no divide a la población entre ricos y pobres. Eso depende de la cantidad de recursos que cada persona tenga y las diferencias son monumentales, aclarando que incluso una parte de la población más pobre suele ya tener algo de divisas en efectivo para facilitar sus transacciones. Pero tener o no divisas si define la independencia o no al control social por subsidios.

luisvleon@gmail.com


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domingo, 23 de febrero de 2020

Enfermo del hígado, medicina para el corazón. Por Luis Vicente León


La mayoría de la población rechaza sanciones que afectan más su vida, no porque no estén dispuestas al sacrificio, sino porque este sacrificio en particular es demostradamente inútil

LUIS VICENTE LEÓN

Entiendo el deseo de cambio político mayoritario en la sociedad venezolana. Más de 80% de la población piensa que es indispensable permitir que se elija un nuevo gobierno, en elecciones libres y transparentes, que reflejen la real voluntad del pueblo, en un país donde la confianza en las instituciones esta pulverizada.

Pero ese deseo de cambio, no se puede convertir en realidad con base en una estrategia de sanciones generales, económicas, petroleras y financieras que han demostrado, a lo largo de la historia, que sólo acentúan la crisis causada por el gobierno sancionado. La realidad es que las sanciones amplifican el sufrimiento sin producir los cambios de gobierno que pretenden y en muchos casos ni siquiera logran cambios en la conducta política de los mismos. Basta mirar las experiencias más conocidas de países sancionados como Cuba, por 60 años o Corea desde el abuelo de Kim, o Irán desde la caída del Sha o Zimbabue cuando Mugabe era joven. Todos esos gobiernos se mantuvieron en el poder, mientras sus pueblos se debilitaron y sufrieron más, sin lograr el pretendido cambio.

Las encuestas recientes indican que la mayoría de los venezolanos aprueban las sanciones personales que se establecen contra funcionarios específicos, a quienes consideran responsables de la crisis. No hay un rechazo genérico contra las acciones focalizadas que tienen un impacto sólo sobre ellos. Pero la población rechaza contundentemente, las sanciones generales que, buscando afectar al gobierno, en realidad terminan empeorando más la vida de los inocentes, sin esperanza de lograr el cambio para el que se diseñaron.

Sancionar a Conviasa, por ejemplo, afecta las rutas y las frecuencias aéreas que usan personas comunes y limita su movilidad, no la del gobierno. Por su parte, la respuesta oficial contra TAP tiene exactamente el mismo resultado que la anterior: empeorar la movilidad de los nacionales. Sancionar a Rosneft Trading, con el objeto de presionarla para no operar con Pdvsa, busca colapsar las operaciones petroleras del gobierno venezolano y liquidar sus fuentes de recursos, pero en realidad compromete, como efecto secundario, la disponibilidad de combustible, energía y gas para la población básica, sin que tienda a resolver el problema o incluso presione a una negociación entre las partes, que nos conduzca a una elección presidencial competitiva. La probabilidad de que eso ocurra es un límite que tiende a cero. Sin embargo, es evidente que su impacto deteriora más la vida de la población.

No intento decir con esto que quitar las sanciones resuelve el problema. Es un caso equivalente al de un doctor que receta, por error, un medicamento para el corazón a un enfermo del hígado. La medicina equivocada empeora la salud del enfermo, por efectos secundarios, obviamente sin resolver el problema real. Quitar la medicina reduce los síntomas que ella causó, pero obviamente no resuelve tampoco el problema original del hígado. Sigue faltando la medicina adecuada. La pregunta es: ¿si eliminar el medicamento equivocado no resuelva el problema del hígado, significa que vale la pena seguir dándosela, aunque el enfermo se sienta peor? Para mí resulta un acto impresentable, independientemente que haya sido aplicada con buena intención.

Más allá de los análisis teóricos y éticos, hay una realidad como un templo: la mayoría de la población rechaza sanciones que afectan más su vida, no porque no estén dispuestas al sacrificio, sino porque este sacrificio en particular es demostradamente inútil. Cuando un líder limita su oferta y respaldo a sanciones impopulares que tienen nula posibilidad de éxito está comprometiendo dramáticamente su futuro... y el del país.

luisvleon@gmail.com


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domingo, 16 de febrero de 2020

¿Qué logró Juan Guaidó en su gira?. Por Luis Vicente León


Si hay algo nuevo, que debemos ver en breve, el juego esta vivo y vale la pena jugarlo. Si en cambio, los logros son sólo la ratificación de lo anterior y no hay espacios para nada nuevo...

LUIS VICENTE LEÓN

Es claro que tuvo muchos éxitos evidentes y públicos, en términos de imagen y relaciones internacionales, que sin duda enervan a muchos de sus enemigos, no sólo en el gobierno y chavismo, sino incluso a algunos de sus conocidos adversarios circunstanciales dentro de la misma oposición.

Sin ánimos de hacer una lista exhaustiva de esos logros, me gustaría resaltar los mas importantes: 1) Relanza su protagonismo político, el cual había sufrido un importante desgaste en términos de respaldo popular (que habían perdido mas de 23 puntos porcentuales entre febrero y diciembre 2019) y, sobre todo, en cuanto a las esperanzas de la población en que las acciones opositoras, líderadas por él, pudieran producir un cambio de gobierno en los próximos tres meses, que había pasado de 63% en febrero a apenas 21% al cierre de 2019. Es claro que esa caída de esperanzas y respaldo se debe fundamentalmente a que la población, luego de varios meses evaluando su gestión por “procedimiento”, valentía, discurso y promesas, pasó a evaluar su gestión en términos de resultados, atado por supuesto a su triple promesa ordinal de lograr el cese de la usurpación, un gobierno de transición y elecciones libres, ninguna de las cuales se pudo concretar en el primer año de gestión, frustrando expectativas creadas. 2) fortalece la sismología de su liderazgo nacional como “Jefe de Estado simbólico”, nombrado por la Asamblea Nacional y refrendado por más de cincuenta países, protagonistas principales del concierto mundial de naciones. Ser recibido por muchos de estos jefes de Estado y coronar con su presencia en el discurso del Estado de la Unión del presidente norteamericano y luego en la Casa Blanca le permitió pulir su condición de líder nacional, independientemente de su ausencia de control territorial; 3) afianza sus alianzas internacionales y consigue renovar los apoyos diplomáticos y de recursos para su lucha por el cambio.

Todos estos objetivos cumplidos son positivos para él, para la oposición y para la lucha por el rescate de la democracia. Pero todo esto es también una obra de arte efímero, que se desvanece muy rápidamente, si Guaidó no trajo consigo algo distinto a lo que ya existía antes de salir. Algo que vaya mucho más allá de los discursos de respaldo internacional, que ya tenía; o el reconocimiento a su presidencia interina, que ya tenía; o la deslegitimación del gobierno de Maduro, que ya había ocurrido; o la agudización de sanciones generales, económicas y financieras que ya existían y cuyo fracaso es históricamente conocido y esperado.

Guaidó y la oposición tienen el reto de concretar su oferta de cambio, y este no puede ocurrir haciendo lo mismo que ya se hizo todo un año, sin resultados. El éxito real no está en reanimar esperanzas, si estas no se pueden concretar en resultados. La gran incertidumbre es si Guaidó trae bajo la manga una nueva fuerza que le permita movilizar a una población, que hasta ahora luce agotada o una alianza internacional distinta, que incluya a los aliados del chavismo, para presionar una negociación política real que nos conduzca al rescate de los derechos políticos y ciudadanos. Si hay algo nuevo, que debemos ver en breve, el juego esta vivo y vale la pena jugarlo. Si en cambio, los logros son sólo la ratificación de lo anterior y no hay espacios para nada nuevo, ni en la lucha, ni en la negociación, sería absurdo y loco esperar un resultado distinto al que ya había y que es evidentemente malo. Esta es una realidad como un templo (más allá de las emociones y deseos), que no intenta proyectar sino plantear los retos gigantes del futuro, que deseamos ver superados.

luisvleon@gmail.com


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domingo, 9 de febrero de 2020

¿Y ahora qué?. Por Luis Vicente León


Las esperanzas hacia el futuro se basan en que esta gira traiga consigo más de lo que se ha mostrado públicamente. Que hayan pasado cosas detrás de bastidores que no conocemos LUIS VICENTE LEÓN

La presencia de Juan Guaidó en el evento donde Donald Trump pronunció su discurso del Estado de la Unión y luego su visita y foto en la Casa Blanca es muy positiva para él y su gira internacional, pues necesitaba coronarla con el respaldo público de su principal aliado internacional.

Este espaldarazo, por demás esperado y deseado, consolida la búsqueda de imagen internacional de la gira y le garantiza a Guaidó y a la oposición institucional el fortalecimiento de sus alianzas internacionales, especialmente en términos estratégicos y económicos y, sobre todo, le permite a Juan Guaidó regresar a Venezuela con un halo creíble de protección americana, que hasta ahora ha sido el elemento clave para mantenerse libre en el país y con margen de maniobra. El balance de esta actividad es claramente positivo y sus objetivos principales fueron logrados y coronados con éxito.

La pregunta clave ahora es: ¿qué viene después? Si Guaidó regresa con la misma protección, que ya tenia antes de salir; con los mismos aliados internacionales, que ya tenia; con las mismas declaraciones de deslegitimación de Maduro, que ya se habían hecho; con la misma estrategia de sanciones generales, económicas, financieras y petroleras, que ya se habían aplicado sin éxito; con el control de la Asamblea Nacional que ya controlaba, pero ahora sin Hemiciclo y con el mismo cargo simbólico de presidente interino, que ya ha ejercido por más de un año, con declive de popularidad de más de veinte puntos porcentuales en 2019, lo que se puede esperar sería los mismos resultados que se habían logrado hasta el cuatro de enero, antes del inicio de esta nueva épica política: desgaste opositor y de su liderazgo y preservación de poder revolucionario, aunque en un país más primitivo políticamente.

Las esperanzas hacia el futuro se basan en que esta gira traiga consigo más de lo que se ha mostrado públicamente. Que hayan pasado cosas detrás de bastidores que aún no conocemos y que sólo veremos a su regreso a Venezuela. Que se produzcan cambios estratégicos fundamentales en la oposición y la acción internacional que aún no han sido anunciados y que podrían estar vinculados a la presión internacional sobre los aliados de la revolución: China, Rusia y Cuba principalmente, para intentar lograr, a través de ellos, un marco más proclive para una negociación que abra puertas a la negociación electoral, en la que las expectativas, en todo caso, no son más altas que una elección parlamentaria, pero podrían abrir espacios a cambios de mediano y largo plazo o que Guaidó regrese realmente con apoyo económico y militar para iniciar una lucha sin cuartel, que podría durar años y generar una guerra civil, lo cual veo con muy poca probabilidad de ocurrencia, pues su resultado podría ser aún peor que la enfermedad.

La probabilidad de acciones unilaterales extranjeras para resolver el conflicto venezolano este año la veo con probabilidad tan baja, que ni siquiera la contemplo en estos escenarios. Queda también por saber cual será el siguiente paso de la Unión Europea, que podría tener impactos específicos sobre el sector más importante que es el militar. Un agudización de la estrategia de sanciones personales contra el sector militar y sus familias podría ser un factor de presión mayor camino a una negociación política, y estaría enfocado al único sector que realmente puede poner a Maduro en jaque. Sin embargo, las dificultades europeas para lograr consensos sobre este tema hace pensar que es un proceso largo y tortuoso e igual su alcance a corto plazo se concentraría en buscar una sinceración de las parlamentaria y no hacia un cambio de gobierno a corto plazo. Esto, por ahora es lo que podemos ver, más allá de las emociones.

Luisvleon@gmail.com


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domingo, 2 de febrero de 2020

Reflexiones sobre la gira. Por Luis Vicente León


Y la única estrategia ganadora de la oposición es la unidad. El reto de Guaidó es lograr la unidad opositora institucional frente a las parlamentarias, para votar o abstenerse...

LUIS VICENTE LEÓN

La gira internacional de Juan Guaidó es evidentemente importante y positiva para su imagen interna y externa, en momentos en el que el tiempo sin lograr el objetivo central de su lucha, que no es otro que el cambio político, debilitaba su relación con las masas y el protagonismo político, fundamental para el líder principal de la oposición. Así mismo, su encuentro cara a cara con los principales jefes de Estado y representantes de los países aliados a la lucha opositora, parece fundamental para la consolidación de las alianzas políticas y económicas, claves para su lucha.

Ahora viene, sin embargo, el reto más difícil: regresar a Venezuela con algo distinto a lo que había justo antes de empezar esta nueva historia, que le permita convertir las esperanzas en realidad. De lo contrario, esta nueva épica de defensa de los derechos políticos y la democracia liberal en Venezuela, terminaría en el mismo punto donde estaba: con el mismo símbolo de lucha, que se desgastaba, las mismas declaraciones diplomáticas, que llenaban medios y redes sociales, sin ningún impacto real, y unas sanciones generales, económicas y financieras que han tenido la misma efectividad que en la mayoría de los países donde han sido aplicadas en el pasado: ninguna.

No cabe duda que la gira de Guaidó es buena, si termina pronto y regresa con un cambio efectivo, ya sea generando un gran poder de negociación nuevo (el objetivo más inteligente pero más difícil) o para plantear una real lucha sin cuartel por los derechos ciudadanos (que le ha sido claramente esquiva desde hace tiempo).

Prolongar la gira podría debilitar el impacto positivo que ha tenido. Y una vez en Venezuela (el único lugar donde tiene sentido y posibilidad real su lucha) su estrategia debe ser claramente distinta a la previa o tendrá el mismo resultado.

Hay dos predeterminados obvios en los escenarios 2020. El primero es que se realizarán elecciones parlamentarias, con o sin la participación de la oposición institucional. El segundo es que las condiciones electorales, con o sin participación opositora, no serán competitivas.

Y la única estrategia ganadora de la oposición es la unidad. El reto de Guaidó es lograr la unidad opositora institucional frente a las parlamentarias, para votar o abstenerse, da igual. Si un grupo relevante decide participar sin marco institucional opositor, sus probabilidades de triunfo son nulas pues el resultado estará marcado por la abstención. Al revés, si un grupo relevante decide abstenerse para invalidar el proceso electoral, mientras otros partidos y líderes deciden participar, el resultado será entregar el Parlamento al chavismo y perder la simbología de lucha opositora, sin nada a cambio, excepto su fractura.

Participar o no participar en las parlamentarias, que de todas maneras ocurrirán y no tendrán condiciones transparentes, es un dilema falso. El verdadero reto es buscar la decisión que tenga una estrategia de acción viable (y no sólo emocional) y permita unirse a su alrededor.

Guaidó será clave en la estrategia de unificación opositora frente a las parlamentarias. Y sólo puede hacerlo estando en Caracas, a donde debe regresar una vez terminada su gira, en breve. El escenario actual, incapaz de movilizar calle, ni lograr negociaciones, renuente a elecciones opacas y dependiente de apoyos internacionales que no logran promover cambios, sólo puede llevarte a donde te trajo. Si quieres algo distinto... tienes que cambiar algo.

La lucha política se debe dar en Venezuela. La comunidad internacional es relevante y útil, pero no sustituye el trabajo interno. Es el condimento, no el ingrediente principal. El mejor bistec tiene sal. Pero te puedes comer un bistec sin sal… lo que no puedes es comer la sal sin bistec.

luisvleon@gmail.com


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domingo, 26 de enero de 2020

Un país con petróleo… pero no petrolero. Por Luis Vicente León


La evolución de los ingresos no petroleros es ascendente, les permite financiar algunas burbujas de actividad interna, que muestran cierto nivel de recuperación y alimentan la masificación de divisas

LUIS VICENTE LEÓN

Las sanciones generales, aplicadas especialmente por el gobierno de Estados Unidos contra el gobierno revolucionario de Maduro, así como la posición diplomática de aislamiento, desligitimación y rechazo de lo que podría considerarse la comunidad internacional moderna, no han logrado, al menos por ahora, el objetivo central para el que fueron planteadas: presionar los cambios políticos en Venezuela, ya sea produciendo un cambio de gobierno o un cambio fundamental en el gobierno.

Este resultado, sin embargo, no es una sorpresa a la luz de la pobre efectividad que ésta estrategia internacional de aislamiento y sanciones ha tenido en la historia política del mundo, incluido los casos emblemáticos de Cuba, Irán, Siria, Corea del Norte y Zimbabue, donde la historia de sanciones tiene décadas, como también sus gobiernos intactos.

Pero esas sanciones, planteadas con objetivos políticos, han tenido, en cambio, un impacto relevante en el desenvolvimiento de la economía interna del país y su perfil de ingresos en divisas. Por una parte, las sanciones han limitado las operaciones del gobierno venezolano, no sólo con Estados Unidos sino con una gran parte del mundo, incluyendo algunos países y mercados que le han sido (y le son) afines a la revolución chavista, quienes se han visto obligados a revisar sus relaciones comerciales, públicas y privadas, con el gobierno de Venezuela, a la luz de los riesgos de impacto de las sanciones sobre sus empresas y gobiernos. Esto sin contar con las graves dificultades que el gobierno revolucionario tiene para utilizar sus recursos sin pasar por el sistema financiero norteamericano, que está bloqueado totalmente para él.

Pero podríamos decir que los impactos económicos más relevantes de las sanciones, aunque debamos considerarlos efectos secundarios no deliberadamente buscados, ha sido la pérdida de control del gobierno sobre la economía y el sector privado, del cual ahora depende para garantizar producción y abastecimiento y la diversificación e incremento de ingresos de divisas provenientes de fuentes no tradicionales, diferentes al petróleo. Estos ingresos provienen de fuentes legales e ilegales, mayoritariamente excentas de sanciones o con capacidad para evadirlas. Nos referimos a partidas como las remesas de los emigrantes venezolanos, la repatriación de ahorros privados en el exterior para financiar su vida en el país, las exportaciones no tradicionales (que incluyen ron, cacao, cangrejos y camarones), contrabando y actividades informales en frontera, el narcotráfico y narcolavado y, con una participación cercana al 35% de los ingresos no tradicionales totales: la explotación, legal e ilegal, de oro.

Aunque la mayoría de la gente habla de las remesas y repatriaciones como el elemento central que financia el circulante de efectivo en moneda extranjera en el país hoy en día, estas partidas, aunque crecientes, son sólo un pedazo de la historia. Se estima, por ejemplo, que las operaciones de oro ya representa varios millardos de dólares, se encuentra en plena expansión y le ha servido al gobierno venezolano para obtener divisas en efectivo, dar autonomía financiera a algunos gobiernos regionales de la revolución y permite mantener algunas relaciones comerciales nuevas con países aliados.

La evolución de los ingresos no petroleros es ascendente, les permite financiar algunas burbujas de actividad interna, que muestran cierto nivel de recuperación y alimentan la masificación del uso de divisas en las transacciones comerciales, dando oxígeno a parte de la población (y de carambola, también al gobierno en poder). Podríamos concluir que, en breve, Venezuela será un país con petróleo… pero no un país petrolero.

Luisvleon@gmail.com


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domingo, 1 de diciembre de 2019

¿Qué es un político puro?. Por Luis Vicente León


No existe forma de resolver el problema venezolano sin contar con, al menos, un político puro, capaz de enamorar a la población para que confíe en él, aunque su tarea luzca inalcanzable...

LUIS VICENTE LEÓN

Un político puro no es una persona éticamente irreprochable, ni tiene porque serlo. En efecto es insuficiente o mezquino juzgar éticamente a un político: hay que juzgarlo políticamente. En su naturaleza conviven algunas cualidades que en abstracto suelen considerarse virtudes con otras que en abstracto suelen considerarse defectos, pero que son consustanciales con las otras. Enumero algunas virtudes: la inteligencia natural, el coraje, la serenidad, la garra, la astucia, la resistencia, la sanidad de los instintos, la capacidad de conciliar lo inconciliable. Enumero algunos defectos: la impulsividad, la inquietud constante, la falta de escrúpulos, el talento para el engaño, la vulgaridad o ausencia de refinamiento en sus ideas y sus gustos, también la ausencia de vida interior o de personalidad definida, lo que lo convierte en un histrión camaleónico. El político puro es lo contrario de un ideólogo, pero no es sólo un hombre de acción; tampoco es exactamente lo contrario de un intelectual: posee el entusiasmo del intelectual por el conocimiento, pero lo ha invertido por entero en afinar el ingrediente esencial y la primera virtud de su oficio: la intuición histórica. Algunos podrían llamarla también sentido de la realidad, un don transitorio que no se aprende en la universidad ni en los libros y que supone una cierta familiaridad con los hechos relevantes que permiten a ciertos políticos y en ciertos momentos, saber qué encaja con qué, que puede hacerse en determinadas circunstancias y que no, que métodos van a ser útiles en qué situaciones y en qué medida, sin que eso quiera necesariamente decir que sean capases de explicar cómo lo saben ni incluso qué saben.

Obviamente que un político puro esta marcado por la ambición, pero no vale la pena ni mencionarla como cualidad especial pues para un político, como para un artista o un científico, la ambición no es una cualidad, una virtud o un defecto, sino una simple premisa.

Tres cosas relevantes

De acuerdo a esta definición del político puro, que ya habrá encrispado a los radicales por su desfachatez ética al plantear que más vale un político que resuelve problemas, entiende los momentos, negocie y solucione conflictos que aquel que se encierra en luchas intestinas, discursos emocionales y amenazas de perro echado que no puede operacionalizar, me gustaría plantear tres cosas relevantes: La primera es que no existe forma de resolver el problema venezolano sin contar con, al menos, un político puro, capaz de enamorar a la población para que confíe en él, aunque su tarea luzca inalcanzable, y que luego sepa convertir esa fuerza en presión de cambio, en tensión para lograr una negociación exitosa, en la que tendrá que sacrificar a veces legalidad, a veces justicia y siempre derechos propios para lograr el objetivo final, que en definitiva será el éxito político por el que deberá ser evaluado. La segunda es que es difícil que un político puro desarrolle su labor si su existencia articula a los políticos “impuros” que, al verle con envidia, juegan en contra del logro de los objetivos mayores de su lucha por el cambio y toman ventaja de la desesperación del pueblo por obtener resultados rápidos, donde es imposible obtenerlos así. Finalmente, tengo que decir a quienes ya están listos para arrancar sus ataques sobre mi falta de escrúpulos en la definición del político necesario, que no me pertenece. Es simplemente la suma textual de las definiciones de José Ortega y Gasset, uno de los más importantes filósofos españoles e Isaiah Berlin, considerado uno de los principales pensadores del siglo XX, referidos ambos por uno de mis escritores favoritos: Javier Cercas en Anatomía de un Instante. Atáquenlos a ellos.

luisvlein@gmail.com


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miércoles, 27 de noviembre de 2019

¿Vamos a la dolarización en Venezuela?. Por Luis Vicente León


Lo que si es verdad es que Maduro, al reconocer el fenómeno de masificación de facto, está ejecutando el sabio dicho que reza: si no puedes contra él... únetele

LUIS VICENTE LEÓN

Maduro ha señalado públicamente que no le parece mal el proceso “que llaman dolarización” de Venezuela. Vale la pena aclarar que en sus declaraciones, él no está anunciando un proceso formal de dolarización económica, que represente la sustitución del bolívar por el dólar como moneda de circulación nacional.

No es un plan integral de dolarización, planificado y formal, equivalente al utilizado en otras economías como la de Panamá y Ecuador. Simplemente, Maduro, luego de haber rechazado e incluso criminalizado por años el uso del dólar (varias personas terminaron presas y negocios liquidados y castigados por el uso del dólar como moneda de intercambio o valoración), decide cambiar su posición para montarse en la ola de un proceso desordenado, pero total y absolutamente inevitable, de masificación del uso de divisas en Venezuela, que sirve a la población para llenar el vacío dejado por un bolívar que perdió sus tres funciones básicas como moneda: 1) servir como mecanismo de intercambio de mercancías, bienes y servicios, pues la gente prefiere que le paguen en una moneda decente y los compradores, además, no consiguen bolívares suficientes para realizar sus transacciones, 2) reserva de valor patrimonial, pues nadie en su sano juicio quiere ahorrar en bolívares, una moneda que pierde su valor a diario y 3) mecanismo de cuenta o “accountability”, porque los consumidores son incapaces de entender la evolución de un negocio mirando sus cuentas en bolívares, que al mezclar operaciones realizadas en direferentes días, simplemente terminan sumando peras con manzanas, sin considerar que los precios en bolívares perdieron su capacidad de reflejar el valor de los productos o servicios para el comprador, quien automáticamente cambia el precio a moneda extranjera para saber si el producto esta en precio de mercado, si es barato o caro y si ha evolucionado en términos reales con respecto a su valor reciente anterior.

Lo que Maduro hace entonces es huir hacia adelante y aceptar públicamente un fenómeno contra el cual su lucha ha sido, y seguiría siendo, estrepitósamente inútil y usa como argumento para su cambio estratégico de opinión algo en lo que tiene razón: el uso masivo de divisas sirve de válvula de escape y oxigenación de una economía local, presa de la hiperinflación y la incapacidad del gobierno de rescatar confianza en las autoridades monetarias. Sin embargo, esto no significa que la flexibilización en el uso de divisas como mecanismo de pago se traduzca en una reestabilización de la economía, ni el rescate de confianza, inversión o desarrollo.

Si bien es cierto que hay un proceso de primitivización severa de la economía venezolana, este fenómeno tampoco está produciendo cambios políticos sino procesos de adaptación económica que dividen a la población entre una minoría importante que se va (emigra) y una mayoría que se adapta y busca subsistir. La masificación del uso de las divisas sirve como válvula de escape para una economía varada y encerrada por la destrucción del valor y utilidad del bolívar. Lo que si es verdad es que Maduro, al reconocer el fenómeno de masificación de facto, está ejecutando el sabio dicho que reza: si no puedes contra él... únetele. Pero ese reconocimiento del uso de divisas para mantener el movimiento económico del país (y la subsistencia de la población), ante su incapacidad de sostener el valor del bolívar, no representa una dolarización formal de la economía sino un permiso para la dualización de facto del país, que iba a ocurrir, con su autorización o sin ella, y que ya representa más del 50% del valor de las transacciones comerciales del país y camina a tres cuartas partes de la misma al cierre del próximo año.

Luisvleon@gmail.com


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domingo, 17 de noviembre de 2019

¿Qué aprender de Bolivia?. Por Luis Vicente León


¿Qué mensajes encontrará el gobierno, para evitar que le pase algo similar a Evo Morales? (Por cierto lo mismo que debe aprender la oposición para actuar en reversa)

LUIS VICENTE LEÓN

Lo primero que quiero resaltar es que los eventos internacionales o históricos no son directamente comparables y esperar que se repitan es más un “wishful thinking” o un temor enfermizo (dependiendo de que lado estés) que una expectativa racional. Pero si es importante aprender algunos elementos que pueden enriquecer el análisis de otra sociedad. El caso de Bolivia es distinto al venezolano. La conexión y popularidad del líder, la composición social y étnica, la solidez de las instituciones, la organización de la oposición y las características del sector militar de ambos países, son diferentes y por lo tanto es ridículo proyectar linealmente. Pero es evidente que tanto el gobierno como la oposición venezolana van a desmenuzar el caso para aprender de él, en este momento complejo que vive el país y la región.

¿Qué mensajes encontrará el gobierno, para evitar que le pase algo similar a Evo Morales? (Por cierto lo mismo que debe aprender la oposición para actuar en reversa):

1) Reforzar el compromiso militar. Resulta obvio que si ese sector se desmarca del gobierno o incluso si se manifiesta neutral, en medio de una convulsión social que promueve la salida del gobierno, los riesgos de ruptura y salida del poder se agigantan, por lo que es vital controlar su relación militar como sea y evitar que su adversario tenga acceso a él, bajo ninguna circunstancia.

2) Evitar procesos electorales, a menos que su adversario este totalmente fragmentado: Para un gobierno autocrático, el momento electoral es una caja negra, siempre peligrosa, incluso cuando parece controlar todos los hilos del poder institucional. Si un líder no representa una contundente mayoría, burlar al pueblo en un “momentum” electoral siempre constituye un peligro de explosión social y de pérdida de equilibrios políticos, que pueden desembocar en una salida del poder, como el caso reciente de Evo Morales o en otros casos emblemáticos como el de Alberto Fujimori en el Perú. Mientras menos expuesto a elecciones esté un gobierno de esas características, menos riesgos corre y hará todo lo posible por evitarlas. Claro que si su adversario le ayuda, impidiendo o cuestionando, él mismo, las elecciones o asistiendo a ellas multifracturado, sin posibilidades reales de ganar la elección aun siendo una clara mayoría, el gobierno puede agradecer el favor pareciendo democrático y participando en la elección para validarse o legitimarse, sin riesgos reales.

3) La capacidad represiva. El aprendizaje para los gobiernos duros es que no tienen vuelta atrás. Si no están dispuestos a todo para sostenerse en poder, suelen no sostenerlo, por lo que el gobierno aprenderá a mandar mensajes contundentes, que dejen claro a tirios y troyanos que va a enfrentar adversarios a toda costa y sin límites de ningún tipo.

Y, ¿qué aprenderá la oposición, adicional a esto?

Que tiene frente una oportunidad de oro y un riesgo monumental. El éxito de la protesta popular y la acción social en Bolivia representa un símbolo de lucha y esperanza para la oposición venezolana. En un momento en que la oposición se acerca a su convocatoria de calle el 16 de noviembre, necesita conectores y motivadores para superar la apatía que embarga a la sociedad, pese a su deseo de cambio. Algo puede encontrar en la sismología boliviana, si la utiliza correctamente. Es su forma de llegar al tan necesario: “Si se puede” que remotive a la gente a participar activamente, permanentemente, pacíficamente y tercamente, para defender sus derechos

¿El riesgo? Que el impacto motivador de Bolivia se difumine, el gobierno se apertreche y la convocatoria del 16 se quede en la misma foto impactante y bonita, pero nada mas, causando mucha más decepción que esperanza.

luisvleon@gmail.com


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lunes, 11 de noviembre de 2019

Dos presidentes, dos Asambleas… dos monedas. Por Luis Vicente León


En Venezuela viene por partida doble. Dos presidentes, dos Asambleas y ahora dos monedas. Lo que no hay son dos salidas a la crisis. De esa parece haber una sola… y nadie la consigue

LUIS VICENTE LEÓN

Es obvio que el gobierno perdió su capacidad para controlar la economía. Pasando por una situación crítica, que combina su propia ineficiencia y torpeza, con un modelo de desarrollo primitivo y una reacción internacional severa que lo aísla y castiga con sanciones generales, resulta evidente que la revolución no tiene divisas suficientes para sustituir, manipular, ni chantajear al sector privado.

Sin poder entregar divisas, ni importar directamente muchas de las mercancías provenientes de los mercados modernos y convencionales, debido a las sanciones, el abastecimiento del país queda dependiente de los pocos bienes que puede adquirir el gobierno de sus aliados y de las importaciones que puede (y decide) realizar el sector privado venezolano que, aunque limitado por las restricciones del “over complaince” que sufre por parte de la banca y de algunos proveedores internacionales, sigue siendo la única vía posible y lícita para abastecer el mercado local de mercancías.

Frente a esta realidad, el gobierno ha tenido que reconocer, de facto, su incapacidad para mantenerse como el actor controlador de la economía y el resultado ha sido una apertura de hecho de los principales mercados, que incluye la liberación de las operaciones cambiarias, la liberación de hecho de los precios y la reducción de la monetización del déficit fiscal. Es casi un modelo ortodoxo de respuesta a la crisis, donde el protagonismo recae de nuevo en el sector privado, que es el único capaz de operar en el entorno hostil que enmarca la situación del país.

Pero aunque el gobierno se vea obligado a abrir la economía, ya no es posible con eso rescatar los equilibrios perdidos, pues se enfrenta a los bloqueadores y sanciones externas, que impiden el regreso a la normalidad.

Nada resuelve el problema económico sin restablecer la confianza de los agentes y esto depende de las negociaciones y cambios políticos democráticos, que no parecen estar en el tapete. Sin poder resolver el problema de fondo, que ya no es el modelo económico de apertura o control, sino la pérdida de legitimidad política y la desconfianza institucional, las medidas adoptadas por el gobierno para rescatar equilibrios macroeconómicos, sean estas racionales o no, son “impotentes” para lograr el objetivo que se plantean.

Sin margen para atender el problema de fondo, que no es otro que el paso por una elección presidencial competitiva y negociada, el gobierno tenía cinco opciones principales para atender los problemas operativos que causa la hiperinflación, aunque sin resolver el problema real: 1) implementar una nueva reconversión monetaria, 2) producir billetes con más ceros, pero sin cambiar la moneda, 3) permitir que el mercado elimine los ceros empíricamente, sobre los billetes ya existentes, 4) dolarizar formalmente la economía ó 5) plantear una doble contabilidad en bolívares y petros. Escogió la quinta opción.

¿Qué busca esa doble contabilidad bolívares-petro? 1) evitar una nueva reconversión, con otro fracaso cantado, 2) permitir que se contabilice en moneda virtual (criptomoneda local) que no necesita emisión (con sus costos involucrados) y permite resolver el problema de cifras en las máquinas fiscales, 3) preservar los valores de las transacciones a título impositivo, con una indexación atada al petro 4) “petrificar” una moneda como el bolívar, que ya era historia y no cumple desde hace tiempo sus funciones principales de moneda oficial.

Interesante que todo en Venezuela viene por partida doble. Dos presidentes, dos Asambleas y ahora dos monedas. Lo que no hay son dos salidas a la crisis. De esa parece haber una sola… y nadie la consigue.

luisvleon@gmail.com


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domingo, 27 de octubre de 2019

Encuentre las diferencias. Por Luís Vicente León


Y ustedes pensaron que me volví loco y me destapé a insultar a la honorable clase política de por estos lados. Pues de ninguna manera. Sólo comparto con ustedes la opinión de Arturo Pérez-Reverte

LUIS VICENTE LEÓN

"Que en un libro recientemente aparecido, alguien ha tenido la escalofriante idea de reunir las frases notorias de esa chusma que responde al nombre colectivo de clase política. El libro, construido a base de anécdotas y personajes, empieza a leerse con un gesto divertido, pero luego la sonrisa se transforma en mueca de angustia. Cielo santo, se dice uno. En manos de quiénes estamos.

Lo que salta a la cara es una desabrida colección de ordinarieces y de ignorancia extrema. Una radiografía estremecedora de los incultos demagogos que mangonean este desgraciado lugar: animales de monte, navajeros de bar de mala muerte, chabacanos y ordinarios que no sólo no se avergüenzan de su pobreza intelectual y su manifiesta incapacidad de articular sujeto, verbo y predicado, sino que encima nos regalan finezas ideológicas como aquella de: «Me encantan los animales, y si son hembras y con dos patas, mejor». O: «A los socialistas les vamos a cortar las orejas y el rabo».

Dirán mi madre, y el obispo de mi Diócesis que a buena hora me pongo sarcástico en esta página. Así que antes de que mi progenitora me jalé las orejas, y el obispo diga vade retro, y el notario escriba indignadas cartas para que me boten de Venepress, me adelantaré apuntando que yo no pido que vote por mí a nadie, ni me chuleo a los demás, ni al partido; y voy por la vida de francotirador irreverente, no de padre de la patria. Así que me reservo el derecho a escribir como me salga del forro. Derecho del que carece toda esa tropa que bebe whisky a costa del contribuyente. Toda esa pandilla a menudo analfabeta, que hasta cuando paga la cuenta del restaurante con la Visa Dorada firma con faltas de ortografía. Impresentables que sólo podrían hacer carrera política en un país como éste; imbéciles capaces de hacer que cualquier ciudadano normal se ruborice cuando se ponen de pie y prueban el micrófono diciendo: «¿me se oye, me se escucha?», y a continuación balbucean torpes discursos sin el menor conocimiento de la sintaxis, sin la menor preparación cultural, con una ignorancia flagrante de la Historia, y la memoria, y la realidad del país en el que trampean y medran. Discursos de los que brilla por su ausencia el más elemental vislumbre de talla política, y que suelen consistir en la sistemática descalificación del contrario. Ni siquiera esos tontos saben insultar como Dios manda.

Pero ahora el personal se lo traga todo, y da igual, y los diarios no titulan con ideas, ni las exigen, pues nadie las tiene, sino con la última estupidez o la última calumnia. En vez de programas y soluciones, la clase política se pasa las noches rumiando el insulto o la supuesta agudeza que va a soltar al día siguiente. Y así, de ser un simple argumento o refuerzo táctico, el insulto ha pasado a convertirse en argumento central; y único, de todo discurso político.

Y no se trata ya de que aprendan Historia, o Retórica, o modales. A buena parte de ellos habría que empezar por enseñarles a leer y a escribir. Y a deletrear. Por ejemplo, la Ve de vaca con la e y con la r: Ver. Que es la primera sílaba, damas y caballeros, de la palabra ver–güen-za”.

Y ustedes pensaron que me volví loco y me destapé a insultar a la honorable clase política de por estos lados. Pues de ninguna manera. Sólo comparto con ustedes la opinión del deslenguado de Arturo Pérez-Reverte, en su artículo “Padres de la Patria”, refiriéndose a los políticos españoles, únicamente tropicalizando las palabras que coloco en negritas y suprimiendo alguna que otra españolada de más. Y uno piensa después de leerlo: gracias a Dios que nosotros nos liberamos de España. ¿Se imaginan lo que sería de nuestra honorable política nacional si en ella se hablara con acento español?

@luisvleon@gmail.com


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domingo, 20 de octubre de 2019

¿Se puede decretar la recuperación del salario?. Por Luis Vicente León


El salario mínimo más bajo de América Latina, incluyendo Cuba y Haití y uno de los salarios más vergonzosos del mundo. No tiene sentido un debate sobre el impacto de este aumento...

LUIS VICENTE LEÓN

Volver a analizar otro decreto de aumento salarial (el tercero de este año y el quien sabe cuántos de este gobierno), sin que esté enmarcado en algún cambio integral o modelo racional que haga pensar en la posibilidad real de rescatar la confianza, evidentemente pérdida, y restablecer los equilibrios económicos en Venezuela, se convierte en un ejercicio repetitivo, fastidioso e inútil, pues queda más que claro que el resultado de este nuevo intento (que no es tan nuevo) será el mismo obtenido todas las veces anteriores... pero cada vez peor. Esto no tiene absolutamente nada que ver con el derecho evidente de la población venezolana a recibir incrementos salariales en medio de una crisis perversa que pulveriza su capacidad de compra en bolívares y también el acceso a bienes en Venezuela teniendo, generando o recibiendo divisas del exterior, pues el crecimiento de los precios internos es “políglota”.

Obviamente que pasar de un salario mínimo de tres dólares a uno de quince dólares (salario integral que incluye el salario mínimo mas los beneficios de ticket alimentación, los cuales por cierto no reciben los pensionados). Es menos malo para alguien dramáticamente empobrecido. El tema es que su situación, con el nuevo salario, sigue siendo mala, vulnerable y penosa como antes de recibirlo. Que este aumento “pírrico” no resuelve su vida. Que sin atender la causa de la inflación, entre ellas la falta de confianza en las autoridades monetarias y políticas del país, el camino del salario nuevo sería el mismo que el del viejo: caerá estrepitosamente en breve sin que nada, ni nadie pueda pararlo. Y lo interesante es que la gente lo sabe, por lo que ni siquiera se produce la típica ilusión monetaria, que luego se convierte en decepción. Ese es un sentimiento hoy en día prepagado.

Podemos dimensionar el drama de los venezolanos considerando que este nuevo salario, recién establecido (aunque de forma extraña y poco clara), ni siquiera puede anunciarse con bombos y platillos populistas, pues representa el salario mínimo más bajo de América Latina, incluyendo Cuba y Haití y uno de los salarios más vergonzosos del mundo. No tiene sentido un debate sobre el impacto de este aumento salarial en la inflación interna, pues la verdad es que la mayoría del sector privado venezolano ya está ubicado muy por encima de este nuevo salario mínimo, pues de lo contrario es imposible retener personal, que pagaría más por el transporte a su puesto de trabajo, que lo que recibe como compensación salarial y, aunque en el sector público si hay un impacto sobre un porcentaje importante de los trabajadores (y por ende un efecto fiscal), esté sería el mal menor que alimenta la brutal crisis inflacionaria que vive el país y que no está ni cerca de pararse.

Nada de esto se resuelve con sanciones, ni discursos diplomáticos encendidos, ni amenazas increíbles que, al pasar el tiempo quedan desnudas y pulverizan las esperanzas de la gente. Tampoco con decretos sucesivos de aumentos salariales que ya no pueden ni cacarearse porque nadie cree en ellos.

No se trata entonces de lo que están haciendo con el aumento salarial, que después de todo es una acción indispensable, sino de lo que no se está haciendo para resolver la crisis política, económica y social del país, que requiere cambios profundos, que la mayoría de los venezolanos exige con urgencia, y que incluye la posibilidad de regresar al pueblo su derecho a elegir libremente gobernantes capaces de atender los problemas del país y sacarlo del barranco donde lo llevaron. Y eso seguramente va pasar, pero parece que después de agotar todas las estupideces previas.

lvleon@gmail.com


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