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lunes, 21 de octubre de 2019

María Corina Machado: Arrechos, ¡y con razón!


María Corina Machado / 2001

Sí, hay mucha rabia. El venezolano está harto de mentiras, descaro y excusas. Harto de que cuando hay Internet, no hay luz, y cuando hay luz, no hay Internet. Harto porque aunque baja el dólar, igual suben los precios. Arrecho porque la matraca se ha convertido en la humillante y cotidiana interacción con "el Estado"; ya hasta te "cobran" por cruzar la calle.

Se burlan de ti. Te engañan; unos y otros. Con su infinito cinismo, el régimen se sienta en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, "libera" como graciosa concesión a algunos presos políticos y se ufana de aumentar el sueldo mínimo de $2 a $13 al mes… Al mismo tiempo, una pseudo-oposición insiste en su pretensión de buscar "diálogos" para una supuesta transición, ya trastocada en cohabitación, en la que las mafias, que saquearon la nación, siguen en el poder.

En esta dinámica, ambos sectores buscan la normalización de la situación y el apaciguamiento colectivo a punta de hambre y miedo. Necesitan sembrar la desmoralización total, para que la gente se rinda, cierre sus negocios, y huya del país.

Para esto, se han dado a la tarea de difundir una narrativa que describe a la sociedad venezolana como cansada y derrotada, que condena a la economía venezolana a una mínima expresión, lo que le permite al régimen subsistir con solo su financiamiento criminal, el cual se ha hecho "inmune" a las sanciones externas. Además, banalizan la demanda de apoyo externo asegurando que no va a "haber una invasión" ni otra acción efectiva de fuerza para lograr lo que hoy aspira más del 90% del país: que Maduro y su régimen se vayan ya y "como sea".

La conclusión de estos agentes es simple: lo que ocurra en Venezuela va a depender de lo que decidan Trump, Castro y Putin; no hay nada más que hacer.

Si esto fuera verdad, por primera vez en nuestra historia, el futuro de Venezuela no estaría en nuestras manos, sino en la de actores externos. Y entonces recuerdo a Rómulo Betancourt en su respuesta a Fidel Castro cuando éste pretendió replicar aquí su revolución: "cuando Venezuela ha necesitado líderes, los ha parido". Y líderes hay aquí. Miles de venezolanos en nuestra tierra y alrededor del mundo, que hemos enfrentado a este sistema durante dos décadas; sin cuyos ideales, arrojo, coraje y sacrificio, no habríamos logrado sacudir al mundo y colocar a Venezuela como un asunto geopolítico prioritario.

La única vía, entonces, es que los ciudadanos retomemos el control de nuestro destino. Que dejemos claro a quienes están ejerciendo funciones de representación y a nuestros aliados extranjeros, que el compromiso que asumimos es preciso y no negociable: primero el cese de la usurpación, que dará pie a una Transición genuina, sin mafias en el gobierno, que hará posible una verdadera elección libre y competitiva.

La ruta para lograrlo está clara. Hay que cerrar definitivamente los sumisos diálogos de Oslo-Barbados, diseñados para preservar el statu quo, y avanzar en la construcción de la amenaza real e inminente basada en la articulación de las fuerzas internas y externas. Finalmente tenemos un instrumento poderoso para esto, el TIAR. La activación de este Tratado establece el marco para el despliegue de las acciones económicas, jurídicas, policiales y militares, concertadas y necesarias, entre los países que son los verdaderos aliados, porque son los más afectados.

Por eso, desde esta perspectiva, la elección de Venezuela al Consejo de Derechos Humanos de la ONU adquiere otra lectura. Sí, es una vergüenza que ratifica el cinismo de estos organismos. Sí, es una derrota diplomática del Gobierno interino y sus aliados. Pero al mismo tiempo, es una gran oportunidad; se ha reconocido el liderazgo regional de Brasil y demostrado inequívocamente que no es en la ONU donde se debe dirimir el apoyo internacional a nuestra causa.

La salida para Venezuela sí está en la conformación de una Coalición Internacional Liberadora, pero no la que pretenden controlar y manipular los criminales en la ONU, sino la que se está gestando en este hemisferio.

Esto requiere una interlocución con el liderazgo político, económico y social que genere confianza en los verdaderos aliados externos por su coherencia, firmeza e integridad y que escuche y asuma la urgencia de una sociedad arrecha y con mucha razón.

2019-10-19


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jueves, 20 de agosto de 2015

Elecciones en dictadura. Por María Corina Machado


María Corina Machado / Noticiero Digital

Venezuela enfrenta la más difícil encrucijada histórica desde que es República. Los próximos días serán decisivos para avanzar en la transición hacia la democracia en paz, y con un inmenso esfuerzo comencemos a reconstruir el país, superando la profundización del colapso institucional y económico que actualmente conlleva una crisis humanitaria de terribles consecuencias para todos los venezolanos, e incluso para los países vecinos.

Nuestra calidad de vida se deteriora cada día. La escasez de alimentos y medicinas básicas alcanza niveles críticos y la inflación devora el ingreso familiar. El sueldo mínimo, menos de $0,4 por día, alcanza apenas para comprar un kilo de papas o pagar el pasaje del transporte público suburbano a Caracas, el sistema de salud pública colapsó, la violencia está desatada. La tensión social se expresa en saqueos de vehículos que transportan alimentos y de los mercados en todo el país. La ONG Observatorio Venezolano de Conflictividad Social reporta, de enero a junio, 56 saqueos y 76 intentos. Pero solo en julio se han conocido más de 20.

Nicolás Maduro ha acelerado esta espiral destructiva con recientes medidas como la “expropiación” –realmente confiscación– de instalaciones de las fundamentales empresas Polar y Cargill, para almacenamiento y distribución de alimentos, necesarias para abastecer Caracas y sus alrededores; y la eliminación de las pólizas de seguro privadas en toda la administración pública, lo que causará, según la Asociación de Clínicas Privadas, el cierre del 70% de sus afiliados.

Maduro y su régimen son presa del monstruo fabricado por Chávez: un entramado de bandas en conflicto por sus parcelas de poder y negocios criminales, que hoy, ante la quiebra del país, se arrebatan lo que queda. Por eso, no pueden adoptarse las reformas económicas y políticas indispensables para apenas contrarrestar la debacle que padecemos. Los radicales procubanos rechazan que sea rectificada la política de control y dominio de la actividad privada, y las mafias que se benefician de los dólares regalados a Bs. 6,30 y revendidos a Bs. 700 en el mercado negro, defienden su tráfico.

Las elecciones parlamentarias previstas para el 6 de diciembre podrían representar una oportunidad decisiva para que podamos concretar la transición hacia la democracia en paz. Por eso, y ante el monumental desplome de su apoyo popular (más del 80% de los venezolanos quiere un cambio de régimen en paz), el gobierno se prepara para todos los escenarios: robar la elección, con la bendición de la Unasur y sin la incómoda presencia de las misiones electorales calificadas de la OEA y la UE; y, de no parecerle esto posible, generar un cuadro de violencia que lleve a la suspensión de las elecciones.

Ambos escenarios solo podrían ejecutarse desatando una generalizada represión popular. Para ello el país ha sido militarizado: fuerzas regulares y milicias controlan subestaciones eléctricas, centros de salud y hasta las interminables filas de consumidores en comercios y mercados.

Mientras tanto, en el plano electoral avanza un fraude continuado: a miles de jóvenes se les impidió inscribirse en el Registro Electoral, a los funcionarios se les acosa y hace creer que su voto no será secreto, se crearon más de 400 centros de votación en zonas de altísimo riesgo controladas por bandas armadas oficialistas, se usan de manera obscena para proselitismo los escasos recursos públicos, se modifican arbitrariamente los circuitos electorales, se confiscan judicialmente directivas de partidos políticos y se inhabilita políticamente a líderes opositores.

He sido víctima de esta práctica, que a juicio del secretario general de la OEA, Luis Almagro, es propia de las dictaduras. No les bastó con golpearme y fracturarme la cara en plena sesión de la Asamblea Nacional, expulsarme del Parlamento a la fuerza y sin respetar el constitucional antejuicio de mérito, prohibir mi salida del país, amenazar a mi familia y ofender mi honor a través de todos los medios de comunicación del Estado. Ahora también impiden que mis electores me reelijan, valiéndose para ello de una mentira grotesca sobre la supuesta omisión en mi declaración patrimonial de bonos de alimentación que nunca recibí, para inhabilitarme políticamente basados en una arbitraria medida administrativa de la contraloría.

Estos actos demuestran la desesperación del régimen, que habiendo provocado el colapso institucional, económico, social y moral de Venezuela, se sabe perdido, porque el pueblo no ha claudicado y hoy estamos más decididos que nunca a edificar una nación próspera, digna, justa y libre.

Los venezolanos necesitamos y esperamos la recíproca solidaridad activa de los pueblos y gobiernos democráticos de América Latina. Ningún gobierno democrático puede avalar un régimen que viola sistemáticamente los derechos humanos, que somete la sociedad a la mendicidad y que tiene demostrados vínculos con el crimen organizado y el narcotráfico.

De cara a las elecciones de diciembre, es indispensable que la presión internacional haga que Maduro acate la observación internacional electoral calificada de la OEA, que supervise el estricto seguimiento del proceso electoral, y no solo del acto de votación.

Los venezolanos no admitiremos, sumisamente, una nueva violación a la soberanía popular. Por nuestro bien y el de América Latina, todos debemos hacer respetar la voluntad y el derecho de los venezolanos a vivir en libertad.


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viernes, 10 de abril de 2015

Las firmas de Maduro para Obama. Por María Corina Machado


María Corina Machado / El Nacional

Dos trabajadores de la Corporación de Desarrollo de la Región Zuliana, fueron supuestamente despedidos esta semana, según denunció el secretario general de Fetrazulia. El dirigente sindical expresó que ello no se debió a faltas en sus responsabilidades o manejo irregular de los recursos de la empresa; su delito fue negarse a firmar la lista que Maduro ha ordenado recoger en contra de la orden ejecutiva del presidente Obama, que estableció sanciones a violadores de derechos humanos en Venezuela. Posteriormente, la corporación pública negó la versión de prensa, pero queda más que asentada la duda; ¿Habrán sido sólo dos los valientes?

Una campaña frenética y millonaria se ha desatado en el país; en los medios, en las oficinas públicas, en los cuarteles, en las plazas, incluso en las escuelas. Trabajadores de ministerios y gobernaciones son sometidos a la opción de firmar o perder sus empleos. En las oficinas de identificación, los ciudadanos que requieren pasaportes o cédulas de identidad, deben sumarse a “la lista” como requisito previo a recibirlos. En notarías y registros, una transacción tiene lugar antes de cualquier otra: su firma por delante. Los cuarteles no han resultado ilesos: soldados y oficiales han debido firmar para demostrar su “compromiso con la patria” o pasar a formar parte de otra sospechosa y riesgosa lista. La Ministra para los Servicios Penitenciarios “confesó” públicamente que los presos también firman en las cárceles. El extremo doloroso es la imagen de niños en edad preescolar, en línea, plasmando sus huellas dactilares…

Cruel ironía, ciudadanos amenazados de ser sancionados, si no firman en contra de las sanciones a violadores de derechos humanos. Una grotesca operación que en sí misma es la más elocuente demostración de la naturaleza del régimen venezolano; una masiva violación a la dignidad humana a plena luz del día y difundida ampliamente gracias a la “hegemonía comunicacional” del régimen.

Estos son “los testimonios voluntarios de millones de venezolanos”, que aprovechando la proyección que ofrece la Cumbre de las Américas, y en descarada violación a los principios de la OEA, Maduro pretende enarbolar como respaldo a la dictadura militarista y mafiosa que hoy está en el poder en Venezuela.

Crece la indignación en las calles de Venezuela; por la humillación que significa pasar horas en cola bajo el sol y la lluvia, por la exigencia de presentar la partida de nacimiento del bebé para poder comprar pañales, por la absurda restricción de un día de compra semanal según el último número de la cédula, por tener que permitir que te marquen el brazo con un número…por descubrir la magnitud del desfalco perpetrado contra los recursos públicos y la desfachatez con que lo exhiben.

Las firmas de Maduro para Obama provocan un repudio general: en quienes se resisten, al tener que sufrir las consecuencias, en quienes no han sido presionados, pero sienten dolor por sus conciudadanos humillados, y en quienes han firmado, contra su conciencia y voluntad, al saberse utilizados.

Paradójicamente, esta operación de Maduro demuestra su profunda debilidad: el régimen jamás obtendría este apoyo si no emplease terribles amenazas y chantajes contra una sociedad que vive todo tipo de penurias y que conoce bien lo que están dispuestos a hacer quienes están en el poder. Venezuela es hoy una sociedad ávida por conquistar un futuro de esperanza y oportunidades para todos, con justicia, paz, dignidad y libertad; una sociedad que lucha, que no se va a rendir, y que requiere la solidaridad de nuestros hermanos latinoamericanos.

Maduro se ha quitado la careta frente a la OEA. Está por verse si la OEA opta por ponérsela se nuevo.

*Artículo publicado en La Prensa de Panamá

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sábado, 14 de febrero de 2015

El acuerdo para la transición. Por María Corina Machado


Los venezolanos sabemos que ésta es nuestra tarea, y lo que tenemos que hacer

MARÍA CORINA MACHADO | EL UNIVERSAL

Los venezolanos sabemos hoy muchas cosas. Sabemos cuánto hemos perdido en estos 16 años, sabemos lo que ha robado la cúpula corrupta en el poder; sabemos de dolor, de humillación y de indefensión. También sabemos que este régimen colapsó y que el cambio es inminente. Sabemos que depende de nosotros, los ciudadanos, avanzar en la transición en paz hacia la democracia, y que esta lucha nos pondrá a prueba. A cada uno, al frente de su conciencia; y, en conjunto, ante la historia. Pero, sobre todo, sabemos que tenemos la fuerza cívica y la determinación colectiva necesarias para lograr nuestro propósito.

Sabemos que la reconstrucción de Venezuela demandará gran esfuerzo de todos. De quienes hemos adversado a este régimen desde el primer día y de los desencantados. De quienes luchamos en nuestra tierra y de quienes luchan desde lejos. De civiles y militares. De jóvenes y viejos, de pobres y ricos.

Transitar desde un país en ruinas, con sus instituciones, su capacidad productiva, su infraestructura y sus finanzas destruidas, hacia una nación vibrante, productiva, libre y justa, será un renacimiento complejo y delicado. Su elemento medular será la confianza.

Los venezolanos sabemos que ésta es nuestra tarea, y lo que tenemos que hacer. Venezuela requiere un histórico acuerdo nacional para la transición hacia la democracia, en paz. Un acuerdo que lleve a la reconciliación y la gobernabilidad; que asuma la atención efectiva de quienes hoy sobreviven con sueldos de hambre, que resuelva la escasez y la inseguridad que nos matan. Para ello es indispensable estabilizar la economía y desmontar los controles; restablecer el Estado de Derecho y rescatar la soberanía nacional. Amplios acuerdos para volver a institucionalizar el país; librarlo de las mafias y recobrar el orgullo venezolano.

Tenemos el conocimiento, el talento, la capacidad, la voluntad y la generosidad para enfrentar y superar la emergencia que vive nuestro país y hacer que la transición sea sostenible. Llamamos a todos los venezolanos a participar de esta gran tarea; a aportar sus ideas, experiencia, trabajo y pasión por nuestra patria.

Con la salida de Maduro y su régimen debe comenzar el cambio. Con el primer paso, su renuncia, se iniciará la transición hacia la democracia y la libertad.

@mariacorinaYA


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sábado, 3 de enero de 2015

De la debacle a la reconstrucción. Por María Corina Machado


Los dolores, sacrificios y logros de este año que termina son lecciones y energía

MARÍA CORINA MACHADO | EL UNIVERSAL

En 12 meses Venezuela es otra. En enero de 2014 el régimen alardeaba de los resultados electorales municipales y de su respaldo popular; lucía cohesionado, "guapo y apoyao". La sociedad venezolana se veía desconcertada, triste, paralizada. Dentro y fuera del país pocos creían en un cambio político en el corto plazo.

Comienza el 2015 con un régimen colapsado, sin gobernabilidad ni legitimidad. A lo interno, sus facciones están irreconciliablemente enfrentadas y los disidentes denuncian persecución. El mundo finalmente reconoce y denuncia el carácter dictatorial de un régimen que viola masiva y sistemáticamente los derechos humanos.

Maduro optó por profundizar las causas de la tragedia: mayor control de la economía y la sociedad; corrupción, censura y represión. Su ineptitud y falta de autoridad hacían imposible esperar una "rectificación", así sólo fuese cosmética. Ni la caída estrepitosa de los precios del petróleo logra que entienda su fracaso. El que sí lo entendió fue Castro; abandona el barco antes del naufragio.

Hoy, el drama económico ?obliga a las familias venezolanas a groseras e injustificables penurias para sobrevivir. Esta indignación se exacerba con la desfachatez de "los poderosos" robándose lo que queda.

El lamentable espectáculo de la "renovación" de los Poderes Públicos evidencia el grado de descomposición moral del régimen en su etapa terminal, y lo debilita aún más. Creer que sólo con diálogo político era posible un resultado distinto, es más que ingenuidad. Además de esta lección, este atropello arroja una consecuencia positiva: ahora nadie podrá cuestionar que enfrentamos una dictadura.

En 2014 los ciudadanos reaccionamos, nos encontramos en la protesta cívica y demostramos el poder del pueblo unido, en la calle, decidido a conquistar su libertad. Las poderosas razones para exigir la salida a la crisis que motivaron la histórica movilización de 2014, han crecido en una mayoritaria y profunda conciencia sobre lo urgente e inevitable del cambio de régimen.

Así empezamos el 2015: frente a la inminencia del cambio. Los dolores, sacrificios y logros de este año que termina son lecciones y energía para concretar la transición a la democracia e iniciar la reconstrucción de nuestro país.

@mariacorinaYA


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sábado, 6 de diciembre de 2014

La transición ya comenzó. Por María Corina Machado


No tengamos miedo. Estamos muy cerca de lograr nuestro propósito

MARÍA CORINA MACHADO | EL UNIVERSAL

La fiscal enumera mis "culpas y violaciones" a la Constitución y a las leyes. Intento concentrarme en sus palabras, pero me atrapa su semblante. Pienso en su familia, ¿tendrá hijos? ¿Sabrán lo que está haciendo su mamá? Dentro de poco tiempo, ¿cómo podrá justificar estas acciones? Las voces de la calle penetran en el despacho. Es la dignidad frente a la infamia; la dignidad que sube 8 pisos, la de los empleados públicos que se escabullen de sus oficinas y se une a la de los vecinos de la Candelaria, a la de los estudiantes, a la de mis colegas diputados. Mi agradecimiento y total admiración.

En ese instante, se afianza mi convicción de que Venezuela transita ya hacia la Democracia. La brutal escalada represiva demuestra la debilidad de un régimen que sabe que fracasó; que está derrotado. En su momento, Chávez propaló, entre otros mitos, dos: hacia adentro del país, que su salida sería regresar al pasado; hacia fuera, que su salida causaría el caos. Maduro ha demolido ambos mitos: es el caos y es el pasado.

Por eso hoy, -opositores y oficialistas-, conscientes de que Maduro ni quiere ni puede cambiar, queremos que se vaya. Su renuncia es un clamor creciente, y es la vía constitucional más expedita para la transición a la democracia en paz.

Reitero mi confianza y estímulo a los estudiantes, que han probado su conciencia y valentía; a las víctimas de la represión, presos, torturados, exiliados, a quienes reconocemos su heroica contribución; a los empleados públicos, a quienes liberaremos de la coacción; a los disidentes del oficialismo, hoy también perseguidos, porque nos encontraremos en la reconstrucción del país; a los ciudadanos soldados, con quienes nos comprometemos a recuperar la institucionalidad y el respeto a las Fuerzas Armadas Nacionales (FAN); a la mujer: madres, abuelas, esposas, hijas. A mis tres hijos, fuerza, sé que ustedes entienden.

El miedo que pretenden sembrar en el pueblo es confesión de debilidad. No tengamos miedo. Estamos muy cerca de lograr nuestro propósito: una Venezuela próspera, segura, libre, democrática. Huir, callar, claudicar, no son opciones. Nuestra única opción es luchar. Y prepararnos para la reconstrucción de Venezuela.

@mariacorinaYA


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miércoles, 17 de septiembre de 2014

La victoria impostergable. Por María Corina Machado


Este régimen está en su nivel de mayor debilidad y flagrante ilegitimidad. El caos económico y social inminente hay que convertirlo en organización y fuerza para el cambio político

Por María Corina Machado / La Verdad

Para reconstruir nuestra nación, es indispensable el cambio del régimen, y para ello, construir una formidable e inédita organización social, que enfrente y derrote, democráticamente, la dictadura que desgarra a Venezuela.

La destrucción se acelera cada hora: cierran empresas, explota la crisis de salud, se asfixia la prensa libre, aumenta la represión. Cada día mueren decenas de venezolanos por balas o de mengua. Sus madres entienden la urgencia del cambio. Maduro no va a generar empleos, acabar con los controles, ni dejar de expropiar. No va a liberar a los presos políticos. No va a rescatar nuestra soberanía nacional ni a enfrentar las mafias que proliferan en todo el país. No va a acabar con la violencia, la pobreza, ni la escasez. Hay que detenerlo. Como Maduro ni quiere, ni puede cambiar sus políticas, hay que cambiarlo a él y a su régimen.

Combatir una dictadura exige enfrentarla todos los días, en todos los planos de la lucha democrática. No es concebible limitar esa lucha a la agenda electoral que el propio régimen establece. Menos aún en sus condiciones. Ni Rómulo, ni Gustavo Machado habrían concebido, en diciembre del 57, postergar la derrota de la tiranía hasta la siguiente contienda electoral, convocada por Pérez Jiménez.

Este régimen está en su nivel de mayor debilidad y flagrante ilegitimidad. El caos económico y social inminente hay que convertirlo en organización y fuerza para el cambio político.

Nunca más vigente Alberto Carnevalli: “… el pueblo no tiene armas de guerra porque siempre confió ingenuamente en que las armas de los cuarteles eran para defenderlos y ahora están siendo empleadas en su contra…la gran tragedia política que entristece a la nación no permite plantearse el dilema simplista de combatir con armas o no combatir… el patriótico reclamo nacional está concebido en otra forma inexorable: si no combatimos ahora hasta triunfar el pueblo será esclavizado ignominiosamente por tiempo indefinido… el pueblo tiene que combatir con sus propios recursos, los interminables recursos de la acción de masas. Somos la mayoría de la nación, somos todo un pueblo.”

La victoria es impostergable e ineludible. Luchando por ella correspondemos con el mandato de la patria.


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sábado, 30 de agosto de 2014

Ahora compramos petróleo. Por María Corina Machado


Vamos a reconstruir Venezuela. Requerirá potenciar la industria petrolera con grandes inversiones

MARÍA CORINA MACHADO | EL UNIVERSAL

Lo lograron. El país con las mayores reservas de petróleo del mundo ahora importa petróleo. Arruinaron el agro y la pesca, las industrias, la producción de café, de cemento, el turismo, el acero. Todo lo que toca este régimen colapsa. Solo quedaba el petróleo.

También arruinaron Pdvsa. Las cifras operativas (*) lo sentencian: entre 1998 y 2013 la producción cayó de 3,5 millones de barriles diarios (MMb/d) a 2,6; mientras los gastos operativos anuales subieron de 5,500 a 23,000 MM$, el costo promedio por barril de 4 a 24$. El petróleo que exportamos pasó de 3 a 1,8 MMb/d.

Los resultados financieros alarman. En 1998 Pdvsa tenía una deuda mínima, hoy es superior a 43.000 MM$. El ingreso neto en 2013 fue solo 34.000 MM$. Con el nivel de producción y consumo interno de 1998, debería haber sido 109,500 MM$, es decir, "evaporaron" 75,000 MM$ de ingresos anuales. Indigna calcular cuántos hospitales, universidades, carreteras, puertos y viviendas podrían existir hoy con estos recursos. Tendríamos una Venezuela sin deuda y con ahorros.

Ahora, por primera vez en la historia, Pdvsa importa petróleo. Del crudo liviano que traerán de Argelia para mezclar con nuestro crudo extrapesado de la Faja, tenemos en Venezuela muchas "reservas probadas no desarrolladas" similares. Han asignado a dedo 63 campos desde 2010, sin resultados. Tampoco se ha invertido en un solo mejorador para procesar el crudo pesado. Esta importación no tiene excusa.

El desastre de Pdvsa tiene otros alcances. En Las Piedras, otrora próspero pueblo de pescadores en Falcón, los barcos de pesca ahora solo trabajan de noche, dedicados al contrabando de gasoil, de las refinerías a alta mar, con la complicidad de civiles y militares. A lo que hemos llegado: compran petróleo a precio internacional y sacan gasolina de contrabando. Las mafias se han apoderado de Pdvsa y del país. Han violado nuestra soberanía, entregado el territorio, arruinado el país, hipotecado nuestro futuro. Es nuestra obligación detener esta debacle.

Vamos a reconstruir Venezuela. Requerirá potenciar la industria petrolera con grandes inversiones, reglas claras, eficiencia y probidad. El rescate de Pdvsa es indispensable y urgente; ello comenzará tan pronto logremos el cambio del régimen.

(*) Estimados de Ramón Espinasa

@mariacorinaYA



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sábado, 7 de junio de 2014

"Asesina". Por María Corina Machado


Tanta mentira y cinismo producen repulsión en una sociedad honesta y trabajadora

MARÍA CORINA MACHADO | EL UNIVERSAL

La sentencia salió de Miraflores. Sin pruebas, sin juicio, sin defensa. He sido condenada por quienes están en el poder y por quienes les ordenan desde La Habana. Intentaron callarme con golpes en el Parlamento, despojarme de mi inmunidad, ahora aniquilarme moral y físicamente. Me han acusado falsamente de terrorismo por revelar la tragedia de Amuay, de traición a la patria por denunciar en la Organización de Estados Americanos (OEA) la violación de Derechos Humanos, y ahora de magnicidio por apoyar el histórico movimiento social de protesta que ha emergido en Venezuela. Es una persecución política sistemática basada en mentiras.

Maduro y su régimen se creen intocables, se consideran más allá de la ley y de la justicia, y por eso atropellan ciudadanos. Me condenan con "pruebas" obviamente fabricadas. Me difaman y por su incitación al odio, recibo hoy amenazas contra mi vida y la de mis hijos.

Jamás en la historia de Venezuela un hombre desde Miraflores, usando todo el poder del Estado, había descargado su furia contra una mujer. Creen que un castigo "ejemplarizante" callará a las madres venezolanas que claman por justicia en los tribunales y en las morgues, por leche en los mercados, por la vida de su hijo en un hospital paupérrimo. Creen que callarán a las estudiantes que encabezan las protestas, a las periodistas que desafían la censura, a las maestras que combaten el Decreto 058, a las madres de Geraldine, de Sairam, de Juan Manuel. Se equivocan; 15 años de lucha ciudadana ejemplar y el admirable movimiento de protesta cívica han dejado claro que no doblegarán al pueblo de Venezuela.

El régimen está desesperado; el colapso económico, institucional y moral ha arrastrado el apoyo político que heredaron. Tanta mentira y cinismo producen repulsión en una sociedad honesta y trabajadora que anhela desesperadamente avanzar por una ruta a la libertad y a la dignidad y sabe que llegó la hora de enfrentar esta dictadura para lograr un cambio de régimen por una vía constitucional, democrática, pacífica y electoral; lo antes posible. Sr. Maduro, escúcheme bien: ni magnicidio ni golpe de Estado: renuncie. Renuncie porque está destruyendo la patria.

mariacorina@mariacorina.com @mariacorinaYA



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sábado, 5 de abril de 2014

Renuncie. Por María Corina Machado


Los Castro ya entendieron que los venezolanos lucharemos hasta conquistar la democracia...

MARÍA CORINA MACHADO | EL UNIVERSAL

Salgo del Congreso de Brasil, emocionada por ejercer el deber y el honor de hablar, como diputada, en nombre de todos los venezolanos. Coincidía con un homenaje a parlamentarios que hace 50 años la dictadura había expulsado del Congreso, acusados de "traición a la patria por haber criticado a su país en el exterior". Esto pudo influir en el entusiasmo con que los diputados, de pie, gritaban: "Venezuela", "democracia", "valientes" y "libertad", al retirarme de la plenaria.

La operación del régimen para impedir que el mundo conozca sus crueles violaciones a los DDHH, a la soberanía popular y a la libertad de expresión, ha sido costosa e inútil. Parlamentos, periódicos y hogares de todos los continentes llaman al régimen venezolano como lo que es: una dictadura.

Hasta hace dos meses, el régimen hizo creer que nos habíamos resignado. Venezuela despertó. Las órdenes cubanas de reprimir toda "candelita", con la furia criminal de bandas paramilitares, la PNB y la GNB, provocaron mayor indignación y energía para el movimiento cívico más amplio y profundo de nuestra historia. El régimen cruzó una línea roja y ahora, para los actores extranjeros, la indiferencia es complicidad.

Un pueblo está en la calle decidido a avanzar, irreversiblemente y sin demora, en la transición hasta la democracia. Un país que exige un cambio, no sólo de políticas o de gobernantes, sino en los valores, en el modelo de sociedad y que está decidido a hacerlo por las vías democráticas que contempla la Constitución. Por ello, no admitiremos un nuevo engaño con un llamado a diálogo que pretenda desmovilizar la protesta o aparentar legitimidad. En cuanto a los poderes públicos, rechazamos la oferta de cuotas para maquillarlos. Se impone la recomposición total del CNE, la Fiscalía General, la Defensoría del Pueblo y la Contraloría, sólo para empezar.

Hace dos años, en carta pública a Fidel Castro, le dije: "Cdte. Castro, deje de intervenir en los asuntos internos de Venezuela. Hágalo de buen grado o las fuerzas democráticas de Venezuela se lo haremos entender como hace 50 años". Los Castro ya entendieron que los venezolanos lucharemos hasta conquistar la democracia, la soberanía nacional y la libertad. Como diputada y ciudadana, le digo, Sr. Maduro: ha llegado la hora de que Ud. también lo entienda: Renuncie

@mariacorinaYA



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