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martes, 31 de enero de 2017

Millennials venezolanos, atrapados entre crisis y consumismo. Por Mercedes E. Rojas


Mercedes E. Rojas Páez-Pumar / @merce_rojas / Banca y Negocios

La video-entrevista de Simon Sinek —escritor y motivador inglés, experto en liderazgo— para el programa Inside Quest de Tom Bilyeu, ha rodado por las redes sociales, conmocionando a su paso a más de uno, que encuentra cualquier parecido con la realidad como simple coincidencia.

“Aparentemente los Millennials como generación, son un grupo de personas que nacieron entre 1984 y después. Son duros de manejar y se les acusa de creerse con derecho a todo. Son narcisos, egoístas, desenfocados, perezosos. Confunden demasiado el concepto de liderazgo (…) Este problema se reduce a cuatro factores: crianza, tecnología, impaciencia y ambiente”, son las palabras introductorias con la que Sinek abre su alocución.

Resulta complejo para un mundo globalizado, tener en la flor de su edad productiva a este conjunto de jóvenes a quienes les hicieron creer, desde muy temprano, que eran una especie de pequeños héroes. Jamás les dijeron que “NO”; el cuarto, quinto y sexto lugar, también eran merecedores de premios en las competencias, su desarrollo vino de la mano de las redes sociales, siempre tuvieron un “like, un “follow”, un “retweet”, un “favorito”, una “manito arriba” y las compras estuvieron al alcance de un click y un número de tarjeta de crédito. El problema resulta cuando esta generación sale de la burbuja para enfrentarse a la realidad laboral y todas sus creencias se desmoronan.

El factor tecnológico llega para sazonar el asunto. Simon Sinek explica que el placer que causan las redes sociales, se debe a la “dopamina”, un neurotransmisor o mensajero químico, que es liberado mientras fumas, bebes o apuestas y es altamente adictivo. Resulta curiosamente paradójico y gracioso que un video que habla sobre el “peligroso” efecto de las redes sociales en las personas, se haga viral y ruede a través de ellas como la bola de paja que crece y crece.

Es complejo entender el fenómeno cuando no se sabe a ciencia cierta quién se adapta a quién. Son numerosas las empresas que han tenido que cambiar sus políticas internas para acoger a un nuevo personal cargado de nuevas “aptitudes”, son cientos los artículos que se pueden conseguir en internet acerca de: “Millennials en tu empresa, la mejor manera de manejarlo”, son toneladas las campañas de marketing de las que se han apoderado las marcas para seducirlos, para engrosar sus ventas aprovechando su consumismo generacional e irracional.

El caso de los Millennials venezolanos es digno de ser estudiado a profundidad, pues luchan prácticamente a contracorriente por satisfacer las necesidades tan intrínsecas en su generación. El internet y los altos costos juegan en su contra. Sin embargo, aunque cueste más de lo humanamente posible, el consumismo siempre ganará la batalla. La Global Millenial Survey del 2014 reveló que la generación del milenio en países latinoamericanos, tiene altas expectativas sobre el futuro de sus países en comparación con los jóvenes estadounidenses. 72% de ellos creen que el país mejor está a punto de llegar y cree firmemente que son parte de dicho logro.

A pesar de cualquier crisis, Venezuela no deja de ser un país que se adapta a los nuevos patrones de consumo digitales. La prueba más clara es la aparición y proliferación de numerosas tiendas virtuales —a través de sites o perfiles sociales—, páginas web que promocionan ofertas para consumidores, al estilo de TuDescuentón, y el fortalecimiento de plataformas como Mercado Libre que en palabras de Pedro Arnt, vicepresidente ejecutivo de finanzas de la compañía, “sigue funcionando extremadamente bien en Venezuela y curiosamente ha sido el país que ha demostrado el mayor crecimiento en los últimos años”.

Romina tiene 29 años y trabaja como vendedora, lo que antes de la llegada de los Millennials era conocido como un silvestre “buhonero”. No tiene tienda física, todas sus transacciones las realiza a través de su cuenta de Instagram que goza de las ventajas de los 109K. “La gente siempre compra, sobre todo por internet, ya que se abaratan los costos al no tener que pagar alquiler, luz, agua, ni contratar empleados. Si saben que eres de confianza y vendes productos de calidad, vas a ganarte la fidelidad de tus compradores y tu comunidad virtual”.

Es muy probable que las visitas de su casa le pidan antes la clave del Wi-Fi que un vaso de agua, y es que en estos tiempos los “megas” son más valiosos que el oro. Esta es otra ardua realidad con la que la generación del milenio criolla debe lidiar, pues no existe ningún plan de telefonía móvil que cubra sus necesidades, esas que incluyen Snapchat, Instagram, Twitter, Facebook, Youtube, Musical.ly, entre otras apps que los mantengan embelesados. Las novelas, los magazines y talk show, son fósiles de los que alguna vez se escuchó hablar, las cuestiones de entretenimiento prolongado (videos que duren más de 15 segundos o 1 minuto) quedaron en mano de los youtubers, quienes llegaron para ser las nuevas súper estrellas de sus propios “realities”. Yuya, La Divaza, Caeli, Verdeliss, Dross, Mariale y Hola Soy Germán, son las nuevas celebridades de esta era. No en vano las grandes compañías cambiaron las vallas por publicidad segmentada en estos canales.

Los Millennials venezolanos también se enfrentan a la inseguridad, que probablemente sea lo que les cause más miedo después de quedarse sin renta. Los motorizados los han privado de jugar Pokemon Go, de hacer “lives” para Instagram en exteriores, de compartir cada momento de sus vidas con su comunidad y de hacer “vlogs”. Si algunos piensan que ser Millennial es difícil, imaginen cómo debe serlo con nacionalidad venezolana.

Generación Alpha, objetivo a la vista

Los niños que nacieron a partir del 2010, hace segundos atrás, ya son denominados como la generación Alpha. Seguramente usted haya escuchado a algún Millennial (incluso puede ser usted mismo quien emita este comentario) decir: “Mi bebé ya maneja la tablet a la perfección” o “Nació casi adaptado a la tecnología táctil, le da al dedito y todo cuando le ponemos una pantalla en frente”. Las grandes industrias han cambiado sus tácticas y parámetros, para satisfacer los demandantes hábitos de consumo de los Millennials (padres de los Alpha). Un interesante artículo de la Revista Producto habla sobre la preparación realmente anticipada de las marcas en cuanto a sus mensajes y estrategias de marketing para captar a esta joven audiencia que aún ni cuenta con historial de crédito.

El mundo se mueve para satisfacer a la generación de turno y el futuro siempre será incierto. Mientras tanto, esperamos que siga sus instintos y comparta este artículo en sus redes sociales.


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viernes, 9 de diciembre de 2016

Las verdaderas caras de los “nuevos” billetes (Crónica). Por Mercedes Rojas Páez Pumar


Mercedes E. Rojas Páez-Pumar / @merce_rojas / Banca y Negocios

La expectativa ante los nuevos billetes del cono monetario, llenó los muros de las redes sociales, se radicó en los chats de los grupos de Whatsapp y se mantuvo como tema central en las conversación de numerosas sobremesas y reuniones. Los mitos y chismes, hicieron lo suyo. Hasta se abrieron apuestas para adivinar los nuevos rostros del papel moneda.

“El gobierno no va a sacar el de Chávez, eso significaría que todos los billetes con su cara serían pintados por la gente: bigotes, dientes negros, cachos”, predijeron algunos.

Las teorías conspirativas, suposiciones y hasta los mitos del imaginario colectivo, llegaron a su fin el pasado miércoles cuando el semanario Quinto Día rompió el silencio y publicó la imagen que todos esperaban ansiosos, las nuevas caras del cono monetario habían sido reveladas.

El Francisco Miranda regordete en el anverso del billete de Bs 500, Negro Primero en el de Bs 1.000, el cacique Guaicaipuro en el de Bs 2.000, Luisa Cáceres de Arismendi en el de Bs 5.000, Simón Rodríguez en el de Bs 10.000 y Simón Bolívar en el de Bs 20.000.

Los mismos de siempre, que quizás decepcionaron a uno que otro que querían ver otros personajes impresos.

Hay algo cierto en este polémico tema de la ampliación del cono monetario, la acción supone un reconocimiento inflacionario por parte del gobierno. Sin embargo, sobre el asunto se han suscitado numerosas opiniones. Existen quienes incluso creen firmemente que la reaparición de los próceres con nuevo valor monetario, mejorará la situación económica y aliviará la inflación.

Pero las cosas seguirán valiendo lo mismo y hasta más, la búsqueda de artículos de primera necesidad será igual de complicada y usted ganará el mismo sueldo. Simplemente no tendrá que pagar con billetes de Bs 10 o de Bs 20 un mercadito de Bs 15.000, que solo durará un par de días en la nevera.

Y es que en un país de escasez, los billetes también se habían ido de parranda. Luis Vicente León explica para Prodavinci que: “Cuando un venezolano común necesita sacar del cajero electrónico de su banco el equivalente a cien bolívares de aquella época (2008), ahora tiene que pedirle a la misma maquinita que le dispense cien billetes de cien. Y ésa es una tarea inviable, porque esos aparatos no están diseñados ni rellenos con suficientes billetes para eso. Y todo esto sin contar con el hecho de que, ante la falta de divisas y repuestos, la banca ha tenido que responder eliminando cajeros automáticos de su red para llevarlos a una chivera particular donde se canibalizan para poder mantener funcionando los que quedan… por ahora”.

Hagamos un breve ejercicio de memoria. Antiguamente, en esa Venezuela que tanto criticamos pero añoramos, las colas en los supermercados para pago en efectivo, eran las más rápidas. Usted elegía sus productos y los pagaba con algo de cash en cuestión de segundos. Incluso el proceso de pago con débito o crédito se hacía eterno y tedioso.

Hoy en día pasa todo lo contrario. Si el individuo que le antecede en una cola se dispone a pagar su compra con billeticos, seguramente usted maldecirá a toda su familia, pues pasarán minutos mercado (que son más largos que los minutos de la vida en el exterior de dicho recinto) para que logre finalizar su transacción.

Entendiendo esto, las acciones del Banco Central de Venezuela pudieran resultar insuficientes. Sin duda el problema del efectivo, los cajeros y los límites diarios se solventaría a corto plazo, pero hace falta controlar la inflación para que la historia no se repita en el futuro cercano.


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miércoles, 2 de noviembre de 2016

Los que se quedan y los que se van: Testimonios de venezolanos en el exterior. Mercedes Rojas


Mercedes E. Rojas Páez-Pumar / @merce_rojas / Banca y Negocios

Conseguir los testimoniales para este artículo fue tan sencillo, que entristece. Todos los venezolanos tienen una parte importante de sus afectos viviendo en otras fronteras, hablando idiomas ajenos, adoptando culturas, cultivando nuevas amistades e intentando hacer de sus pocos metros cuadrados un hogar.

Sus historias, esas que construyen a distancia, empiezan cuando el avión despega rumbo a un destino que se elige casi a dedo. Aprenden a cambiar unos problemas por otros, esos que existen cuando hay espacio para el desarrollo y la ciudadanía. No es fácil para ellos y no es menos complicado para los que dejan atrás. Estar lejos de la patria, de casa, supone un acto de coraje, una tonelada de esfuerzo, un poco de desapego y un montón de ganas.

Venezolanos: apoyándose en la distancia

María Fernanda Parra es una odontóloga y endodoncista de 28 años. Sus estudios de postgrado la llevaron a salir temporalmente de Venezuela, pero su salida definitiva se concretó después de su matrimonio en 2016: “Joven, recién casada y graduada de una especialidad me parecía bastante difícil surgir, independizarme y ahorrar”, me cuenta desde Chile, el país que la recibió hace pocos meses.

“Mis razones para emigrar fueron principalmente la inseguridad y la crisis económica. Tener la experiencia previa de vivir en cualquier otro país, ser libre, no tener que preocuparme al caminar de noche, usar el transporte público sin miedo, algo que duele no poder hacer en mi país”.

El proceso de trámites duró meses y transcurrió entre colas interminables y largas madrugadas de espera en el Consulado de Chile. “Soy de nacionalidad chilena y tener un RUT (cédula) me ayudó a agilizar el proceso una vez que llegamos a Santiago. Logramos mudarnos a un apartamento después de varias semanas, éramos rechazados por no tener vida crediticia, ni un tiempo considerable de experiencia laboral en nuestro nuevo destino. Debía presentar un examen para revalidar mi título de pregrado en odontología y poder ejercer legalmente en Chile. Pasé los dos primeros meses estudiando”.

Después de algunos meses, Mafe, como es conocida por sus allegados, consiguió un trabajo de asistente en una clínica odontológica. Allí fungió como asistente, secretaria, encargada y hasta administrando las cuentas de redes sociales del lugar.

Para ella lo más duro es estar lejos de su familia y a pesar de tener algunos meses viviendo en el Sur, no termina de sentirse como en casa: “Esta semana recibimos una mudanza con muchas de nuestras pertenencias, con ellas empezaremos a formar un hogar. Creo que pronto, podré sentirme como en casa”.

Sus amigos venezolanos en Chile han sido de gran ayuda. La recibieron y albergaron durante los primeros días, que suelen ser los más duros. “El venezolano en donde esté, siempre va a apoyar a su hermano. Lo se, lo he vivido en otros países”, concluye.

Diseñando un futuro desde lejos

Alana Diaz es una joven diseñadora que se fue a tierras muy lejanas después de concluir sus estudios en 2010. “Me vine a Alemania con la idea de seguir estudiando, pero poco a poco las cosas en mi país empeoraron y no quise regresar. La inseguridad me aterraba”.

La llegada fue compleja, en otro idioma, uno al que muchos temen por su rigidez. “No sabía hablar nada de alemán, pero me hice entender en inglés hasta que poco a poco fue agarrando el hilo. Los alemanes fueron muy amables, me hicieron sentir bienvenida y me enseñaron a sobrevivir el invierno”.

Conseguir un trabajo e instalarse no fue una experiencia traumática, sin embargo la emigración siempre trae obstáculos consigo: “No tener a mi familia y amigos cerca es muy duro. Perder el día a día con tu gente. Te ves realmente solo cuando tienes un problema, a veces ni siquiera puedes contarle a tu familia a distancia para no preocuparlos. Hasta el idioma es complejo, aunque lo domino, no es lo mismo que poder expresarte en tu lengua materna”.

Cada país tiene sus problemas, en Alemania no hay una inseguridad desenfrenada ni una escasez galopante, pero tampoco es perfecta: “Hay cosas con las que lidiar. Vives aquí con la cabeza puesta allá. Al levantarme lo primero que hago es leer noticias de mi país y a pesar de que aquí está mi residencia y mis cosas, no termino de sentirme en casa. Me hace falta salir del trabajo y visitar a mis papás, llamar a mi abuela o tomarme un café con mis amigas, esas de toda la vida que te conocen más que nadie”.

Ante la emigración, buena cara

Oriana Lozada tiene pocos años de haber concretado sus estudios universitarios. Hace 4 meses salió con su título de comunicador social rumbo a Panamá. La razón muy particular que la llevó a tomar la decisión fue la presión de su familia y su novio. “Quizás mis padres tuvieron un poco más de visión a futuro. Yo tengo 23 años y tenía en mi país un trabajo que me gustaba, mis necesidades estaban cubiertas. También tenía a mi novio fuera y tenía gran parte del camino recorrido. Se me hizo más fácil, sola quizás no me lanzo”.

“En Venezuela el día se me acababa muy rápido, pues tenía miedo de estar en la calle. Salir fue enfrentarme a muchos sentimientos: la ilusión de comenzar de cero y el miedo a lo desconocido”. Oriana hizo caso omiso a las experiencias y cuentos de los demás y decidió enfrentar el reto con buena cara, con una actitud positiva el recibimiento fue siempre bueno. “Había escuchado muchos casos de coterráneos rechazados en Panamá, pero cuando llegué fue muy diferente. Me hicieron sentir bienvenida”.

Su novio fue su gran apoyo, él ya había tanteado el terreno y lo había abonado para su llegada. “Hay gente que llega y no tiene idea de dónde comprar jabón, a mi me guiaron”.

A pesar de tener una llegada amena, la distancia hace de las suyas: “Veía a la gente en redes sociales feliz, la vida había continuado para ellos y yo estaba tan lejos. Me daba rabia no poder compartir esos momentos con ellos. Te cuestionas, te pasan muchas cosas por la mente. Los próximos meses llegaron llenos de depresión, llegaba triste a mi casa en las noches, todos los días me afectaba. Hasta el 4to mes no me sentí como en casa. Ahora camino por las calles y me siento tranquila aquí”, concluye.

Buscando paz mental con los Incas

Después de su matrimonio en 2014, Oriana Montilla se fue a tierras peruanas con su recién estrenado esposo. Para ella la vida en pareja y la emigración llegaron con el mismo boleto de avión. “Me fui en busca de una mejor calidad de vida, de un lugar donde caminar tranquila, donde la plata me alcance, donde no viera y escuchara rojo por doquier. Me fui buscando un lugar donde el fanático político se pierde entre algunos pocos, un lugar donde proyectarme, donde tener una familia, donde amoblar mi casa, un lugar para encontrar mi paz mental”.

Venezolanos-Italia-Foto-Mario-Filippo_NACIMA20140216_0025_6Los ahorros se fueron y se siguen yendo en el pago de papeles y su renovación. Para esta joven pareja las cosas no están encaminadas del todo. “El viaje es contínuo y en él te encuentras ángeles que te echan una mano, moral y económicamente”. Oriana ha tenido suerte, pero sabe que para otros, incluso muy cercanos a ella, el camino no siempre se muestra libre de obstáculos: “Mi prima es licenciada en comercio exterior y llegó hace meses a Perú, está trabajando como mesera en un café francés. Mi esposo pasó tres meses sin conseguir trabajo. Lima es una ciudad que se mueve gracias al boca a boca, sin una recomendación laboral es difícil que te contraten”.

Estar lejos es muy duro cuando sabes lo que dejas atrás: “A mi sobrino, que vive en Caracas, le tuvieron que poner pañales para adulto ajustados con tirro. Es inevitable que te sientas culpable por tener cosas que ellos no tienen allá. Mi mamá añora un cafecito dulce y a mi hermana la han robado más de 4 veces en 1 año. Extraño La Vega, Caurimare, La Sabana, el queso de mano, a mi familia”.

Perú, sus paisajes y su gastronomía hacen que enamorarse de esta nueva tierra no sea complicado, sin embargo nunca es lo mismo: “Te sientes que vives en casa de una prima lejana, pero no terminas de estar en tu casa”, sentencia entre recuerdos y añoranzas.

Todos sueñan con volver, es el común denominador. La estadía es temporal, sin embargo echar raíces y adoptar culturas es inevitable. Estas son solo poquísimas historias de hijos que se vieron prácticamente botados por su patria.


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viernes, 28 de octubre de 2016

Guía de compras: El verdadero alcance del nuevo salario mínimo. Por Mercedes E. Rojas


Mercedes E. Rojas Páez-Pumar / @merce_rojas / Banca y Negocios

Nicolás Maduro lo volvió a hacer. A partir del próximo martes los venezolanos que perciben salario mínimo ganan 20% más.

Esta es la cuarta vez que el Presidente anuncia un incremento de sueldo en lo que va de año, sin importar que en agosto (mes en el que fijó un aumento del 50%) anunció que el ingreso mensual se mantendría estable, al menos hasta diciembre.

Los trabajadores cumplirán con sus deberes por un total de Bs 27.092,1 al mes.

Maduro también indicó que este aumento se aplicará a los pensionados y jubilados, unas tres millones de personas que no perciben el beneficio de alimentación, el cual quedó en 63.720 tras el incremento en su base de cálculo de 8 a 12 unidades tributarias.

La firma Aristimuño Herrera & Asociados venía anticipando de manera reiterada desde hace varios meses que este año se observarían aumentos salariales más frecuentes que en años anteriores, lo cual queda confirmado.

Cabe mencionar que el nuevo salario mínimo si bien es un incremento de los ingresos en términos nominales, no representa una mejoría en el poder adquisitivo real de la población en la medida que no sean resueltos los problemas de abastecimiento y producción local que estabilicen la oferta de bienes en el mercado venezolano y permitan desacelerar el fuerte impulso inflacionario que existe en el país.

Es por ello que una persona que gane salario mínimo y salga el mes próximo a gastar sus ingresos adicionales encontrará que son pocos los artículos que podrá adquirir con su sueldo.

En este contexto, BancayNegocios ofrece a sus lectores una lista de ítems y la cantidad de nuevos salarios mínimos requerida para poder adquirirlos.

Todos los precios fueron consultados en Mercado Libre (27.10.16)


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viernes, 21 de octubre de 2016

La inflación sacó a la fanaticada de jonrón. Por Mercedes E. Rojas


Mercedes E. Rojas Páez-Pumar / @merce_rojas / Banca y Negocios

Las transmisiones por televisión no son escaparate de nadie: es evidente que los asientos del Estadio Universitario de la UCV se quedaron más fríos que la cerveza, porque está claro que la inflación no entiende de pasión o fanatismo.

La llegada de octubre anunciaba el comienzo de la temporada de beisbol, una actividad que está tan inmiscuida en la idiosincrasia del venezolano como la arepa. Ni la lluvia, ni las rivalidades lograron amainar el furor de los fanáticos que año tras año se congregaban, empintados con los colores de su equipo, para vitorear jonrones, compartir entre panas o amistades temporales que se estrecharon entre innings, disfrutar, vaso tras vaso, de una buena birra y devorar las delicias de la comida chatarra.

El bolsillo está adolorido y aunque la pasión es grande, la pelazón también lo es.

Daniela Rodríguez es una caraqueña de 28 años, fanática de los Tiburones. El estadio y la samba están entre sus primeros recuerdos de infancia. “Voy desde que soy chiquitica porque mi familia es beisbolera. La semana pasada fui al estadio y pagué por una entrada Bs 3.000,00. Para todo el mundo tiene que ser un golpe fuerte económicamente, puedes llegar a gastar más que en una ida al cine. No importa si vas o no a caerte a birras o a comer, igual representa un gasto importante, considerando que es una actividad que se hace en familia o en pareja. Los gastos se multiplican. Jamás había visto el estadio tan vacío, incluso dicen que es el año con más inasistencia en la historia. Hay promociones 2×1 en las entradas. Yo, que tengo toda la vida asistiendo a los juegos, nunca había visto algo así”.

Para los que solo han disfrutado de la emoción del beisbol a través de canales por suscripción y para los fanáticos que viven fuera, compartimos esta lista de precios:

Los vendedores tampoco están contentos y notan que la falta de público comienza a causar estragos en sus finanzas. Ricky* es un vendedor que debuta esta temporada introduciendo su producto a la variada oferta gastronómica. “El alquiler para todos los concesionarios de este año fue súper elevado. A pesar de todo, decidimos meternos en el estadio por primera vez porque siempre se ha vendido muy bien. Me parece que los precios de las entradas son muy elevados, lo que ha disminuido considerablemente la afluencia. Eso repercute directamente en la venta de comidas y cerveza. Uno que otro quiosco vende más o menos, pero los demás estamos críticos en cuanto a ventas, pues hasta la fecha estamos a pérdida. No ha valido la pena la inversión y tampoco el esfuerzo”, sentencia y se mantiene esperando que el Caracas-Magallanes le haga el milagrito.

No solo es caro, además cada vez los asistentes la tienen más difícil: los tres cajeros de interminables colas, que operaban en las afueras de las gradas, ya no existen. Si usted va a recrearse viendo un juego, le recomendamos llevar al estadio un saco de efectivo, aunque sabemos que conseguirlo será toda una proeza, aunque algunos pregoneros ya gozan de las ventajas de acarrear un punto de venta.

Ahora disfrutar de la emoción del beisbol es una actividad reservada para ocasiones especiales, esas que se hacen junto a la llegada de la quincena. Antes un fanático podía asistir a varios juegos, los abonados hacían amistades entrañables en su zona de asientos, la cerveza era barata y se consumía sin miedo, hoy en día la historia es otra. Compre chucherías y acomódese en casa, este año el beisbol se disfruta desde el sofá.

*El nombre fue cambiado para proteger la identidad del entrevistado


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viernes, 14 de octubre de 2016

El mercado del lujo y la dolarización se dan la mano en Venezuela. Por Mercedes Rojas Páez


Mercedes E. Rojas Páez-Pumar / @merce_rojas / Banca y Negocios

Los productos regulados de manufactura nacional juegan al escondite y causan ansiedad durante sus breves apariciones en los anaqueles. Mientras tanto la mercancía importada, aun olorosa a capitalismo, se convierte en la protagonista del horario estelar. Ciertos establecimientos improvisaron espacios para recibir a esta invitada de honor, a quien ofrecen a precio de joyería.

Es cada vez más común escuchar entre tertulias sobre estos espacios que comercializan productos extranjeros a precios dolarizados o como escribiera Luis Vicente León: “(…) importadores privados que se atreven a traer las mercancías a dólar negro y colocarla, maquilladita de DICOM, en canales formales, con precios de mercado internacional, una referencia que por cierto ha registrado una inflación de dos mil trecientos cincuenta por ciento en los últimos doce meses”.

Existen varios rincones en Caracas que exhibe torres de Nutella entre frutas y verduras. Café, aceite, sirope de maple, pasta italiana, papas Pringles, Splenda, cereales gringos que traen recuerdos de infancia en sus cajas de cartón, compotas, mayonesa y exquisiteces como salmón enlatado y trufas.

Es inevitable cuestionarse. Quién puede, en tiempos de crisis e inflación, desembolsillar estas estrafalarias sumas de dinero para adquirir productos que no son considerados de primera necesidad. Aún entendiendo que al venezolano le corre el consumismo por las venas, sin importar su clase social, resulta complejo procesar que con la situación económica que ha desmejorado la calidad de vida de millones, todavía existan consumidores dispuestos a hacer las compras en estos establecimientos.

El aceite de maíz marca Mazola cuesta en la página web de Walmart $3.87 y es vendido en uno de estos establecimientos por Bs 24.000,00. Entendiendo que el precio del dólar negro se ha mantenido sin fluctuaciones dramáticas, se hace imposible entender el salto abismal.

Una botella de agua gasificada marca S. Pellegrino se vende por Bs. 2.770,00 en el mismo local, un precio que no parece descabellado cuando la botella de dos litros de refresco está marcada en Bs. 2.000,00.

El absurdo aparece cuando unas cuadras más adelante, dentro de las instalaciones de un elegante bodegón de un centro comercial, se vende el mismo producto por Bs. 7.000,00.

“Hay comida, lo que no hay es real para pagarla”, sentencia un parroquiano durante una extendida conversación. Con la popularización de estos nuevos locales, que abren espacio entre sus repisas para las delicias del primer mundo, la premisa no resulta errada. No se trata de hacer un esfuerzo económico para conseguir un producto de primera necesidad a precio del mercado negro, se trata de una clase social que puede darse lujos a precios más que dolarizados. La regla es simple: hay oferta porque existe demanda.

Otros comerciantes hacen sus peripecias a puertas cerradas. Una oficina clandestina ofrece cigarros electrónicos, calculando el precio a la tasa de dólar negro del día. “Un pana me dio el teléfono y cuadré una cita por WhatsApp. En la tienda había como tres compradores el día que fui. Tenían de todo”, afirma alguien que logró entrar al local.

En la pequeña “frutería” hay una colita considerable para pagar. No me sorprende que el cliente con más mercancía por facturar sea una voluptuosa rubia oxigenada. Su ajustada ropa deja ver los CC amoldados a su nuevo cuerpo y mientras espera, se deleita comiendo un paquete de papas importadas y coqueteando con los vendedores mientras decide si sumará o no otro producto a la abultada cuenta. Afuera esperan hombres con actitud de escoltas y camionetas del año.

Hay quienes todavía pueden pagar por un frasquito de trufas, mientras no muy lejos otros se pelean por un pollo y hacen interminables colas bajo el sol para regresar a casa con algo de comer. Que cada quien saque sus propias conclusiones.

Ver También:
  • “Mercados gringos” en Caracas: Un pequeño Walmart en el corazón de la capital. Por Mercedes E. Rojas
  • La crisis vacía las playas de Margarita en plena temporada. Por Mercedes Rojas
  • Historias del venezolano que no emigró. Por Mercedes Rojas

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    miércoles, 21 de septiembre de 2016

    “Mercados gringos” en Caracas: Un pequeño Walmart en el corazón de la capital. Por Mercedes E. Rojas


    Mercedes E. Rojas Páez-Pumar / @merce_rojas / Banca y Negocios

    No hay quien se resista al olor del pan recién salido del horno. El aroma invita a los peatones caraqueños, que transitan las afueras de una panadería ubicada en una concurrida zona del este capitalino, a entrar al local para batallar por dos escuetas y pálidas canillas. El factor sorpresa no tarda en ser revelado: los peatones no conseguirían pan sino codiciados productos de la escasez “por bojotes”.

    Una vez dentro del local, los posibles compradores son recibidos por un hombre que dejó los buenos modales en casa. Azúcar, arroz, aceite y pasta italiana engalanan los anaqueles. La lista de precios se improvisó sobre una cartulina que reza:

    • 1 kilo de arroz: Bs 2.900
    • 1 kilo de azúcar: Bs 3.200
    • 1 litro de aceite: Bs 3.500
    • 1 paquete de pasta italiana: Bs 3.000

    ArrozAl voltear los productos, veo que son fabricados en Manaos, una ciudad brasilera conocida por ser el principal centro financiero y económico de la región Norte del país vecino. Los precios me parecen altos, y es que aun ganando el doble del sueldo mínimo, no podría darme el lujo de hacer mercado en este establecimiento, con una frecuencia regular.

    Sin embargo, mi mamá, quien no dudó acompañarme apenas supo que mi pauta de esta semana incluía un pequeño tour por estos “mercaditos abastecidos”, tomó un kilo de arroz blanco y con dolor pasó su tarjeta. Es el precio a pagar cuando quieres llegar a casa con aires de heroísmo por traer contigo el billete dorado de Willy Wonka. Los otros compraban en combos que incluían todos los productos, “dame cuatro paquetes”, “dame dos más”, escuché mientras intentaba tomar una foto de la mercancía.

    El vendedor, quien jamás mostró ni un dejo de alegría, nos comenta que en el mismo centro comercial, dentro de una heladería que recientemente abrió sus puertas, se puede conseguir champú, jabón y desodorante. Desesperados, mis acompañantes y yo, bajamos las escaleras. Al llegar, entre montañas de helado, crema batida y postres conseguimos un pequeño oasis. Aquel amargado vendedor se había quedado corto, aquí no había champú, jabón y desodorante, aquí había un pequeño Walmart, un mercadito gringo con todos los productos que extrañamos y añoramos como a nuestros héroes de infancia, esos que desde hace años no vemos.

    Estos pasillos esconden ese colorido del capitalismo, la variedad a la que nos desacostumbramos, precios más altos que el sueldo de un profesional y la impotencia de estar tan cerca del valorado bien sin poder comprarlo.

    La seguridad es parecida a la del Pentágono en Washington, los guardias que parecematrix-filmn reproducirse en cada esquina, están impecablemente uniformados. Por un momento me siento inmersa en aquella escena de Matrix en la que el protagonista es acosado por los clones del Agente Smith. Las cámaras te apuntan desde cualquier ángulo. Y es que verdaderamente estamos en una bóveda repleta de lingotes de oro.

    El espacio es coronado por una charcutería en la que solo se exhiben exquisiteces: patas de jamón serrano y jabugo, olorosos quesos de nombres impronunciables y otros enlatados muy por fuera de mi presupuesto… anual.

    La gente compra y compra, “marica, llévate dos porsia” le dice una mujer a otra mientras hurga la sección de cuidado para el pelo. Yo solo observo los productos y la rabia empieza a ser mi compañera más fiel durante el recorrido. Los precios son absurdos:

    • 1 paquete grande de detergente marca Tide: Bs 50.000
    • 3-pack de champú marca Dove: Bs 45.000
    • Paquete extra grande de toallas sanitarias marca Always: Bs 34.500
    • 36 rollos de papel toilet: Bs 72.000
    • 1 pote de talco: Bs 12.000
    • 1 pote champú marca Pantene: Bs 29.000
    • Jabones: entre Bs 3.000 y Bs 4.000
    • Afeitadora Gillette (estándar): Bs 2.500
    • Caja de condones marca Trojan: Bs 37.500

    Los precios me parecen un insulto, una burla, y es que la inflación es la excusa perfecta para que los especuladores hagan unbolivares-compras negocio tan redondo, como los ceros que ponen en sus etiquetas. Hace semanas y como consecuencia de la fuerte escasez, hice un pedido online con el remanente verde que se aferraba a alguna cuenta del extranjero. El monto total sumaba unos $60 e incluía champú, acondicionador, jabones de baño, afeitadoras, crema dental y otros productos de tocador. Incluso con el pago del envío (marítimo) el total a pagar, era menor que el precio que marcaba un solo producto de este establecimiento.

    Al salir un seguridad chequea tu cartera cual oficial antinarcóticos, lo que hace la visita más humillante. Habrá quienes ante una necesidad o emergencia acudan a este tipo de locales comerciales por un producto en específico, también existirán otros que con los bolsillos llenos, despilfarren y hagan compras como si se tratara de un mall “mayamero”. Yo solo se que al salir de allí, el precio de arroz, el azúcar y el aceite de la panadería me pareció tan barato que quise salir corriendo a comprar de todo.


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    miércoles, 24 de agosto de 2016

    La crisis vacía las playas de Margarita en plena temporada. Por Mercedes Rojas


    Mercedes E. Rojas Páez-Pumar / @merce_rojas / Banca y Negocios

    Mercedes E. Rojas Páez Pumar @merce_rojas

    Agosto es el mes predilecto para el descanso, llegaron las vacaciones escolares y con ellas la necesidad de planear una escapadita. Mientras unos cambian corbatas por piñas coladas, el sector turismo carga baterías para recibir a los temporadistas, pues el descanso de algunos se logra gracias al trabajo y esfuerzo de otros.

    Según datos del Ministerio de Turismo, durante las vacaciones escolares de 2015, se movilizó un total de 12.542.842 vacacionistas entre los diversos destinos turísticos que ofrece el país. Lo que se tradujo en un total de Bs 84.418 millones, cifra que representó una variación del 65,02% en comparación con los datos del año anterior.

    No es extraño que las cifras hablen de crecimiento y mejoras. Pero tal y como cita el refrán “el que tenga ojos que vea” y no hay que tener visión 20/20 para digerir la realidad tal cual es en este 2016.

    En el pasado las playas margariteñas albergaban a cientos de bañistas sobre su cálida arena, era el destino por excelencia para aquellos que se querían dar un gustico, pero no contaban con recursos suficientes para hacerlo fuera de las fronteras del país. Compras, gastronomía exquisita, cómodos hoteles y resorts, rumbas, numerosas y paradisíacas playas para todos los gustos, en fin, Margarita siempre se caracterizó por ser una isla con mucho por ofrecer. Sin embargo, la crisis económica que atraviesa el país hace que los sueldos alcancen para hacer las compras de casa y no mucho más.

    La cantidad de turistas en la isla mermó con una notoriedad importante. Aquellos que venden artesanía y ofrecen cualquier servicio imaginable, lo saben y caminan las playas de cabo a rabo en busca de clientes. Su abordaje es invasivo, casi suplicante. Vender un par de zarcillos hechos con perlas, masajear los músculos de algún turista estresado o hasta pedir limosna, es el trabajo por excelencia durante la temporada. Resulta complejo cuando existe mucha oferta, pero poca demanda.

    Una masajista camina entre los toldos ofreciendo su servicio: reflexología, masaje de cráneo, de pies y hasta de cuerpo entero. “Yo no entiendo cómo es que en plena temporada Playa El Agua esté tan vacía… En Parguito tampoco consigo clientes”.

    Una pareja de argentinos pensó que disfrutaría de la tranquilidad del sonido de las olas con su pequeño hijo de 4 años. Apenas un vendedor notó su particular acento se postró en su toldo para nunca más salir y corrió la voz entre otros vendedores. Había encontrado a la gallina de los huevos verdes entre la arena.

    “Hasta los extranjeros son duros para comprar. Esa gente que viene de afuera cree que tiene a Cristo agarrado por la chiva porque traen apenas $1.000” comenta el vendedor con un marcado acento oriental. “Estos argentinos están duros, no me quieren comprar un juego de zarcillos de perlas por $5. A ustedes como son venezolanos y saben cómo es la cosa, se los dejo en Bs. 2.000”, finaliza.

    Para un turista del extranjero, el precio del masaje cuerpo completo está en $30, para un criollito el precio es de Bs 5.000.

    Francisco disfruta trabajando en temporada alta, como parte del staff de entretenimiento de un hotel 4 estrellas. “En el hotel hay gente, pero no tanta como en otros años. Durante esta semana el servicio ha sido súper personalizado, conozco a todos porque son pocos”.

    Y es que hasta en el buffet del hotel “all inclusive” para el que opera este joven margariteño, se nota la crisis y la escasez. La mantequilla, el azúcar y la leche no están en el menú y las tradicionales arepas se fueron de viaje a otro destino.

    Este último alimento, típico del desayuno criollo solo aparece en una que otra cena temática que pretende rendir homenaje a la gastronomía venezolana, pero realmente la deja muy mal parada al no poder ofrecer cada elemento de la vasta oferta tricolor.

    Sin duda el turismo, una de las fuentes de ingreso más explotables de Venezuela por su amplio potencial, sufre como consecuencia de la crisis generalizada.


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    sábado, 30 de julio de 2016

    Historias del venezolano que no emigró. Por Mercedes Rojas


    Mercedes E. Rojas Páez-Pumar / @merce_rojas / Banca y Negocios

    Al disponer patrones de color sobre el piso del Aeropuerto Simón Bolívar en Maiquetía, Cruz-Diez no podría imaginar, que su vibrante obra vigilaría desde el silencio tanto adios. Todo aquel que partió con el tricolor “arrugadito” en la maleta, tomó una pausa sobre la Cromainterferencia, para darse ese último abrazo que, entre lágrimas, abre la promesa del regreso. Cuando el avión despega, rumbo a la incertidumbre, se sigue escribiendo otra historia, que pocos comentan: ¿Qué pasa con los que se quedan?.

    En la Venezuela petrolera, son pocas las opciones alimentarias: no solo vivimos una fuga de cerebros, los productos básicos parecen haber salido de viaje también. Las altas tasas de homicidios ahuyentan y las cifras de la inflación parecen una historia de terror: 180,9% en 2015, cifra que se elevará según el FMI a 700% en 2016.

    Con estas condiciones no es extraño que el talento decidiera tomar otro rumbo. Un estudio realizado por el sociólogo y profesor de la UCV, Tomás Páez, y otros venezolanos establecidos en otras partes del mundo, indica que de los venezolanos en el exterior un 90% tiene título universitario, 40% una maestría y 12% posee un doctorado.

    La inmigración de venezolanos aumentó 13% en 2015, con respecto al año anterior, en la hermana república colombiana según datos de la oficina de migración de dicho país. 7.307 coterráneos solicitaron asilo en Estados Unidos el año pasado. Una cifra que supera el 100% en comparación con el 2014 según los Servicios de Ciudadanía e Inmigración de norteamérica.

    Sin embargo existen quienes, por diferentes motivos, siguen apostando al país que tanto les ha dado. ¿Arraigo o apego? solo sus almohadas sabrán el más profundo motivo de su prolongada estancia, en una nación que se presenta poco acogedora para otros.

    Como en todo existe otra cara de la moneda. Estas son las historias, quizás poco contadas, de varios venezolanos que entendieron que en tiempos de crisis, buenos son los que hacen pañuelos.

    Perinola:
    Más que un juego, un emprendimiento que no le teme a la adversidad

    “Sólo Aquellos que siguen jugando, que siguen reservando espacio en sus vidas para el juego y para
    disfrutar la vida, sólo esos mantienen viva la alegría de vivir, el brillo en los ojos y la juventud en su corazón”.
    Rosetta Forner

    Helena Gil, comenzó su exploración profesional y empresarial entre telas y patrones. No precisamente para hacer pañuelos, sino delicados y eclécticos modelitos que enamoraron a las caraqueñas. Sus inventos caseros dieron como resultado una marca con todos los hierros. “Tenía 21 años, todavía estaba en la universidad. Conocía a una modista, que sigue trabajando conmigo, y con ella empecé a hacerme mi propia ropa”. La curiosidad que causaban sus piezas en la gente, le dio un preciado insight: Helena debía dedicarse a la moda.

    Entonces vino la necesidad de emprender y dar sus primeras pisadas dentro de la movida del fashion en Venezuela, que para aquel entonces (2010-2011) era un nicho competido. “Para ese momento se estaba formando una movida de emprendimiento en cuanto al diseño nacional. Por eso quise crear una marca con una identidad fuerte y de calidad incuestionable. Pasé un año preparando la colección y la estrategia de mercado y finalmente el primero de octubre del 2011 lancé Perinola HG”. Recuerda satisfecha.Helena-Gil---Perinola

    Las remembranzas le dejan un sabor agridulce, pues no todo es color, estampados y pasarelas. Su marca nació y creció en un panorama de crisis, pero esta joven empresaria supo sortear los obstáculos, esos que definieron los músculos de su emprendimiento: “Es mejor ocuparse que preocuparse. Si hemos salido adelante bajo estas circunstancias, sueño con claridad lo que podremos lograr cuando todo mejore. Además está la satisfacción de hacer las cosas bien, de generar bienestar a través de tu trabajo, de promover esperanza, entre otros efectos que se pueden lograr”.

    Es que Perinola es mucho más que moda. Este proyecto se desarrolló como parte de un compromiso social, bajo un modelo de producción cuyo objetivo es beneficiar a los núcleos de las trabajadoras, mejorando su calidad de vida y motivándolas a creer en sus capacidades. Una apuesta, desde su trinchera muy particular, al cambio. Y es que hasta el nombre es un guiño a la idiosincrasia del venezolano.

    “Espero que los que nos quedamos, podamos aguantar suficiente para ir abonando el terreno para el cambio. Considero que paulatinamente muchos irán regresando. Soy inevitablemente positiva aunque el fantasma de la emigración ha estado presente desde que comenzó este régimen. El amor por este país y la identidad nacional de mi familia ha sido tan fuerte que hemos apostado por quedarnos. Somos 23 primos y muy pocos se han ido”.

    Álvaro Pérez Kattar:
    La lucha detrás de un hashtag (#)

    Para los usuarios ávidos de redes sociales, la etiqueta #aquínosehablamaldevenezuela puede sonar realmente familiar. Lo que empezó en 2014 como método de catarsis muy personal, devino movimiento consolidado dentro y fuera del país. “La peor crisis que hemos vivido, es la crisis del optimismo. La queja y crítica constante que culpabiliza y juzga a Venezuela me duele mucho. Nunca pensé que al colocar esa etiqueta en mi cuenta de Instagram podría construir tanto”. Recuerda Álvaro.

    La partida de amigos y conocidos fue un golpe duro para este comunicador social. “Tengo una relación amor-odio con el tema de la emigración. Aunque se que a pesar del dolor que representa la partida de muchas personas queridas, mentes valiosas para el país, entiendo que regresarán cargados de información fresca, de una visión de mundo que será indispensable para reconstruir. Soy optimista”.
    Álvaro-Pérez-Kattar

    Esta última cualidad es tan escasa en el venezolano como la cesta básica. Por eso la valiosa labor de Pérez Kattar es más que un granito de arena. “Actualmente hay más de 40.000 fotos en Instagram que han sido compartidas usando la etiqueta #aquinosehablamaldevenezuela. Miles de emprendedores se han sumado a la campaña colocando el mensaje en sus establecimientos y dediqué un capítulo completo de mi primer libro ¿Optimista, yo?, para hablar de la evolución de este movimiento. Súmale el apoyo de la Cámara Venezolana de Centros Comerciales. Gracias a esta alianza, los establecimientos más grandes del país, como el Sambil, Tolón Fashion Mall, Centro Comercial San Ignacio, Metrópolis, Líder y el Llano Mall, se han unido al colocar estos mensajes en sus redes. Si hace un año me hubiesen dicho que esto iba a pasar, no lo hubiese creído”. Habla satisfecho.

    Este multifacético comunicador nos invita a experimentar el optimismo. Observar la realidad desde una perspectiva proactiva que invita a empoderarnos de lo que se puede lograr como individuos, a evaluarnos como ciudadanos y hacer con lo que se tiene, lo mejor. “Cada quien con lo que tiene, puede mucho más de que lo que cree. Entender eso, no es tan dificil”.

    Carlos Enrique Pérez:
    Turismo, un reencuentro con las raíces

    Carlos Enrique Pérez es un arquitecto enamorado de las tablas y de su país. No en vano esta pasión lo convirtió en guía turístico. Motivado por la ilusión del reencuentro con esos espacios que nos delimitan como venezolanos, nace SoyTuGuía, una empresa dedicada a ofrecer experiencias únicas y dar a conocer las razones que hacen de este país, un lugar especial. Un equipo de jóvenes expertos en turismo nacional, con estudios de arquitectura, urbanismo e historia, capaces de ofrecer recorridos en español, inglés, francés e italiano.

    Calique-Perez-Soy-Tu-Guia-Venezuela

    “En varias oportunidades tuvimos la idea y la oportunidad de emigrar. Este éxodo masivo es lógico y depende de la situación personal o profesional de cada quien. En nuestro caso ese impulso de seguir trabajando y luchando, porque es una lucha, aún sigue firme. Trabajar por las metas que nos propusimos en nuestro campo y crecer como emprendedores”.

    Carlos Enrique piensa que es ahora o nunca: “Si no lo hacemos ahora, lo harán otros por nosotros. O peor aún, nadie lo hará. Toda crisis genera cambio y el cambio es temporal. Si logramos superar esta situación, el crecimiento de nuestro emprendimiento será veloz y a pasos agigantados”.

    Cori Höher:
    El otro lado de la moneda también brilla

    No todo es pérdida cuando la madre patria despide a sus hijos. Existen casos de venezolanos triunfando en el extranjero que refrescan. Corina Höher es una artista caraqueña radicada en Miami. Su obra se basa en la investigación del color como fenómeno científico a través de la repetición geométrica.

    Su vuelo partió rumbo al extranjero hace una década. El motivo: la inseguridad que aún para aquel entonces flagelaba a algunos ciudadanos. “Dejarlo todo atrás fue una decisión muy difícil ahí estaba todo lo que conocía, todo lo que me formaba: mi familia, mis amigos, todo mi mundo”. El regreso era una idea recurrente, pero el agravamiento del panorama no permitió que la artista concretara esta meta tan personal.Corina-Hoher

    La supervivencia fuera de la pecera también es ruda: “Hace 4 años comencé a trabajar como restauradora de arte en un taller en donde he tenido la oportunidad de conocer a muchos grandes artistas y personas influyentes en el mundo del arte, este contacto directo me ha permitido dar a conocer mi discurso, dialogar con los grandes y pedir muchos consejos. Como a todos los que nos vamos sin querernos ir, he tenido un camino difícil y de muchísimo trabajo, estar lejos de la familia es la parte más dura. Entender lo que significa ser un inmigrante es imposible hasta que lo vives, nos toca atravesar obstáculos con destreza”.

    Tomar decisiones drásticas no es cosa fácil, mucho menos cuando hay tantos sentimientos de por medio. Irse o quedarse son ópticas particulares que cada quien evaluará según sus posibilidades. Lo importante es trabajar por un futuro que pinta arduo pero prometedor, sin importar cual sea la trinchera desde donde se divise. Dentro o fuera nadie podrá arrebatar ese sentimiento tan profundo que hace a cada individuo ser venezolano.


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    Entre la dieta de Maduro y la de Sascha Fitness. Por Mercedes E. Rojas


    Mercedes E. Rojas Páez-Pumar / @merce_rojas / Banca y Negocios

    Tener un cuerpo escultural o medianamente aceptable requiere esfuerzo, motivación, dedicación, fuerza de voluntad y horas de sudor en el gimnasio. Pero si además vives en territorio venezolano, vas a necesitar unos cuantos ceros en tu cuenta para lograrlo.

    Vivimos en un país donde la dieta de la mayoría de sus habitantes es directamente proporcional a la resistencia que estos tengan para aguantar interminables colas bajo el sol. El sueldo, el azar, la fe y una que otra amistad estratégica, también deciden lo que se sirve sobre la mesa.

    Los alimentos se turnan para hacer actos de escapismo de neveras y despensas y no es secreto para nadie que comer poco o comer “lo que hay” no es sinónimo de buena alimentación.

    Existen quienes en medio de este caos insisten en mantener o adoptar una vida “fit”. La escasez de ciertos productos que pueden consumir sin remordimiento y los elevados precios de otros alimentos de su particular dieta, hacen que la idea de pretender llevar este estilo de vida sea una locura comparable a la de consumir docenas de huevos crudos en ayunas.

    Pero, ¡alto!… Esta historia no tiene porque ser tan trágica. Para el ser humano no hay imposibles. Si aprendes a sortear los obstáculos, la meta podrá ser materializada. Eso sí, mientras te apegues a los métodos tradicionales del mainstream (gimnasios, entrenadores, proteínas, suplementos) será una meta que abrirá un agujero en tu bolsillo. Hay opciones para que puedas darle vuelta a la tortilla… de claras de huevo.

    Continúa leyendo y te daremos algunos consejos para ser fit sin endeudarte en el intento:

    La alimentación tiene un papel protagónico

    Buscar la ayuda de un profesional es un paso primordial para lograrlo y además una inversión que vale la pena. Evidentemente asistir a una consulta nutricional no hará que los precios de las merengadas proteicas disminuyan, pero podrás obtener la ayuda de un guía que asesorará tus decisiones y tus compras en el mercado.

    Andrea Castellanos es la cara detrás del proyecto “Your Diet Method”, un programa holístico personalizado y online, basado en el concepto de la bio-individualidad y que fue creado para conquistar un estado de salud óptimo. Andrea tiene un máster en dietética y nutrición y es especialista en pérdida de peso.

    Andrea-Castellanos

    Andrea Castellanos / @yourdietmethod

    La crisis y la escasez llegaron al consultorio de esta joven visionaria: “Desde enero se han reducido las consultas privadas a menos del 40% del promedio del año pasado. Nuestros pacientes están deprimidos, incluso muchos bajan de peso por la situación del país. Mantener una alimentación sana o “fit” es más complicado aquí que en otros países en los que encuentras y tienes acceso a absolutamente todo. No hay variedad en la oferta, ni poder adquisitivo y perdemos mucho tiempo en colas sin saber qué producto conseguiremos”.

    A pesar del desalentador panorama todavía quedan algunas soluciones: “Como siempre les digo a mis pacientes: ‘siempre hay una mejor opción’. Mi recomendación es mantener una dieta basada en lo que hay. Muchas frutas y verduras, hidratación y actividad física”.

    Carlos Rojas es un venezolano de 54 años que adoptó una dieta completamente vegetariana después de un viaje a India hace 2 años. No fue por necesidad, sino por convicción que decidió suprimir ciertos alimentos y es que en aquel entonces la crisis apenas mostraba sus raíces. Al principio logró burlar las escasez, su dieta no contemplaba los alimentos procesados, ni los lácteos, azúcares, aceites o harinas. “Sobre todo me afecta la parte económica, todo está excesivamente caro. Tengo problemas para encontrar arroz y me veo en la obligación de ponerme creativo. Sustituyo con trigo entero o cebada. Pero los precios me afectan como a cualquier otro venezolano”.

    Actividad física, más económica de lo que imaginas

    El venezolano tiene al gimnasio bien arraigado en su idiosincrasia. El pago de su mensualidad está en la lista de gastos prioritarios tales como la luz o el agua. No importa la clase social, si no pasas algunas horas al día entre máquinas y pesas, no estás en nada. Este es el ecosistema ideal para los amantes del fitness, el caldo de cultivo para el intercambio de tips, rutinas, dietas, bebidas vigorizantes y suplementos, el escenario perfecto para modelar lycras, músculos y prótesis.

    Sin embargo los incrementos periódicos de las tarifas han vaciado a estos establecimientos. Las clases que promueven el ejercicio cardiovascular sudan a media marcha y las ruidosas máquinas de pesas pasan las horas en silencio. La mensualidad promedio es de Bs 8.000,00, la mitad de un sueldo mínimo, en cualquier gimnasio que carezca de lujo y modernidad.

    Los ejercicios al aire libre pueden causar ansiedad, pues la inseguridad se desborda y el miedo se resguarda en la casa. Pero todavía hay espacios que puedes aprovechar. Busca lugares transitados, clases gratuitas en plazas, cerros, parques y siempre programate para hacer tu entrenamiento en horas del día. Comienza a buscar ejercicios que puedes hacer en casa y sigue las cuentas de experimentados coach, quienes comparten cientos de tips a través de sus redes sociales.

    Dieta-fitness2

    No te engolosines

    Comer sano supone un sacrificio y ya que estás dispuesto a hacerlo, podrías dejar de consumir algunos productos que se venden por precios desorbitantes. La chía, las harinas y lácteos especiales, las merengadas, los suplementos, los dulces libres de culpa, entre otros arruinarán tus finanzas del mes. No son indispensables, son un lujo.

    La situación aprieta por cada costado y los que deciden, valientemente, hacerle frente, deben divisar y esquivar cada obstáculo con fuerza, y no precisamente esa que se entrena en un gimnasio. El equilibrio entre mente y cuerpo es indispensable. ¿Se puede comer más sano en un país en donde algunos apenas pueden comer? Esta interrogante puede tener muchas respuestas y cada una surge de la realidad muy particular de cada individuo y su situación. Recortar aquí y allá y reajustar tus hábitos y rutinas es una buena manera de comenzar.


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